"La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Ir abajo

"La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:23 pm

DISCLAIMER: "Esta historia no me pertenece a mí, todos los personajes le pertenecen a (Autor) y yo solo los utilizo sin fines de lucro.fines de lucro".

Sipnosis
Camille Black, es una niña de diez años, como cualquier otra, bueno, excepto porque vive en un orfanato, y que al parecer es una bruja... Así es, un día recibe una carta invitándola a Hogwarts, escuela de Magia y Hechizeria, dándole a su vida un giro brusco.
Allí conoce a Hermione Granger, a Ron Weasley y su gran familia, y más importante, a Harry Potter, el famoso salvador del mundo mágico.
Año tras año sobrellevan una aventura diferente, cada una más peligrosa que otra; a interrogantes aun más difíciles, y lo que es peor aun, a amores y desamores plagados de confusiones y peleas, así como de dulzura y cariño.
Y todo la llevará a una complicada decisión al tiempo que se enfrenta a su desconocido padre, su amigo indeseado, al mismísimo Señor Tenebroso, y a Harry, su gran amor...


¡Bien! Por fin pude armarlo, confieso con vergüenza, que la sinopsis (escrita, porque en mi cabeza estaba), fue lo que más me costó, pero aquí la tienen.


Última edición por Camille Black el Sáb Ago 18, 2012 9:39 pm, editado 2 veces

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:24 pm

Cap. 1 “La carta”
Primero permítanme presentarme, mi nombre es Camille Black.
Tengo diez años de edad, aunque el agosto 4 cumpliré mi onceavo año de vida.
No tengo mucho que decir de mí… Vivó en un orfanato desde que recuerdo. Es algo frustrante que nadie decida adoptarme, debo tener algún defecto, aunque yo aún no lo noto… Mis ojos son de una tonalidad azolácea, mi cabello es castaño, con abundantes bucles a partir de la oreja. Claro que el que me elijan va más allá de mi apariencia, pero aun así no lo entiendo… soy bastante inteligente para mi edad, ya que estudiar es parte de mi naturaleza, y no pueden decir que soy malvada, pero… Como sea…
Todo comenzó un 10 de julio. Yo estaba sentada en columpio, mirando al resto jugar. Ese era otro tormento, nadie se acercaba a mí porque decían que yo era rara, aunque admito que usualmente a mí alrededor suceden cosas “extrañas” pero no es para exagerar.
En ese momento una de las mujeres a cargo se acercó a mí con un sobre en las manos.
-¿Camille?- llamó.
-¿Qué sucede Mrs. Cole?-
-Tienes correspondencia…- dijo tan sorprendida como yo, entregándome un sobre elegante. Se alejó, y leí:
Señorita C. Black
Orfanato “Sunrises”
Kennington
Londres, Inglaterra.


Curioso… murmuré, y sustraje la carta que decía:

“COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA

Director: Albus Dumbledore
(Orden de Merlín, Primera Clase,
Gran Hechicero, Jefe de Magos,
Jefe Supremo, Confederación
Internacional de Magos).

Querida señorita Black:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el
Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista del equipo y los libros
Necesarios.
Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del
31 de julio.

Muy cordialmente, Minerva McGonagall
Directora adjunta.”
¿Acaso era un chiste? Y si así lo era, estaba muy bien hecho…
Retiré la otra carta:
“COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA

UNIFORME
Los alumnos de primer año necesitarán:

— Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).
— Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
— Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).
— Una capa de invierno (negra, con broches plateados).

(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)

LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
— El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.
— Una historia de la magia, Bathilda Bagshot.
— Teoría mágica, Adalbert Waffling.
— Guía de transformación para principiantes, Emeric Switch.
— Mil hierbas mágicas y hongos, Phyllida Spore.
— Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.
— Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.
— Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin
Trimble.

RESTO DEL EQUIPO
1 varita.
1 caldero (peltre, medida 2).
1 juego de redomas de vidrio o cristal.
1 telescopio.
1 balanza de latón.

Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.

SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS DE PRIMER AÑO NO SE
LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.”


Debía de ser una broma, de seguro…
Durante minutos mi mente quedó en blanco… ¿Yo, bruja?
Tal vez eso explicara los sucesos extraños a mi alrededor, pero… ¡Era demasiado raro!

Al día siguiente le mostré la carta a la dueña del lugar, era una señora amable, de unos 50 años, con sonrisa jovial y dulce, llamada Elizabeth Honey. Ella se lo tomó a pecho, y me apoyó a que lo creyera., pese a mis insistencias de que un loco me acosaba con bromas pesadas.
A mediados de agosto me acompaño al centro de la ciudad, para comprar lo necesario. Luego de una intensiva búsqueda (y de perseguir a personas de extrañas vestimentas coloridas), encontramos un lugar llamado “El caldero chorreante”, allí un anciano amistoso, nos indicó como llegar a un llamado “callejón Diagon”. Tuvimos que golpear un ladrillo en el pequeño patiecillo del fondo, ¿Increíble, no? Y fue como si algo nos arrastrara por los aires, hasta dejarnos intactas en una especie de mini ciudad, plagada de personas de túnicas de toda la variedad de colores imaginables.
Quedé estupefacta, escobas barriendo por sí solas, teteras sirviendo sin nadie al mando… Fantástico…
Tuvimos que ir a un banco llamado Gringotts para cambiar el dinero, por el mágico, ya que al parecer para los magos el dinero “muggle” (así lo llamaron), no tenía valor para ellos. Mrs. Honey prefirió quedarse esperándome allí, ya que había quedado mareada cuando fue en búsqueda de su dinero (¡Así es! Ella sabía sobre la magia, ya que su madre era bruja, y tenía una cuenta a su nombre. ¡IRREAL!).
Conseguí todo lo necesario, solo faltaban los libros y la túnica.
Cuando llegué, (mediante indicaciones) a “Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones”, salía un muchacho rubio con cara de molestia, quien al verme quedó paralizado un segundo, para luego retomar su camino.
Cuando entré, me recibió una bruja sonriente y regordeta, vestida de color malva.
- Hola dulzura, ¿Hogwarts, no es así?- asentí tímidamente –acompáñame, en este momento hay alguien que también es de la escuela- me dijo guiándome al fondo del local. Allí, un niño de cabello azabache, con gafas negras cubriendo unos grandes ojos verdes, y una rara cicatriz en la frente en forma de rayo, se probaba una túnica negra.
-Aguarda aquí un segundo…- dijo Madame Malkin luego de tomar mis medidas. Me acerqué al muchacho, quien aún no me había visto.
-Hola- dije en voz baja. Volteo y durante un segundo también quedó paralizado. ¿Qué le pasaba a la gente hoy?
-Ho-hola- tartamudeó.
-¿Tú también eres nuevo en esto?- pregunté mirando a mi alrededor.
-Así es- dijo ahora menos cohibido-. Hasta hace unos días no tenía idea de que esto existía- sonreí, a mí me sucedía lo mismo.
-Yo tampoco, me sorprendió mucho…- dije yéndome un tanto a mis pensamientos y nervios.
-A propósito- agregué-, ¿Cómo te llamas?-
-Harry… Harry Potter…- dijo dudoso y algo apenado.
-Un placer Harry, mi nombre es Camille Black- dije afectuosa, feliz de que por primera vez no me veían como “la rara”…
El me devolvió la sonrisa aliviado, ¿de qué? No lo sé, tal vez estaba tenso…
Segundos después apareció Madame Malkin, y Harry se fue, luego de haber comprado un par de túnicas.
Cuando conseguí todo, fui al encuentro de la señora Honey, y volvimos al orfanato.
La espera para el 1 de septiembre sería larga…

Comenten, comenten ^^

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:27 pm

Cap. 2 “Hogwarts”
El tiempo pasó, y por fin llegó el día. La señora Honey no podía acompañarme, ya que estaba enferma, así que me dio su confianza para ir sola.
Una vez en King Cross, con mi baúl, y mi lechuza gris con alas blancas (llamado Wiggins) en un carro, buscaba desesperadamente el andén 9 ¾, ¡pero no existía!
Estaba parada entre el andén 9, y el 10, buscando como una idiota alguna señal de la plataforma que hasta ahora no aparecía… Hasta que vi una cabeza conocida.
Era Harry, el muchacho de la tienda de Madame Malkin. Estaba tan perdido como yo, así que me acerqué a él.
-¡Harry!- saludé. Cuando me vio, lo noté menos tenso.
-Camille, ¿Sabes dónde está?- entendí a qué se refería.
-No, de hecho esperaba que tú supieras…- confesé con pena. Pero en ese momento, una larga hilera de cabezas pelirrojas paso por al lado nuestro.
-¡Deprisa Ron! ¡Fred, deja de molestar a tu hermano!
Una ajetreada señora gritaba dando indicaciones. Con ella iba un hombre, de seguro su esposo, una niña algo más pequeña que yo, un niño con cara de nervios, tal vez de nuestra edad, dos muchachos mayores, que eran completamente iguales y finalmente otro con aspecto serio, que ayudaba a su madre. Estos últimos cuatro, también tenían carros, por lo que deduje iban a Hogwarts.
-Parecen ir a Hogwarts también- señale a Harry.
-Tienes razón, mejor que les preguntemos…-
Y dicho esto se acercó a la mujer, y amablemente le preguntó por el andén 9 ¾.
-Oh, descuida cielo, solo debes cruzar esa pared, puedes ir con Ron- señalo al muchachito más pequeño- y tú conmigo- me dijo sonriendo- cariño, ve con Ginny- pidió a su esposo, entregándole a la entusiasmada niña.
-Bien, Percy, ve primero- y entonces el mayor atravesó como si nada la pared en medio de ambas estaciones, o eso pareció, ya que al segundo no estaba más.
-Ahora ustedes, Fred- dijo a uno de los gemelos.
-¡Soy George mujer!- reprochó- ¿Y tú te haces llamar nuestra madre?
-Lo siento cariño...
-No, era broma, si soy Fred- y junto a su hermano caminaron hasta desaparecer.
-Ahora vayan ustedes- le indico a Harry, y así lo hicieron.
-Bien, vamos- me avisó, y a continuación traspasamos corriendo la pared.
Fue como una ventisca fuerte, y al segundo ya estaba, según un rotulo, en el andén 9 ¾ donde un tren escarlata esperaba. Harry y el joven llamado Ron esperaban de aquel lado.
Subí al tren, y busqué un vagón vacío, hasta que al fin hallé uno.
Rato después apareció Harry.
-¿Puedo sentarme aquí?- preguntó tímidamente.
-Claro.- asentí sonriente. Entonces me paré a guardar mi baúl en el compartimiento, junto a él, pero eran demasiados pesados. Entonces apareció uno de los gemelos.
-¿Quieren que los ayude?- preguntó.
-Sí, por favor -jadeó Harry.
-¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!
Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry finalmente quedó en un rincón del compartimiento, y luego el mío junto.
-Gracias- dijimos los dos. Harry se sacó el pelo húmedo de la frente.
-¿Qué es eso? -dijo de pronto uno de los gemelos, señalando la brillante cicatriz de Harry
-Vaya- dijo el otro gemelo-. ¿Eres tú...?-
-Es él -dijo el primero-. Eres tú, ¿no? -se dirigió a Harry.
-¿Quién? -preguntó él. Yo estaba tan confundida como cuando recibí la invitación a Hogwarts.
-Harry Potter -respondieron a coro.
-Oh, él -dijo Harry-. Quiero decir, sí, soy yo.
Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry se ruborizó, pero, ¿Qué tontería era esta? Él era Harry Potter, ya lo sabía, pero y qué, ¿Qué misterio guardaba…?
Entonces, para alivio de Harry, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.
-¿Fred? ¿George? ¿Están ahí?
-Ya vamos, mamá.
Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón.
Harry se sentó al lado de la ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían, me senté a su lado, sin reproches de su parte. La madre acababa de sacar un pañuelo.
-Ron, tienes algo en la nariz.
El menor de los varones trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.
-Mamá, déjame -exclamó apartándose.
-¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? -dijo uno de los gemelos.
-Cállate -dijo Ron.
-¿Dónde está Percy? -preguntó la madre.
-Ahí viene.
El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y noté que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P.
-No me puedo quedar mucho, mamá –dijo-. Estoy delante, los prefectos tenemos dos compartimientos...
-Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? -dijo uno de los gemelos, con aire de gran sorpresa-. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.
-Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo -dijo el otro gemelo-. Una vez...
-O dos...
-Un minuto...
-Todo el verano...
-Oh, callense -dijo Percy, el prefecto.
-Y de todos modos, ¿por qué Percy tiene túnica nueva? -dijo uno de los gemelos.
-Porque él es un prefecto-dijo afectuosamente la madre-. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.
Besó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.
-Ahora, ustedes dos... Este año se tendrán que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que han hecho... estallar un inodoro o...
-¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.
-Pero es una gran idea, mamá. Gracias.
-No tiene gracia. Y cuidad de Ron.
-No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.
-Cállate -dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.
-Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren?
Harry se agachó rápidamente para que no lo descubrieran, y yo lo imité sin saber por qué.
-¿Se acuerdan de ese muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Saben quién es?
-¿Quién?
-¡Harry Potter!
Oí la voz de la niña.
-Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!
-Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?
-Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.- observé que Harry tocaba su frente.
-Pobrecillo... No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...
-Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?
La madre, súbitamente, se puso muy seria. ¿A qué se refería?
-Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.
-Está bien, quédate tranquila.
Se oyó un silbido.
-Dense prisa -dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.
-No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.
-Y un inodoro de Hogwarts.
-¡George!
Y cuando el tren se puso en marcha, Harry volvió a su lugar, y yo también.
-¿Qué fue eso? ¿A qué se refieren con Quien-Tu-Sabes-Quién?- él estaba a punto de abrir la boca, cuando la puerta se abrió, dando paso a un Ron molesto.
-Me las pagaran…- susurro para sí. Cuando se percató de nuestra presencia, dijo nervioso:
-Lo siento… ¿Interrumpo algo?- se notaba apenado, y a punto de irse. Yo estaba por decir que si, cuando Harry me ganó diciendo que no, e invitándolo a sentarse.
-Hola, soy Ron Wesley- se presentó, aunque ya lo teníamos por sabido.
-Yo soy Camille Black- y de repente su cara se tornó blanca.
-¿Eres hija de Sirius Black?- bajé la mirada.
-De hecho, no lo sé, no conozco a mis padres…
-Oh, lo siento…- y cambió de tema rápidamente -¿Y tú quién eres?- preguntó a Harry.
-Eso mismo quiero saber yo…- susurré.
-Soy… Harry, Harry Potter…- contestó con timidez. Y el niño abrió los ojos como platos.
-¿¡Harry Potter?! ¡Tú venciste a Tu-Sabes-Quién!- exclamó asombrado, y Harry se sonrojo. Así que se trataba de que él “venció a alguien”…
-Un momento- interrumpí -¿Quién es Quien-Tu-Sabes-Quien?- Ron me miró incrédulo.
-Es el mago más tenebroso de todos los tiempos…
-¿Cómo se llama?
-Voldemort…- dijo Harry al ver que Ron no tenía intención de responder. El pobre casi se desmaya cuando este dijo aquel nombre.
-No lo repitas, por favor…
-Pero, ¿Qué sucedió? ¿Cómo lo venciste?- insistí, y el pelirrojo continuó con lo suyo
-Este... este mago, fue uno de los peores… Sucedió que, Hace unos veinte años, comenzó a buscar seguidores. Y los consiguió. Algunos porque le tenían miedo, otros sólo querían un poco de su poder, porque él iba consiguiendo poder. No se sabía en quién confiar, uno no se animaba a hacerse amigo de magos o brujas desconocidos... Sucedían cosas terribles. Él se estaba apoderando de todo. Por supuesto, algunos se le opusieron y él los mató. Horrible. Uno de los pocos lugares seguros era Hogwarts. Hay que considerar que Dumbledore era el único al que Quien-tú-sabes temía. No se atrevía a apoderarse del colegio, no entonces, al menos.
Ahora bien, sus padres eran la mejor bruja y el mejor mago que había por ese entonces.-hizo señas con la mirada a Harry- Supongo que el misterio es por qué Quien-tú-sabes nunca había tratado de ponerlos de su parte... Probablemente sabía que estaban demasiado cerca de Dumbledore para querer tener algo que ver con el Lado Oscuro.
Tal vez pensó que podía persuadirlos... O quizá simplemente quería quitarlos de en medio. Lo que todos saben es que él apareció en el pueblo donde ellos vivían, el día de Halloween, hace diez años. Tú tenías un año. –Señaló al moreno- Él fue a su casa y...- incapaz de continuar, temiendo de dañar a Harry, quien termino la frase fue el afectado:
-Y los mató…
-Así es, pero cuando trató de matarte a ti, el hechizo rebotó, y le dio a él, debilitándolo mucho, tanto que desde ese entonces nadie volvió a verlo… Eres nuestro salvador, ¿Sabes? Mi madre me contaba esta historia siempre antes de ir a dormir- dijo entusiasmado y terminó riendo. Era asombroso, Harry era un héroe reconocido en el mundo mágico…
-Wow, es increíble, Harry- comenté, y en ese momento una niña de pelo rizado y castaño entró al compartimiento.
-¿Han visto una rana? Neville perdió una- agregó rodando los ojos.
-No, no hemos visto ninguna- respondió Harry. Al verlo, la chica palideció.
-¡Harry Potter! ¡Es increíble que seas tú!- gritó emocionada.
Oh, ya entendía al pobre, ir a todos lados y que la gente grité tu nombre por los aires, re narrándote tu vida… Nada agradable…
Él sonrió un poco y bajó la mirada.
-Lo sé todo sobre ti, apareces en muchos libros, Harry- continuó sentándose a mi lado.
Continuamos hablando un rato largo, hasta que alguien irrumpió en el vagón.
Eran tres muchachos, reconocí al del medio, que era el rubio de la tienda de túnicas.
-¿Es verdad? –Preguntó mirando a Harry-. Por todo el tren están diciendo que Harry Potter está en este compartimento. Así que eres tú, ¿no?
-Sí. -respondió Harry. Observé a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecían guardaespaldas.
-Oh, éste es Crabbe y éste Goyle -dijo el muchacho pálido con despreocupación, al darse cuenta de que los miraba-. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy- dijo tanto para Harry, como para… ¿Mi?
Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultando una risita. Draco (Dragón) Malfoy lo miró.
-Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pueden mantener.
Eso había sido muy grosero e innecesario.
Se volvió hacia Harry.
-Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.
Extendió la mano, para estrechar la de él; pero Harry no la aceptó.
-Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los indebidos, gracias –dijo con frialdad. Involuntariamente sonreí hacia la humildad de Harry.
Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas.
-Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter -dijo con calma-. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.- Eso había sido vil, y este Draco comenzaba a caerme muy mal…
Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.
-Repite eso…
-Oh, van a pelear con nosotros, ¿eh? -se burló Malfoy.
-Si no se van ahora mismo... -dijo Harry, con valor, aunque lo noté algo nervioso, y no era para menos, porque Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que él y Ron.
-Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y parece que ustedes todavía tienen algo.-
Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes de que pudiera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido terrible.
Scabbers, la rata de Ron, colgaba del dedo de Goyle, con los agudos dientes clavados profundamente en sus nudillos. Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor, hasta que, finalmente, Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron. Tal vez pensaron que había más ratas entre las golosinas.
-¿Qué ha pasado? -preguntó, mirando las golosinas tiradas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.
-Creo que se ha desmayado -dijo Ron a Harry. Miró más de cerca a la rata-.No, no puedo creerlo, ya se ha vuelto a dormir.
Y era así.
-¿Conocías ya a Malfoy?- preguntó Hermione.
-No realmente, pero nos cruzamos cuando compraba mis túnicas…- dijo mirándome.
-Claro, exactamente el día en que te vi, el salía molesto de allí…
-Mencionó algo sobre el quiditch y “Slytherin”, aunque no sé qué son ninguna de las dos…- noté un tomo de vergüenza en su voz- pero solo eso.
-Ah…- dijo Ron regresando a su asiento como nosotros.
-¿Harry? ¿De veras no sabes nada del quiditch o de Slytherin?
-No…-
-Yo tampoco…- agregué. Ron y Hermione nos miraron sorprendidos.
-¿Son nuevos en esto, no es así?- asentimos.
-El quiditch es el deporte más popular en el mundo mágico- explico Ron.
-Es como el Football, pero con escobas, y aros en vez de arcos- agregó Hermione.
Minutos después fuimos a ponernos las túnicas, y cuando quisimos acordar ya estábamos en Hogwarts.
Nos hicieron cruzar un lago en botes sin ver señales del lugar, hasta que al doblar por una loma, nos encontramos con un enorme castillo lleno de torres, torrecillas y atalayas, iluminado casi enteramente por dentro.
-Wow…- dijimos los cuatro, ya que íbamos en el mismo bote.

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:27 pm

Cap. 3 “Gryffindor”

En el castillo la puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un rostro muy severo, y el primer pensamiento que tuve fue que se trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.
-Los de primer año, profesora McGonagall -dijo Hagrid, quien Harry nos presentó momentos antes como su amigo.
-Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.
Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era gigantesco. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.
Seguimos a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Se podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha (el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora McGonagall nos llevó a los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Nos reunimos allí, todos estaban mirando con nerviosismo a su alrededor.
-Bienvenidos a Hogwarts -dijo la profesora McGonagall-. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupen sus lugares en el Gran Comedor deberán ser seleccionados para sus casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, las casas serán como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de la casa que les toque, dormirán en los dormitorios de sus casas y pasaran el tiempo libre en la sala común de la misma.
Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estén en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos ustedes sean un orgullo para la casa que os toque. La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Les sugiero que, mientras esperan, se arreglen lo mejor posible.-
Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de un niño, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Vi que Harry trató de aplastar su cabello con nerviosismo.
-Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia -dijo la profesora McGonagall-. Por favor, esperen tranquilos.
Salió de la habitación.
-¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos? -preguntó Harry a Ron.
-Creo que es una especie de prueba. Fred dice que duele mucho, pero creo que era un chiste…
¿Una prueba? Genial, menos mal que en mi extenso tiempo libre me dediqué a leer los libros que había comprado, y estaba preparada para una comprobación. Aunque al parecer, excepto Hermione, todos estaban nerviosos.
-¿¡Qué es eso…?!- se escucharon gritos de atrás. Cuando voltee por poco me desmayo. Una docena de fantasmas acababan de atravesar la pared… Hogwarts sería una gran aventura…
-En marcha -dijo una voz aguda-. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.
-Ahora formen una hilera -dijo la profesora a los de primer año- y síganme.
Salimos de la habitación, volvimos a cruzar el vestíbulo, pasamos por unas puertas dobles y entramos en el Gran Comedor. Nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. La profesora McGonagall nos condujo allí y nos hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a nuestras espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Harry levantó la vista, y pude ver su cara de asombro, cuando miré me encontré con un techo de terciopelo negro, salpicado de estrellas. Hermione susurró: -Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts.
Era difícil creer que allí hubiera techo y que el Gran Comedor no se abriera directamente a los cielos.
En ese momento apareció Dumbledore, un hombre de larga barba plateada con anteojos de media luna. Lo reconocí gracias a las tarjetas coleccionables de las ranas de chocolate.
Dijo unas palabras, y luego dio por comenzado en proceso de Selección de Casas. En medio del salón, frente a nosotros, había un banco con un sombrero sucio y viejo, que comenzó a cantar (¡Sí! ¡A cantar!) una canción sobre las casas.
-¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero! -susurró Ron a Harry-. Voy a matar a Fred.
Harry sonrió débilmente… E involuntariamente sonreí también, pero cuando me di cuenta corrí automáticamente la vista.
La profesora McGonagall se adelantaba con un gran rollo de pergamino.
-Cuando yo los llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen –dijo-. ¡Abbott, Hannah!
Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.
-¡HUFFLEPUFF!-gritó el sombrero.
La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de
Hufflepuff.
-¡Bones, Susan!
-¡HUFFLEPUFF! —gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.
-¡Boot, Terry!
-¡RAVENCLAW!
La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.
-Black, Camille- Y el salón estalló en murmullos, los cuales me negué a escuchar.
Puse el sombrero en mi cabeza, éste me tapó vista y esperé.
-Mm… Debería mandarte inmediatamente a Ravenclaw… Te corresponde…. Por sangre…. Pero, al mismo tiempo, tu corazón también es puramente Gryffindor… Vaya, una difícil decisión, ¿Corazón o mente?...
-Gryffindor…- susurré involuntariamente.
-Bien, a veces gana el corazón, sabes elegir… - entonces gritó - ¡GRYFFINDOR!- y la mesa estalló en aplausos poco decididos… ¿Por qué?
Pude ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando.
Me senté sola y seguí observando la selección.
Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw.
Bulstrode, Millicent fue a Slytherin.
Note a Harry muy nervioso.
-¡Finch-Fletchley, Justin!
-¡HUFFLEPUFF!
El sombrero, algunas veces gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.
-Finnigan, Seamus. -El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un minuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.
-Granger, Hermione.
Hermione casi corrió hasta el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa.
-¡GRYFFINDOR! -gritó el sombrero. Pude ver que Ron gruñía. Ella se sentó de inmediato a mi lado.
Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó:
¡GRYFFINDOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a MacDougal, Morag.
Malfoy se adelantó al oír su nombre y el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!
Fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción.
Ya no quedaba mucha gente.
Moon... Nott... Parkinson... Después unas gemelas, Patil y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne... y, finalmente:
-¡Potter; Harry!
Mientras Harry se adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.
— ¿Acaba de decir Harry Potter?
— ¿Ese es Potter?
Pobre, sería un año pesado para él…
El comedor lleno de gente trataba de verlo bien. Esperamos en un súbito silencio.
En un momento vi que susurraba algo.
-¡GRYFFINDOR!- gritó luego de un rato.
Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareado, hacia la mesa de Gryffindor. Parecía no darse cuenta de los calurosos saludos que le daba la gente.
Percy el prefecto se puso de pie y le estrechó la mano vigorosamente, mientras los gemelos Weasley gritaban:
-¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!-. Harry se sentó a mi otro lado. Y de pronto apareció un fantasma, que le dio una palmada en el brazo.
Él sonrió hacia la mesa de profesores, y cuando seguí su mirada, vi que miraba a Hagrid que levantaba su pulgar.
A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa. Vi que Harry cruzó los dedos debajo de la mesa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó:
-¡GRYFFINDOR!
Harry aplaudió con fuerza, junto con los demás, mientras que Ron se desplomaba en la silla próxima.
-Bien hecho, Ron, excelente -dijo pomposamente Percy Weasley, por encima de Harry, mientras que Zabini, Blaise era seleccionado para Slytherin. La profesora McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.
Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abiertos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.
-¡Bienvenidos! –dijo-. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero decirles unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!
Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. No sabíamos si reír o no.
— ¿No les parece que está un poco loco? — preguntó Harry con una sonrisa.
—Tal vez, pero sigue siendo el mejor mago de los tiempos.
—Sin dudas…
Y así pasaron los días.
Harry, Ron, Hermione y yo nos volvimos mejores amigos, inseparables realmente.

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:28 pm

Cap. 4 “La piedra Filosofal”
Harry se volvió parte del equipo de quiditch en Gryffindor como buscador, el más joven jugador en un siglo, y uno de los mejores debo agregar.
Oh, también tuvimos ese gran problema con el robo a Gringotts, -que según Harry- era lo que Hagrid había extraído del banco el mismo día que fueron a retirar su dinero.
Supusimos que estaba escondido (fuera lo que fuera), en la escuela.
Luego de investigar en la biblioteca, tratar de sacarle información a Hagrid, y de pasar las vacaciones de invierno en la escuela, buscando algún atisbo del Flamel mencionado por nuestro amigo guardabosques, descubrimos que se trataba de La Piedra Filosofal, creada por Dumbledore y Nicolás Flamel.
¡Si supieran las penurias que pasamos!
Cuando nuestro guardabosque favorito trajo ilegalmente a un Ridgeback Noruego… Tuvimos que mandárselo a Bill, el hermano de Ron, pero cuando volvíamos Harry y yo de entregarlo, olvidamos la capa de invisibilidad en la torre de Astronomía, (lugar donde amigos de Bill fueron a buscar al dragoncito), por consecuencia McGonagall nos pilló, quitando 100 puntos a Gryffindor. Es de sobra decir que ambos perdimos la simpatía de los alumnos de la escuela… Y eso que yo de por sí ya no la tenía, y no sabía porque, hasta que oí a Malfoy…

Estaba saliendo de clase de encantamientos, cuando antes de doblar el pasillo, oí mi nombre:
— ¿Tú crees?- una voz gruesa y de hombre.
—Por supuesto, ¿Cuántos Black hay en el mundo mágico?
—Si…
—-Además, ¿No ven el parecido? Tiene la misma forma del cabello, y si te fijas bien, sus rasgos son muy similares. —Hubo un silencio— Me pegunto quien será la madre…
—Qué más da Draco, ¿A quién le importa esa? — reconocí a Pansy Parkinson.
—Ti-tienes razón, ¿Qué importa si es hija del mismísimo Señor Tenebroso? Sigue siendo una… una asquerosa Sangre Sucia…
—Exacto, no vale la pena— Enseguida salí de mi lugar, impotente, y fui a encarar a esos dos imbéciles.
— ¿Qué sucede conmigo Malfoy? — este abrió los ojos como platos sorprendido, pero se recompuso enseguida.
—Nada que te interese.
—Oh, tienes razón, asuntos sucios de Slytherines no tendrían que importarme.
—Ja, ¿Lo mejor que tienes? ¿Por qué no llamas a tu papi? ¡OH! Lo olvidaba, no tienes—dijo Pansy con sorna.
— ¿Crees en serio que eso me afecta? A diferencia de ti, niñita de mamá, yo soporté cosas peores, ¿Sabes?
—La pobre sufrida, ¡Cuéntanos más! — sarcástica.
—Oh, no vales la pena, Parkinson
— ¿Y crees que tú sí? —Y dicho esto, estaba por marcharme, cuando me gritó:
— ¿A dónde vas? ¿A Azkaban a visitar a tu maldito padre? — me detuve en seco.
— ¿Qué cosas dices?
—La verdad, ¿No es así Draco? — éste asintió… ¿Dudoso?
—Dices puras estupideces, Parkinson—y me fui. ¿Sería por eso que la gente se alejaba de mí?
Ese día lo pase en mi habitación… Hermione trataba de consolarme sin saber cómo…

El hecho es que tuvimos que parar la investigación, que hasta ese momento nos llevó a creer que Snape era quién quería robar la piedra, y por eso amenazaba al profesor Quirell. Pero seguíamos sintiéndonos seguros de que no atacarían, por el hecho de que Hagrid jamás revelaría como distraer a Fluffy… Hasta que Harry razonó, ¿Cómo había conseguido el Ridgeback?
Fuimos a averiguarlo, y nos enteramos que se lo habían dado uno noche de juego, y que el sujeto le invitó un par de copas, y hablaron de Fluffy…

— ¡Será esta noche!— gritó Harry.
— ¿Cómo que esta noche?
—Quirell ya cedió, y sabe cómo dormir a Fluffy, tiene todo lo necesario para cruzar…
—Hay que hablar con Dumbledore— sugerí.
—Es cierto… Imagínate los desastres que causaría esa piedra en malas manos—Hermione parecía alterada.
—Tienes razón— apoyé—. Harry, debemos notificarle a Dumbledore.
Lo pensó unos segundos, y terminó decidiendo que era lo mejor. Enseguida corrimos a donde el director.
Pero cuando llegamos, la profesora McGonagall nos comunicó que estaba en el Ministerio.
—Debo hacer algo— Harry parecía abatido.
—DEBEMOS hacer algo—corregí –No te dejaremos solo Harry.
—Es cierto, no te libraras fácilmente.
Pareció querer dudarlo, pero por alguna razón (tal vez por las miradas amenazantes que teníamos), no hizo reproches.
—De acuerdo… ¡pero démonos prisa!

Y así estábamos, corriendo al tercer piso.
—Yo dormiré a Fluffy—avisó Harry.
Y sacó la flauta que Hagrid le regaló en su cumpleaños.
Entramos y comenzó a tocar.
—Ron, ve tu primero a la trampilla— grité apresurada.
Avanzó temeroso (cabe aclarar que la pata del perrazo estaba a un abrir y cerrar de ojos de poder aplastarlo como a un insecto), y se lanzó por el agujero, Harry me pasó la flauta y se lanzó el también, seguido por Hermione y luego por mí.
Aterrizamos en un lugar blando, pero cuando me fije, vi que estaban siendo atrapados por el Lazo del Diablo.
—Oh no— y me zafé antes de que me agarraran. —Es el Lazo del Diablo, Hermione— y esta se horrorizó.
—Es increíble que no me di cuenta…— susurró — ¿Qué cosa les afectaba…?
Comencé a recordar las clases de herbología. —Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... ¿Qué dijo el profesor Sprout?... Le gusta la oscuridad y la humedad...— murmuré.
— ¡Entonces enciende un fuego!—-gritó Harry.
—Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gemí, retorciéndome las manos.
— ¿TE HAS VUELTO LOCA? —Preguntó Ron—. ¿ERES UNA BRUJA O NO?
— ¡OH, LO SIENTO!— dije avergonzada, y agité mi varita susurrando un conjuro.
Enseguida un fuego se produjo en ella, y lo acerqué a las plantas, las cuales retrocedieron de inmediato, soltándolos.
—Continuemos…
—Por aquí —dijo Harry, señalando un pasadizo de piedra que era el único camino.
Lo único que podía oír, además de nuestros pasos, era el goteo del agua en las paredes.
— ¿Oyes algo? —susurró Ron.
Un leve tintineo y un crujido, que parecían proceder de delante.
— ¿Crees que será un fantasma?
—No lo sé... a mí me parecen alas.
Llegamos hasta el final del pasillo y vimos ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándose sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.
— ¿Crees que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron.
—Es probable —contestó Harry—. No parecen muy malos, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.
Respiró profundamente, se cubrió la cara con los brazos y cruzó corriendo la habitación. Esperábamos que se lanzaran a por él, pero sucedió nada. Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave.
Nosotros lo imitamos. Tiramos y empujamos, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.
— ¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron.
—Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —murmuró Hermione.
Observé los pájaros, que volaban sobre nuestras cabezas, brillando... ¿Brillando?
— ¡No son pájaros! —Exclamó de pronto Harry—. ¡Son llaves! Llaves aladas, miren bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación, mientras nosotros observábamos la bandada de llaves—Sí... miren ahí. ¡Escobas! ¡Tenemos que conseguir la llave de la puerta!
— ¡Pero hay cientos de llaves!
Ron examinó la cerradura de la puerta.
—Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de plata, probablemente, como la manija.
Sin decir nada cada uno cogió una escoba y de una patada estuvimos en el aire, remontándonos entre la nube de llaves. Tratábamos de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápidamente que era casi imposible sujetarlas.
Pero no por nada Harry era el más joven buscador del siglo. Tenía un don especial para detectar cosas que la otra gente no veía. Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la cerradura.
— ¡Es ésa! —nos gritó—. Esa grande... allí... no, ahí... Con alas azul brillante... las plumas están aplastadas por un lado.
Ron se lanzó a toda velocidad en aquella dirección, chocó contra el techo y casi se cae de la escoba.
— ¡Tenemos que encerrarla! —gritó Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada—. Ron, ven desde arriba, Hermione y Camille, quédense abajo y no la dejen descender. Yo trataré de atraparla. Bien: ¡AHORA!
Ron se lanzó en picado, Hermione y yo subimos en vertical, la llave nos esquivó a los tres, y Harry se lanzó tras ella. Iban a toda velocidad hacia la pared, el de anteojos se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano. Los vivas de nosotros tres retumbaron por la habitación.
Aterrizamos rápidamente y el grandioso volador corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta... Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.
— ¿Listos?—preguntó Harry, con la mano en la manija de la puerta.
Asentimos. Abrió la puerta.
Era una habitación compuesta por un tablero de ajedrez con medidas gigantes, cuyas piezas eran igual de grandes que nosotros.
—Debemos jugar para ganar— dijo Ron con firmeza, y cada uno suplió a una pieza sin preguntar.
—Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —avisó el pelirrojo, mirando al otro lado del tablero—. Sí... miren.
Un peón blanco se movió hacia delante.
Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían silenciosamente cuando los mandaba.
—Harry... muévete en diagonal, cuatro casillas a la derecha.
La primera verdadera impresión llegó cuando el otro caballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.
—Tuve que dejar que sucediera —comentó Ron, conmovido—. Te deja libre para coger ese alfil. Vamos, Camille.
Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un grupo de piezas negras desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Harry, yo y Hermione del peligro. Él mismo jugó por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.
—Ya casi estamos —murmuró de pronto—. Déjenme pensar... déjenme pensar.
La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.
—Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me tiren.
— ¡NO! —gritamos los tres a la vez.
— ¡Esto es ajedrez! —Reprochó enfadado Ron-. ¡Hay que hacer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me tirará... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry.
—Pero...
— ¿Quieres detener a Snape o no?
—Ron...
— ¡Si no se dan prisa va a conseguir la Piedra!
No había nada que hacer.
— ¿Listo? —preguntó el pecoso, con el rostro pálido pero decidido—Allá voy, y no se queden aquí una vez que hayan ganado.
Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo. Hermione y yo gritamos, pero permanecimos en nuestros casilleros. La reina blanca arrastró a Ron a un lado. Parecía desmayado.
Muy conmovido, Harry se movió tres casilleros a la izquierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de éste. Habíamos ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desesperación hacia Ron, corrimos hacia la salida y subimos por el siguiente pasadizo.
— ¿Y si él está...?— murmuré.
—Él estará bien —trató de convencerme Harry—. ¿Qué crees que nos queda?— preguntó a Hermione.
—Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...
Habíamos llegado a otra puerta.
— ¿Todo bien? —susurró el pelinegro.
—Adelante.
Harry empujó y abrió.
La habitación siguiente estaba tan oscura, y un asqueroso olor la inundaba por completo.
—Lumos
Y de mi varita brotó una luz.
En el centro de la habitación había un Troll muerto.
—Qué suerte que no tuvimos que derrotar a este— dije recordando aquel Troll en el baño de mujeres, meses atrás.
Continuamos, por una puerta, y no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.
—Snape -informó Harry—. ¿Qué tenemos que hacer?— me preguntó.
Pasamos el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de nosotros. No era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante.
Estábamos atrapados.
— ¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas.
Miramos por encima de su hombro para leerlo:
“El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,
dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,
una entre nosotras siete te dejará adelantarte,
otra llevará al que lo beba para atrás,
dos contienen sólo vino de ortiga,
tres son mortales, esperando escondidos en la fila.
Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,
para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:
Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre
encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;
Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte
hacia delante, ninguna es tu amiga;
Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano
ni el gigante guardan la muerte en su interior;
Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una
vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.”
Hermione dejó escapar un gran suspiro y Harry y yo, sorprendidos, vimos que sonreía, lo último que habíamos esperado que hiciera.
—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.
—Pero nosotros también, ¿no?— dijimos a unísono él y yo.
—Por supuesto que no —dijo Hermione—. Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con veneno, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego negro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.
—Pero ¿cómo sabremos cuál beber?-
—Denme un minuto.
Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándolas. Al fin, se golpeó las manos.
—Lo tengo –—dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.
Harry miró a la diminuta botella.
—Aquí hay tal vez para dos sorbos…—nos miramos.
— ¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?
Hermione señaló una botella redonda del extremo derecho de la fila.
—Ustedes beban de ésa —dijo Harry—.Vuelvan, busquen a Ron y usen las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podrán salir por la trampilla sin que los vea Fluffy. Vayan directamente a la lechucería y envíen a Hedwig en búsqueda de Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que yo detenga un poco a Snape, pero la verdad es que no puedo igualarlo.
—Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?— reproché.
—Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no?— señaló su cicatriz.
Hermione tembló, y se lanzó a Harry en un abrazo.
— ¡Eres un gran mago! Lo sabes, ten mucho cuidado…
Y tomó un sorbo de la botella, cruzando el fuego purpura.
—Ahora ve tú— me dijo.
—Claro que no, yo iré contigo.
— ¡Es muy peligroso! ¡REGRESA!
—De ningún modo.
-¡CAMILLE! ¡VUELVE!
—HARRY JAMES POTTER, QUIERAS O NO IRÉ CONTIGO, ASÍ QUE ADELANTE.
Tal vez lo intimidé realmente, o solo lo convencí, pero cuando tome un sorbo de la botellita y se la pasé no dijo nada.
—Ve detrás de mí— indicó, y cruzamos el fuego negro. Las llamas negras lamían mi cuerpo pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro. Luego nos encontramos al otro lado, en la última habitación.
Ya había alguien allí. Pero no era Snape. Y tampoco era Voldemort.
Era Quirrell.
— ¡¿Usted?!— gritamos al unísono.
Quirrell sonrió. Su rostro no tenía ni sombra del tic.
—Yo —dijo con calma— me preguntaba si me iba a encontrar contigo aquí, Potter. — y cuando me vio agregó — Pero no contigo, Black…
—Pero yo pensé... Snape...
— ¿Severus? —Quirrell río, y no fue con su habitual sonido tembloroso y entrecortado, sino con una risa fría y aguda—. Sí, Severus parecía ser el indicado, ¿no? Fue muy útil tenerlo dando vueltas como un murciélago enorme. Al lado de él ¿quién iba a sospechar del po-pobre tar-tamudo p-profesor Quirrell?
Aquello no podía ser verdad, no podía ser. Cuando me fijé en Harry su desconcierto era aun mayor que el mío.
— ¡Pero Snape trató de matarme!— gritó, y enseguida recordé aquella vez que casi cae de su escoba a grandes alturas en el partido de quiditch por un maleficio de Snape.
—No, no, no. Yo traté de matarte. Tu amiga, la señorita Granger, accidentalmente me atropelló cuando corría a prenderle fuego a Snape, en ese partido de quidditch. Y rompió el contacto visual que yo tenía contigo. Unos segundos más y te habría hecho caer de esa escoba. Y ya lo habría conseguido, si Snape no hubiera estado murmurando un contramaleficio, tratando de salvarte.
— ¿Snape trataba de salvarme a mí?
—Por supuesto —-dijo fríamente Quirrell—. ¿Por qué crees que quiso ser árbitro en el siguiente partido? Estaba tratando de asegurarse de que yo no pudiera hacerlo otra vez. Gracioso, en realidad... no necesitaba molestarse. No podía hacer nada con Dumbledore mirando. Todos los otros profesores creyeron que Snape trataba de impedir que Gryffindor ganase, se ha hecho muy impopular... Y qué pérdida de tiempo cuando, después de todo eso, voy a matarte esta noche.
Yo miraba expectante, y cuando dijo esto se me heló la sangre.
Quirrell chasqueó los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron en el cuerpo de Harry, sujetándolo con fuerza.
— ¡HARRY!— grité y salí corriendo a salvarlo, pero Quirell conjuró:
—Petrificus Totalus— y quedé inmóvil, sin más movimiento que mis ojos.
—No trates nada…— me dijo por lo bajo, y volvió a ocuparse de Harry.
—Eres demasiado molesto para vivir, Potter. Deslizándote por el colegio, como en Halloween, porque me descubriste cuando iba a ver qué era lo que vigilaba la Piedra.
— ¿Usted fue el que dejó entrar al trol?
—Claro. Yo tengo un don especial con esos monstruos. ¿No viste lo que le hice al que estaba en la otra habitación? Desgraciadamente, cuando todos andaban corriendo por ahí para buscarte, Snape, que ya sospechaba de mí, fue directamente al tercer piso para ganarme de mano, y no sólo hizo que mi monstruo no pudiera matarte, sino que ese perro de tres cabezas no mordió la pierna de Snape de la manera en que debería haberlo hecho...
Hizo una pausa:
—Ahora, espera tranquilo, Potter. Necesito examinar este interesante espejo.
De pronto, vimos lo que estaba detrás de Quirrell. Era un gran espejo antiguo.
—Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra —murmuró Quirrell, dando golpecitos alrededor del marco—. Era de esperar que Dumbledore hiciera algo así... pero él está en Londres... Cuando pueda volver, yo ya estaré muy lejos.
—Lo vi a usted y a Snape en el bosque... —dijo de golpe Harry, y yo no entendí por qué.
—Sí—respondió Quirrell, sin darle importancia, paseando alrededor del espejo para ver la parte posterior—. Me estaba siguiendo, tratando de averiguar hasta dónde había llegado. Siempre había sospechado de mí. Trató de asustarme... Como si pudiera, cuando yo tengo a lord Voldemort de mi lado...— Rememoré nuestro castigo por andar fuera tan tarde.
Quirrell salió de detrás del espejo y se miró en él con enfado.
—Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero ¿dónde está?
Harry luchó con las sogas qué lo ataban, pero no se aflojaron. Tenía que hacer algo para ayudarlo, pero sin poder mover un músculo era imposible.
—Pero Snape siempre pareció odiarme mucho.
—Oh, sí—dijo Quirrell, con aire casual— claro que sí. Estaba en Hogwarts con tu padre, ¿no lo sabías? Se detestaban. Tu padre y el de ella—me señaló con la vista— eran amigos, por cierto, él también poseía el odio de Severus—explicó, dejándome totalmente desconcertada— Pero nunca quiso que estuvieras muerto.
— ¿Su qué?— preguntó Harry tan sorprendido como yo, casi sin prestar atención a lo otro.
— ¡Ahh! No debo hablar de eso…— soltó una risa malévola.
— ¿Por qué? ¿Quién se lo prohíbe?
—El Señor Tenebroso no quiere que sepas nada por ahora.
— ¿Voldemort?—solté sin darme cuenta.
—¡SERÁS DESCARADA! ¿¡CÓMO TE ATREVES A MANCHAR SU NOMBRE EN TU BOCA!?
Y como un poseído me lanzó un “EXPULSO”, haciéndome volar por los aires.
— ¡CAMILLE!— gritó asustado Harry.
Me levanté un poco, al parecer ese hechizo había alivianado el Petrificus Totalus.
—Ah, pero yo no estoy aquí para hablar con ustedes, niñatos, ahora se callan o…— se detuvo a pensar, hasta que una sonrisa maligna asomo en su rostro—, o sino mato a la niña…
Desde el suelo, pude ver la expresión de horror de Harry.
—D-de acuerdo... No molestaremos más…
Entonces continuó revisando el espejo, y mi amigo pareció rendirse, con la expresión de miedo y horror aun impregnada al rostro.
Entonces, exclame convencida:
—Pero hace unos días yo lo oí a usted, llorando... Pensé que Snape lo estaba amenazando...
Por primera vez, un espasmo de miedo cruzó el rostro de Quirrell.
—Algunas veces —dijo, olvidando su amenaza— me resulta difícil seguir las instrucciones de mi maestro... Él es un gran mago y yo soy débil...
— ¿Quiere decir que él estaba en el aula con usted? -preguntó Harry, lentamente, controlando sus movimientos, tal vez con miedo a que se descontrole y realmente me asesinara.
—Él está conmigo dondequiera que vaya —explicó con calma Quirrell— Lo conocí cuando viajaba por el mundo. Yo era un joven tonto, lleno de ridículas ideas sobre el mal y el bien. Lord Voldemort me demostró lo equivocado que estaba. No hay ni mal ni bien, sólo hay poder y personas demasiado débiles para buscarlo... Desde entonces le he servido fielmente, aunque muchas veces le he fallado. Tuvo que ser muy severo conmigo. —Quirrell se estremeció súbitamente—. No perdona fácilmente los errores. Cuando fracasé en robar esa Piedra de Gringotts, se disgustó mucho. Me castigó... decidió que tenía que vigilarme muy de cerca...
A mi me parecía un extremo caso de estúpido masoquismo.
Quirrell maldijo entre dientes.
—No comprendo... ¿La Piedra está dentro del espejo? ¿Tengo que romperlo?
Y de repente Harry cayó al suelo, yo miraba nerviosa lo que hacía.
Quirrell no le prestó atención. Seguía hablando para sí mismo.
— ¿Qué hace este espejo? ¿Cómo funciona? ¡Ayúdame, Maestro!
Y para el horror de Harry y -el mío-, una voz le respondió, una voz que parecía salir del mismo Quirrell.
—Utiliza al muchacho... Utiliza al muchacho...
Quirrell se volvió hacia Harry.
—Sí... Potter... ven aquí.
Hizo sonar las manos una vez y las sogas cayeron. Harry se puso lentamente de pie.
—Ven aquí —repitió Quirrell —. Mira en el espejo y dime lo que ves.
Harry se aproximó.
Quirrell se le acercó por detrás.
Cerró los ojos, se detuvo frente al espejo y los volvió a abrir.
— ¿Bien? —Preguntó el hombrecito con impaciencia—. ¿Qué es lo que ves?
—Me veo con Dumbledore, estrechándonos las manos. Yo... he ganado la copa de la casa para Gryffindor.
Quirrell maldijo otra vez.
—Quítate de ahí — ordenó.
Y sigilosamente, Harry comenzó a acercarse a mí, pero no había dado cinco pasos cuando una voz aguda habló, aunque Quirrell no movía los labios.
—Él miente... él miente...
— ¡Potter, vuelve aquí! —Gritó Quirrell—. ¡Dime la verdad! ¿Qué es lo que has visto?
La voz aguda se oyó otra vez.
—Déjame hablar con él... cara a cara...
— ¡Maestro, no está lo bastante fuerte todavía!
—Tengo fuerza suficiente... para esto.
Y sentí como me tensaba… ¿Voldemort?… ¿aparecería?
Petrificada como el pelinegro, observé a Quirrell, que empezaba a desenvolver su turbante. ¿Qué iba a suceder? El turbante cayó. La cabeza de éste parecía extrañamente pequeña sin él. Entonces, se dio la vuelta lentamente.
Habría querido gritar, pero no podía dejar salir ningún sonido. Donde tendría que haber estado la nuca de Quirrell, había un rostro, la cara más terrible que había visto en mi vida. Era de color blanco tiza, con brillantes ojos rojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las serpientes.
—Harry Potter... —susurró.
— ¿Ves en lo que me he convertido? —Dijo la cara—. No más que en sombra y quimera... Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de otro... Pero siempre ha habido seres deseosos de dejarme entrar en sus corazones y en sus mentes... La sangre de unicornio me ha dado fuerza en estas semanas pasadas... tú viste al leal Quirrell bebiéndola para mí en el bosque... y una vez que tenga el Elixir de la Vida seré capaz de crear un cuerpo para mí... Ahora... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo?
De pronto las piernas de Harry se tambalearon. ¿Sería eso verdad?
—No seas tonto —se burló el rostro—. Mejor que salves tu propia vida y te unas a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome misericordia...
— ¡MENTIRA! —gritó de pronto Harry.
Quirrell andaba hacia atrás, para que Voldemort pudiera mirarlo. La cara maligna sonreía.
—Qué conmovedor —respondió—. Siempre consideré la valentía... Sí, muchacho, tus padres eran valientes... Maté primero a tu padre y luchó con valor... Pero tu madre no tenía que morir... ella trataba de protegerte... Ahora, dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano.
Harry se veía vulnerable, a punto de caer y eso no debía pasar. Entonces grité:
— ¡No lo escuches Harry! ¡El miente! ¡No le des la piedra!
— ¡INSOLENTE!— me gritó la cara iracunda.
— ¡NUNCA!— Harry sacó su varita y conjuró:
— ¡Finite incantem!— afloje mis músculos y enseguida saque mi varita para luchar, pero Harry no se veía dispuesto a eso, en cambio se movió hacia la puerta en llamas, por lo cual le seguí, hasta que Voldemort gritó: ¡ATRÁPALO! y, al momento siguiente, Quirrell sujetaba su muñeca.
Gritó, luchando con todas sus fuerzas y, para mi sorpresa, antes de yo poder atacarlo, Quirrell lo soltó.
Miró alrededor para ver dónde estaba su atacante y lo vio doblado de dolor, mirándose los dedos, que se ampollaban ante sus ojos.
— ¡ATRÁPALO! ¡Atrápalo! —rugía otra vez Voldemort, y Quirrell arremetió contra Harry, haciéndolo caer al suelo y apretándole el cuello con las dos manos.
Pude ver al hombrecito chillando desesperado.
—Maestro, no puedo sujetarlo... ¡Mis manos... mis manos!
Y Quirrell, aunque mantenía sujeto a Harry aplastándolo con las rodillas, le soltó el cuello y contempló, aterrorizado, sus manos. Vi que estaban quemadas, en carne viva, con ampollas rojas y brillantes.
— ¡Entonces mátalo, idiota, y termina de una vez! —exclamó Voldemort.
— ¡NOO!— y estaba a punto de lanzar un hechizo, cuando Quirrell levantó la mano, de seguro que para lanzar un maleficio mortal, pero Harry, se incorporó y se aferró a la cara de Quirrell.
— ¡AAAAAAH!
Se apartó, con el rostro también quemado, y entonces razoné:
Quirrell no podía tocar su piel sin sufrir un dolor terrible. Su única oportunidad era sujetarlo, que sintiera tanto dolor como para impedir que hiciera el hechizo...
Harry se puso de pie de un salto, cogió al otro de un brazo y lo apretó con fuerza. Éste gritó y trató de empujarlo.
Podía oír los terribles gemidos de Quirrell y los aullidos de Voldemort: ¡MÁTALO! ¡MÁTALO!
— ¡Harry! ¡Harry!— grité, ya que parecía muy débil y casi inconsciente, pero antes de que lograra hacer nada, se desvaneció junto con Quirell.
— ¡OH…NO!— grité corriendo hacia él. No me fije en Quirell o en Voldemort, solo lo abrace, esperando que reaccionara, diciendo algunos conjuros básicos de curación, sin resultado alguno, llorando a lagunas.
No sé si pasaron minutos u horas, pero una voz detrás de mí gritó:
— ¡Harry! ¡Camille!— era Dumbledore.
Levantó a Harry en brazos, y fue corriendo, conmigo al lado, hasta la enfermería.
Allí estaban Ron y Hermione, el primero acostado en una camilla durmiendo.
Al verme, Hermione corrió hasta a mi y nuestro amigo.
Enseguida la enfermera Pomfrey lo llevó a una camilla, y cerró la cortina sin preguntar.
— ¿Qué sucedió?—preguntó Hermione exasperada.
—Yo… Vol- Voldemort…— y me sumí en un llanto aún más profundo.
Ella estuvo conmigo, consolándome, y llorando también, a la espera de noticias.
¿Y si le había pasado algo? ¿Y si no despertaba luego? No. No podía ser. Harry era fuerte, si, capaz de soportar las peores circunstancias, ¿No había sido el quien derrotó al Innombrable, y en dos ocasiones ahora? Si, estaría bien. Debía estar bien. No podría vivir sabiendo que no hice nada para ayudarlo, que me quedé petrificada… ¡Oh, por favor Harry, despierta! Te necesito…Te necesitamos.
A las dos horas, tiempo en el que se me ocurrieron millones de desenlaces (algunos que hasta me hicieron llorar sin siquiera existir), Dumbledore salió, y se acercó a nosotras con expresión seria.
-¿¡Estará bien?!- grité levantándome de un salto.
—Bueno, debo decirles la verdad…— Por poco y me descompenso, hasta que el director lo notó, y se apresuró a decir: —Tranquilas niñas, él está bien, despertará en unos días.— y volví a sentarme con un largo suspiro.
Todo había terminado… Por ahora…

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:29 pm

Cap. 5 “Adiós Hogwarts… ¡Hasta el próximo año!”

Los días siguientes, además de estudiar y dormir (excepto a veces que me quedaba dormida allí) los pasé en la enfermería, con Harry y Ron, acompañada por Hermione. Hasta comíamos ahí.
Ron despertó luego de un día, y quedó haciendo reposo otro día más, para después irse.
Nos turnábamos para estar con Harry, quien por cierto recibía millones de cosas todos los días de parte de todas las casas (Excepto Slytherine).
Finalmente, al tercer día, despertó.
Narrado por Harry
Estaba sumido en la oscuridad, no recordaba nada. Entonces comencé a sentir ruido, unos murmullos lejanos, y entreví una luz.
Poco a poco abrí los ojos, totalmente desorientado. Estaba en la enfermería, lo noté por el característico y pulcro color blanco de casi todo, sumado al olor de desinfectante y otros elementos de limpieza.
Luego de mirar mi entorno, me topé con un ligero peso cercano a mi estomago. Unos rulos oscuros, que parecían salir como cascada de una cabeza color crema, tal y como una de esas muñequitas de porcelana estaba recostada al borde de mi cama. La reconocí en el acto.
— ¿Camille?— pregunté torpemente, aun algo dormido.
—Si…— respondió con alegría al verme, desperezándose un poco, y me abrazó, dejándome aun más torpe…
— ¿Qué…qué sucedió?— cuestioné tratando de recomponerme un poco.
—Bueno, luego de que te desmayaste, Quirell también se desvaneció, y al parecer… Murió. Pero cuando quisimos atrapar a Voldemort, éste ya había desaparecido. Tuvimos suerte de que Dumbledore apareciera, porque si no…— desvió la vista, algo triste—según la enfermera Pomfrey, habrías muerto…
Soltó todo de golpe, casi sin respirar, y noté como se estremecía al decir lo último.
— ¿Y la piedra?— desvié el tema, pero verdaderamente estaba deseando saber que había pasado.
—No lo sé con exactitud, debes preguntarle a Dumbledore, aunque si sé que no esta en manos malvadas— bromeó, y no me resistí a reír, por fin se acababa el problema.
— ¿Cómo te sientes?— me preguntó mirándome a los ojos.
—Bien, aliviado de que todo haya terminado por ahora…— contesté con sinceridad, pero moviendo mi vista, tratando de ocultar un leve sonrojo.
— ¿Por ahora?...
—Claro, no esperes que Voldemort se rinda, es imposible…— le expliqué, lamentándolo realmente.
—Al menos tenemos tiempo de relajarnos.
—Al menos...— murmuré. Y enseguida algo llamó mi atención: Cientos de golosinas, flores y globos de felicitaciones estaban sobre una mesa cercana.
—Son cosas de tus admiradores— explicó siguiendo mi mirada, y agregó algo fastidiada: — .Y de tus muchas admiradoras.
Comencé a reír, al parecer estaba algo molesta porque yo tuviera “admiradorAS”.
— ¿Te pones celosa?— le pregunté casi sin darme cuenta.
—Claro que no, sé que solamente serás amigo mío, y de Hermione.
—No me refería a eso…
— ¡Oh! Mira, es el inodoro que te enviaron Fred y George— exclamó, claramente desviando el tema.
(Y para mi sorpresa realmente enviaron un inodoro, por lo que empecé a reír de nuevo).
Sin embargo, no hablé más de eso, ya me sentía demasiado avergonzado, aunque si seguimos conversando de otras cosas, como la historia detallada de mi “batalla”.
—Oye, Harry…
— ¿Qué sucede?
—Tengo una duda… ¿Qué paso para que te desmayaras?— enseguida me tensé al recordarlo.
—Fue… Un… un ardor en mi cicatriz—traté de explicar, tocando la pequeña marca en forma de rayo que quedaría por siempre en mi piel —mi cabeza dolía cada vez que hería a Quirell…
— ¿Por qué…?
—No tengo la menor idea…
— ¿Será algo relacionado a Voldemort?
—Espero que no…— contestaba algo a secas, ya que no era agradable de contar, aunque era necesario hacerlo.
Entonces, repasando lo importante, algo cruzó mi mente.
—Camille, ¿Recuerdas cuándo dijo algo sobre tu padre?
Sus ojos adoptaron un brillo inusual.
—Si… No, no entiendo…
— ¿Qué cosa?
—Ya sabes, dijo algo sobre que tu padre y el mío eran amigos, y que Snape los odiaba.
—Bueno, eso explica su odio irracional hacia nosotros— traté de que riera, pero sin embargo seguía pensando.
— ¿Quién…? ¿Quién crees que sea mi padre?
Parecía realmente importante para ella saberlo.
—No lo sé, pero de seguro es alguien grandioso.
— ¿Por qué lo dices?
—Es evidente, con la hija que tuvo.
Sonrió tímidamente, algo más animada.
—Gracias Harry.
—Además—agregué—Quirell dijo que Él, AUN no quería que te enteraras, lo cual quiere decir, que tarde o temprano nos enteraremos.
—OH, tienes razón.
Pareció ponerse contenta.
Suspiré pesadamente.
—¿Qué sucede?
—Que estoy seguro que el próximo año tendremos una intensiva investigación y pasaremos la mayoría del tiempo en la biblioteca, buscando algún Black que haya estudiado en esta escuela, y con mis padres. Podría llegar a resultar fácil, pero aun así será agotador, y voy a comenzar a cansarme ahora, así luego trato de no sufrirlo tanto.
Expliqué apresurado, dejándola confundida, hasta que, poco a poco, comenzó a dibujarse una sonrisa en su cara.
—¡Es una gran idea Harry!
—¡No me digas que no lo habías pensado! Seré idiota…
Me lamente, pero ella rio, feliz.
Narrado por Camille
Seguimos hablando, hasta que llegó Dumbledore y me pidió que los dejara a solas.
Cuando salía me crucé con Ron y Hermione.
— ¿Algo nuevo?
—Si, ¡Despertó!— dije felizmente.
— ¡Al fin!—dijeron con una sonrisa.
Dumbledore salió por la puerta y se fue sonriéndonos amablemente.
Horas después, el equipo de quidditch de Gryffindor vino con comida y dulces, para festejar la recuperación de Harry.
Esa noche fue la cena de fin de curso, y Harry decidió ir, con quejas de la señora Pomfrey,
Lo acompañe, ya que me habían dejado quedarme con el, como premio.
— ¿Estás seguro?— pregunté cuando se tambaleo.
—Ya te dije que si, estoy perfectamente— rodé los ojos y seguimos caminando.
Cuando llegamos, el Gran Comedor estaba lleno, así que al entrar él y yo, se produjo un súbito silencio, seguido de una explosión de murmullos.
—Somos héroes— me dijo al oído.
—ERES, un héroe— corregí —Yo no hice más que mirar mientras te trataban de matar, como una cobarde…— dije apenada.
—Claro que no, gracias a ti escapamos del Lazo del Diablo, y gracias a ti Voldemort no me convenció de darle la piedra, y gracias a ti estoy vivo…
—Puede ser, pero lo primero casi no tuvo importancia, además, yo no te salve…
—Claro que si, la señora Pomfrey me contó que de no ser por los hechizos que hiciste, habría muerto…— quedé sorprendida.
—Pero fueron hechizos básicos…
—Aun así, por alguna razón sirvieron…— finalizó cuando nos sentamos junto a Ron y Hermione.
Todos nos observaban indiscretamente, y hablaban sin parar.
Por suerte, Dumbledore llegó unos momentos después. Las conversaciones cesaron.
— ¡Otro año se va! —dijo alegremente Dumbledore—. Y voy a fastidiaros con la charla de un viejo, antes de que podáis empezar con los deliciosos manjares. ¡Qué año hemos tenido! Esperamos que sus cabezas estén un poquito más llenas que cuando llegaron... Ahora tienen todo el verano para dejarlas bonitas y vacías antes de que comience el próximo año... Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lugar, Gryffindor, con trescientos doce puntos; en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos veintiséis, y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.
Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Slytherin. Pude ver a Draco Malfoy golpeando la mesa con su copa. ¡Que injusticia!
—Sí, sí, bien hecho, Slytherin —dijo Dumbledore— Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.
Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slytherin se apagaron un poco.
—Así que —continuó— tengo algunos puntos de última hora para agregar. Déjenme ver. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...
Ron se puso tan colorado que parecía un rábano con insolación.
—... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con veinticinco puntos.
Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encantado, y las estrellas parecieron estremecerse. Se oyó que Percy le decía a los otros prefectos: —Es mi hermano, ¿saben? ¡Mi hermano menor! ¡Consiguió pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall!.
Por fin se hizo el silencio otra vez.
—Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con veinticinco puntos.
Hermione enterró la cara entre los brazos. Parecía que estaba llorando. Los cambios en la tabla de puntuaciones pasaban ante todos: Gryffindor estaba cincuenta más arriba.
—Tercero… A la señorita Camille Black, por su inteligencia al pensar y su valentía incondicional, se le otorga a Gryffindor cincuenta puntos más— y toda la mesa aplaudió fervientemente.
—Por último... al señor Harry Potter... —siguió Dumbledore. La sala estaba mortalmente silenciosa... —Por todo su temple y sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con setenta puntos.
El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tenía diez puntos más que Slytherine.
Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Comedor habría creído que se había producido una explosión, de tan fuertes eran los gritos que salieron de la mesa de Gryffindor. Harry, Ron, yo y Hermione nos pusimos de pie y aplaudimos felices.
Harry, sin dejar de aplaudir, me dio un codazo y señaló a Malfoy, que no podía haber estado más atónito y horrorizado si le hubieran echado el maleficio de la Inmovilidad Total.
—Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebrando la derrota de Slytherin—, que hay que hacer un cambio en la decoración.
Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor.
Snape estrechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horrible sonrisa forzada en su cara.
Parecía que la vida iba a volver a la normalidad en el año próximo, o a la normalidad típica de Hogwarts.
Aquélla fue la mejor noche de mi vida…
Nunca, jamás, olvidaría aquella noche.
Casi no recordaba ya que tenían que recibir los resultados de los exámenes, pero éstos llegaron. Para mi gran sorpresa, tanto Harry como Ron pasaron con buenas notas.
Hermione, por supuesto, fue la mejor del año, y yo le seguí, naturalmente, era imposible superarla Hasta Neville pasó a duras penas, pues sus buenas notas en Herbología compensaron los desastres en Pociones. Confiábamos en que suspendieran a Goyle, que era casi tan estúpido como malo, pero él también aprobó. Era una lástima, pero como dijo Ron, no se puede tener todo en la vida.
Y de pronto, nuestros armarios se vaciaron, nuestros equipajes estuvieron listos, el sapo de Neville apareció en un rincón del cuarto de baño... Todos los alumnos recibieron notas en las que los prevenían para que no utilizaran la magia durante las vacaciones («Siempre espero que se olviden de darnos esas notas», dijo con tristeza Fred Weasley).
Hagrid estaba allí para llevarlos en los botes que cruzaban el lago. Subimos al expreso de Hogwarts, charlando y riendo, mientras el paisaje campestre se volvía más verde y menos agreste.
— ¿Qué harán estas vacaciones?— preguntó Hermione —.Yo iré a visitar unos parientes— comentó con disgusto.
—Yo desgnomizare mi jardín— Ron, con fastidio.
—Yo volveré al orfanato— conté con angustia.
—Y yo regresaré con los Dursley—dijo Harry con tristeza y pavor.
—Es una lástima que no estés en Hogwarts en tu cumpleaños…— opinó Ron.
—Lo sé, desde mis siete años que no recuerdan mi cumpleaños.
—El mio tampoco…—murmuré para que no me escucharan.
—Por solo un mes…— se quejó.
—Oye, Harry— dije con una idea en mi cabeza.
— ¿Qué sucede Camille?
— ¿Tienen chimenea en tu hogar?
—Si, en el comedor, pero jamás la usan.
—Y… ¿Suelen estar en casa por las tardes tus tíos?
—A veces no, excepto tía Petunia, ella siempre está limpiando— dijo haciendo una mueca.
—Oh…
— ¿Por qué?
—Curiosidad…
Y a la media hora después, ya cambiados, estábamos en King Cross.
—Tienen que venir y pasar el verano conmigo —dijo Ron—, los tres. Les enviaré una lechuza.
—Gracias —respondió Harry—. Voy a necesitar alguna perspectiva agradable.
La gente nos empujaba mientras se movían hacia la estación, volviendo al mundo muggle. Algunos decían.
— ¡Adiós, Harry!
— ¡Nos vemos, Potter!
Y en un momento uno gritó:
— ¡Suerte con Black, Potter!
Provocando que ambos nos sonrojáramos, mientras Hermione y Ron reían a lo loco.
— Sigues siendo famoso —comentó Ron, con sonrisa burlona—Y ahora todos saben de tu vida amorosa.
Lo fulminé con la mirada.
—No allí adonde voy, eso te lo aseguro —respondió Harry, ignorando con un leve rubor lo último.
Los cuatro pasamos juntos a la estación.
— ¡Allí está él, mamá, allí está, míralo!
Era Ginny Weasley, la hermanita de Ron, pero no señalaba a su hermano.
—¡Harry Potter! —Chilló—. ¡Mira, mamá! Puedo ver...
—Tranquila, Ginny. Es de mala educación señalar con el dedo.
La señora Weasley nos sonrió.
— ¿Un año movido?— preguntó.
—Mucho —contestó Harry, y los cuatro reímos.
— ¿Ya estás listo?
Le preguntó bruscamente a Harry un hombre gordo, de baja estatura, con bigotes y con aire furioso plantado ante él.
Detrás, estaban una señora de delgadez extrema, similar a un ratón, y un niño regordete, ambos horrorizados.
— ¡Usted debe de ser de la familia de Harry! —exclamó la señora Weasley
—Por decirlo así —respondió receloso—. Date prisa, muchacho, no tenemos todo el día.
Dio la vuelta para ir hacia la puerta. Era un hombre desagradable.
Harry se despidió de Ron, con una sonrisa.
—Nos veremos durante el verano, entonces— le dijo.
Luego de Hermione.
—Espero que... que tengas unas buenas vacaciones —dijo Hermione, mirando insegura al tío de Harry, impresionada al igual como yo, de que fueran parientes.
—Oh, lo serán —repuso Harry, y vimos, con sorpresa, la sonrisa burlona que se extendía por su cara—.Ellos no saben que no nos permiten utilizar magia en casa. Voy a divertirme mucho este verano con Dudley…
Por último se despidió de mí, y no pude evitar darle un fuerte abrazo.
—Te voy a extrañar demasiado Potter…—y se sonrojo otra vez, pero cuando vi como me miraban todos, lo solté, agregando rápidamente: — Ya no tendré con quien meterme en líos…— miré a los tres. Y ellos sonrieron. Aunque note que Hermione me miraba significativamente.
—No te preocupes, el verano pasara rápido…— parecía poco convencido.
—Si… Además, quien dice que no me aparezco por tu casa— él se asombró.
— ¿Lo dices enserio?
—Ojala…— suspiré.
— ¡Date prisa niño!— se escuchó que le gritaban.
—Adiós— nos dijo alejándose.
— ¡Nos vemos Harry!— gritamos los tres.

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:29 pm

Cap. 6 “Cumpleaños de Harry”
Era 31 de julio. Me dirigía a la sala de recreación con una pequeña bolsa de terciopelo azul en una mano, y una fina caja rectangular en otra.
Ya le había dicho a Mrs. Honey sobre mi ausencia.
Era algo que había decidido impulsivamente, pero lo iba a hacer.
Me paré frente a la chimenea, y tome una pizca del polvo en la bolsa. La cerré y la guarde en mi abrigo. Sostuve fuertemente la caja contra mí, y lance el polvo a la chimenea, gritando claramente cada sílaba:
— Privet Drive 4, Little Whinging, Surrey
Y pareció que me succionaban por el agujero de un enchufe gigante y que estaba girando a gran velocidad... El bramido era ensordecedor... Intentaba mantener los ojos abiertos, pero el remolino de llamas verdes me mareaba... Algo duro me golpeó en el codo, así que lo sujeté contra el cuerpo, sin dejar de dar vueltas y vueltas... Luego fue como si unas manos frías me pegaran bofetadas en la cara.
Veía una borrosa sucesión de chimeneas y vislumbré imágenes de las salas que había al otro lado... Se me revolvía el estómago. Cerré los ojos de nuevo deseando que aquello cesara, y entonces... caí de bruces sobre un lustrado piso de madera.
Mareada, me recompuse con rapidez, y me pare.
De puntillas asomé la cabeza por el arco en la pared que había como salida de la habitación.
A la izquierda, había una cocina. Cuando miré dentro, estaba la mujer delgada, fregando la vajilla.
Volví al pequeño vestíbulo, donde enfrente al arco había una puerta de madera con vidrios repartidos que hacía de entrada. A la derecha, estaba un pequeño toilette, y junto a este una escalera, con una puerta disimulada que se cerraba con candado. Por un momento me pregunte si Harry estaría allí, pero descarte la idea de inmediato.
Subí la escalera, y me encontré con un pequeño pasillo con cuatro puertas.
De un lado había un baño, y la habitación de algún acumulador, lleno de juguetes rotos, (seguro del niño regordete) pensé.
Del otro lado estaban la habitación principal, y junto, en una alcoba pequeña, estaba la jaula de Hedwig. El dormitorio de Harry consistía en una cama y un mueble para la ropa, demasiado pequeño.
También pude ver que había una única ventana. ¿Acaso era un dormitorio o una cárcel? Y, además, ¿Dónde estaba mi amigo?
Me asomé a la ventana, y pude verlo sentado en un banco en el jardín.
Baje con sigilo las escaleras, y salí por la puerta principal, rodee la casa, salté el cerco, y me encontré en el jardín.
Me acerqué en silencio, hasta que lo oí decir:
— ¿Acaso fue un sueño? ¿Nadie se acuerda de mí?
Fue como si estrujaran mi corazón… ¡Pobre Harry! ¿No habría recibido mis cartas? ¿Ron y Hermione no le enviaron nada?
—Harry…— llamé en voz baja. El volteo sorprendido.
— ¿Camille?
—Supongo que si— respondí mirándome los brazos y tocando mi cara, provocando que el riera tontamente.
— ¿Qué haces aquí? Es imposible…
—Con magia todo es posible— guiñe el ojo —.Pero… creí que te alegrarías más al verme… Ni siquiera un abrazo o un “Oh, Camille eres tan buena amiga”— reproché con dramatismo—; si quieres que me vaya, no hay problema— hice un ademán de irme, y de repente el vino y me abrazo.
—Eres muy buena amiga Camille— le devolví el abrazo.
—Lo sé—comenté riendo.
Nos sentamos juntos a hablar. Hasta que a los quince minutos:
—… es cierto, y encima preguntó “¿Por qué?”— reímos, estábamos recordando a Ron y sus idioteces con Hermione.
—Yo creo que tiene que hacer algo, es obvio que algo sienten… Tal vez de mayores, pero deben estar juntos. La verdad, odio cuando las personas no aceptan que se gustan ¿No crees?
Desvió su mirada a un árbol, nervioso. Pero cuando estaba a punto de responder se sobresalto.
— ¡¿Viste eso?!— giré para ver lo que señalaba, y me topé con dos grandes ojos verdes…
— ¿Pero que…?
Una voz burlona resonó detrás de nosotros en el jardín y Harry se puso de pie de un salto, por lo que supuse debía esconderme, así que me acosté en el banco, de modo que el respaldo me tapara.
—Sé qué día es hoy —canturreó una voz chillona detrás nuestro.
Los ojos grandes se cerraron y desaparecieron.
— ¿Qué?—preguntó Harry, sin apartar la vista del lugar por donde habían desaparecido.
—Sé qué día es hoy —repitió el niño.
—Enhorabuena -respondió Harry—. ¡Por fin has aprendido los días de la semana!— contuve una risa.
—Hoy es tu cumpleaños —dijo con sorna—. ¿Cómo es que no has recibido postales de felicitación? ¿Ni siquiera en aquel monstruoso lugar has hecho amigos?— aquello me provocó impotencia.
—Procura que tu mamá no te oiga hablar sobre mi colegio —contestó Harry con frialdad.
— ¿Por qué miras el seto? —preguntó con recelo.
—Estoy pensando cuál sería el mejor conjuro para prenderle fuego —dijo Harry.
—No..., no puedes... Papá dijo que no harías ma-magia... Ha dicho que te echará de casa..., y no tienes otro sitio donde ir..., no tienes amigos con los que quedarte...
¡JA! Si supiera que Harry tenía una cola de personas que lo querían y estarían dispuestos a acogerlo en su hogar…
— ¡Abracadabra! —dijo Harry con voz enérgica—. ¡Pata de cabra! ¡Patatum, patatam!— yo solo podía escuchar, pero estaba segura de que el niño estaría aterrorizado.
— ¡Mamaaaaaaá! —Vociferó—, ¡mamaaaaaaá! ¡Harry está haciendo lo que tú sabes!
¿Así de tontos sonamos al temer decir el nombre de Voldemort? Que vergüenza…
Harry comenzó a reír, seguido por mi.
—Debes saber que me castigaran por esto… Deberías volver…— dijo apenado.
—Oh, descuida, te haré compañía— sonreí.
—Aguarda a que te tiré la capa de invisibilidad…— y dicho esto se oyeron unos pasos, así que me volví a esconder. Esta vez, encontré un pequeño agujero para ver.
La señora-ratón salió con una sartén enjabonada, y a pesar de ver todo intacto, trato de golpear a Harry en la cabeza, pero él la esquivo. ¡Era una monstruosidad! Por un momento me vi tentada a lanzar un hechizo, pero castigarían a Harry…
Luego lo obligó a hacer tareas, amenazándolo con que no comería hasta acabar.
Harry limpió las ventanas, lavó el coche, cortó el césped, recortó los arriates, podó y regó los rosales y dio una capa de pintura al banco del jardín, claro que lo ayude, a pesar de sus quejas de que era su castigo.
Finalmente a las siete de la tarde lo llamó, y el me indico que esperara bajo la ventana.
Minutos después me arrojó la capa.
La puse sobre mi cabeza, y aproveche a entrar con una pareja que llegaba.
Subí las escaleras con cuidado de no hacer ruido y entré en la habitación de Harry, cerrando la puerta detrás mio.
Pero allí me encontré con algo extraño. Una especie de criatura de grandes orejas como alas de murciélago, y unos ojos verdes como pelotas de tenis, los mismos que en el árbol. Al parecer estaban hablando, así que por las dudas no me saqué la capa, ya que no notaron mi presencia.
—Harry Potter —dijo la criatura con una voz tan aguda que de seguro que se había oído en el piso de abajo—, hace mucho tiempo que Dobby quería conocerle, señor... Es un gran honor...
—Gra-gracias —respondió Harry, que avanzando pegado a la pared alcanzó la silla del escritorio y se sentó. A su lado estaba Hedwig, dormida en su gran jaula.
— ¿Quién es usted?
—Dobby, señor. Dobby a secas. Dobby, el elfo doméstico —contestó la criatura.
— ¿De verdad? —dijo Harry— Bueno, no quisiera ser descortés, pero no me conviene precisamente ahora recibir en mi dormitorio a un elfo doméstico.
El elfo bajó la cabeza.
—Estoy encantado de conocerlo —se apresuró a añadir Harry—. Pero, en fin, ¿ha venido por algún motivo en especial?
—Sí, señor —contestó Dobby con franqueza—. Dobby ha venido a decirle, señor..., no es fácil, señor... Dobby se pregunta por dónde empezar...
—Siéntese —dijo Harry educadamente, señalando la cama.
El elfo rompió a llorar, y además, ruidosamente.
— ¡Sen-sentarme! —gimió—. Nunca, nunca en mi vida...
Me pareció oír que en el piso de abajo hablaban entrecortadamente, lo cual pareció poner a Harry nervioso.
—Lo siento —murmuró—, no quise ofenderle.
— ¡Ofender a Dobby! —repuso el elfo con voz disgustada—. A Dobby ningún mago le había pedido nunca que se sentara..., como si fuera un igual.
Harry, hizo un “¡Chhss!” sin dejar de parecer hospitalario, indicó a Dobby un lugar en la cama, y el elfo se sentó hipando. Parecía un muñeco grande y muy feo. Por fin consiguió reprimirse y se quedó con los ojos fijos en Harry, mirándole con devoción.
—Se ve que no ha conocido a muchos magos educados —dijo Harry.
Dobby negó con la cabeza. A continuación, sin previo aviso, se levantó y se puso a darse golpes con la cabeza contra la ventana, gritando: — ¡Dobby malo! ¡Dobby malo!
—No..., ¿qué está haciendo? —Harry dio un bufido, se acercó al elfo de un salto y tiró de él hasta devolverlo a la cama. Hedwig se acababa de despertar dando un fortísimo chillido y se puso a batir las alas furiosamente contra las barras de la jaula.
—Dobby tenía que castigarse, señor —explicó el elfo, que se había quedado un poco bizco—. Dobby ha estado a punto de hablar mal de su familia, señor.
— ¿Su familia?
—La familia de magos a la que sirve Dobby, señor. Dobby es un elfo doméstico, destinado a servir en una casa y a una familia para siempre.
— ¿Y saben que está aquí? —preguntó Harry.
Dobby se estremeció.
—No, no, señor, no... Dobby tendría que castigarse muy severamente por haber venido a verle, señor. Tendría que pillarse las orejas en la puerta del horno, si llegaran a enterarse.
Eso me pareció muy horrible, ¿¡Que era acaso, un masoquista activo!?
—Pero ¿no advertirán que se ha pillado las orejas en la puerta del horno?
—Dobby lo duda, señor. Dobby siempre se está castigando por algún motivo, señor. Lo dejan de mi cuenta, señor. A veces me recuerdan que tengo que someterme a algún castigo adicional.
—Pero ¿por qué no los abandona? ¿Por qué no huye?
—Un elfo doméstico sólo puede ser libertado por su familia, señor. Y la familia nunca pondrá en libertad a Dobby... Dobby servirá a la familia hasta el día que muera, señor.
Harry lo miró fijamente con aquellos ojos verdes… ¡Camille! ¡Detente!
—Y yo que me consideraba desgraciado por tener que pasar otras cuatro semanas aquí —dijo—. Lo que me cuenta hace que los Dursley parezcan incluso humanos. ¿Y nadie puede ayudarle? ¿Puedo hacer algo?— Que bondadoso de su parte….
Dobby se deshizo de nuevo en gemidos de gratitud.
—Por favor —susurró Harry desesperado—, por favor, no haga ruido. Si los Dursley le oyen, si se enteran de que está usted aquí...— me estremecí de solo pensarlo.
—Harry Potter pregunta si puede ayudar a Dobby... Dobby estaba al tanto de su grandeza, señor, pero no conocía su bondad...—
Y no solo eso, Harry estaba lleno de cualidades… Bueno… Yo, eh…es evidente para todos…
Harry, ruborizado, dijo:
—Sea lo que fuere lo que ha oído sobre mi grandeza, no son más que mentiras. Ni siquiera soy el primero de la clase en Hogwarts, es Hermione, ella...— sonreí, era demasiado modesto, aunque era verdad, Hermione era una de las mejores estudiantes en Hogwarts.
—Harry Potter es humilde y modesto —dijo Dobby, respetuoso. Le resplandecían los ojos grandes y redondos— Harry Potter no habla de su triunfo sobre El-que-no-debe-ser-nombrado.
Odio cuando no dicen su nombre, como si fuese a aparecer a mataros…
— ¿Voldemort? —preguntó Harry, quien también lo llamaba por su nombre.
Dobby se tapó los oídos con las manos y gimió:
— ¡Señor, no pronuncie ese nombre! ¡No pronuncie ese nombre!
— ¡Perdón! —se apresuró a decir—. Sé de muchísima gente a la que no le gusta que se diga..., mi amigo Ron...
Se detuvo. ¿Qué le pasaba?
Dobby se inclinó hacia Harry, con los ojos tan abiertos como faros.
—Dobby ha oído —dijo con voz quebrada—, que Harry Potter tuvo un segundo encuentro con el Señor Tenebroso, hace sólo unas semanas..., y que Harry Potter escapó nuevamente.
Harry asintió con la cabeza, y a Dobby se le llenaron los ojos de lágrimas.
— ¡Ay, señor! —Exclamó, frotándose la cara con una punta del sucio almohadón que llevaba puesto — ¡Harry Potter es valiente y arrojado! ¡Ha afrontado ya muchos peligros! Pero Dobby ha venido a proteger a Harry Potter, a advertirle, aunque más tarde tenga que pillarse las orejas en la puerta del horno, de que Harry Potter no debe regresar a Hogwarts. — ¿A qué se refería?
Hubo un silencio, sólo roto por el tintineo de tenedores y cuchillos que venía del piso inferior, y el distante rumor de la voz del tío de Harry.
— ¿Qué-qué? —Tartamudeó Harry—. Pero si tengo que regresar; el curso empieza el 1 de septiembre. Eso es lo único que me ilusiona. Usted no sabe lo que es vivir aquí. Yo no pertenezco a esta casa, pertenezco al mundo de Hogwarts.
Cada vez me daban más ganas de sacar a Harry de este lugar, pero era una tontería, ¡Si ni siquiera tengo casa propia!
—No, no, no —chilló Dobby, sacudiendo la cabeza con tanta fuerza que se daba golpes con las orejas—. Harry Potter debe estar donde no peligre su seguridad. Es demasiado importante, demasiado bueno, para que lo perdamos. Si Harry Potter vuelve a Hogwarts, estará en peligro mortal.
En lo primero tenía razón, y si lo del peligro fuese cierto… Aunque doliese tendría que quedarse…
— ¿Por qué? —preguntó Harry sorprendido.
—Hay una conspiración, Harry Potter. Una conspiración para hacer que este año sucedan las cosas más terribles en el Colegio Hogwarts de Magia —susurró Dobby, sentí un temblor repentino por todo el cuerpo—. Hace meses que Dobby lo sabe, señor. Harry Potter no debe exponerse al peligro: ¡es demasiado importante, señor!
— ¿Qué cosas terribles? —Preguntó inmediatamente Harry—. ¿Quién las está tramando?
Dobby hizo un extraño ruido ahogado y acto seguido se empezó a golpear la cabeza furiosamente contra la pared.
— ¡Está bien! —gritó Harry, sujetando al elfo del brazo para detenerlo—. No puede decirlo, lo comprendo. Pero ¿por qué ha venido usted a avisarme? —y un segundo después gritó —. ¡Un momento! Esto no tiene nada que ver con Vol..., perdón, con Quien-usted-sabe, ¿verdad? Basta con que asiente o niegue con la cabeza —añadió apresuradamente, porque Dobby ya se disponía a golpearse de nuevo contra la pared.
Dobby movió lentamente la cabeza de lado a lado.
—No, no se trata de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado, señor.
Pero Dobby tenía los ojos muy abiertos y parecía que trataba de darle una pista.
—Él no tiene hermanos, ¿verdad?
Dobby negó con la cabeza, con los ojos más abiertos que nunca.
— Bueno, siendo así, no puedo imaginar quién más podría provocar que en Hogwarts sucedieran cosas terribles —dijo Harry—. Quiero decir que, además, allí está Dumbledore. ¿Sabe usted quién es Dumbledore?
Dobby hizo una inclinación con la cabeza.
—Albus Dumbledore es el mejor director que ha tenido Hogwarts. Dobby lo sabe, señor. Dobby ha oído que los poderes de Dumbledore rivalizan con los de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado. Pero, señor —la voz de Dobby se transformó en un apresurado susurro—, hay poderes que Dumbledore no..., poderes que ningún mago honesto...
Y antes de que Harry pudiera detenerlo, Dobby saltó de la cama, cogió la lámpara de la mesa de Harry y empezó a golpearse con ella en la cabeza lanzando unos alaridos que destrozaban los tímpanos.
En el piso inferior se hizo un silencio repentino. Dos segundos después, se oyó que alguien se acercaba, explicando en voz alta:
— ¡Dudley debe de haberse dejado otra vez el televisor encendido, el muy tunante!
— ¡Rápido! ¡En el ropero! —dijo Harry, empujando a Dobby, cerrando la puerta y echándose en la cama en el preciso instante en que giraba el pomo de la puerta. De inmediato me tensé.
— ¿Qué demonios estás haciendo? —Preguntó tío Vernon rechinando los dientes, su cara espantosamente cerca de la de Harry—. Acabas de arruinar el final de mi chiste sobre el jugador japonés de golf... ¡Un ruido más, y desearás no haber nacido, mocoso!
Tuve que tratar de no soltar un Cruciato… ¿Cómo podía decirle eso a Harry?
Salió de la habitación pisando fuerte con sus pies planos.
Harry, temblando, abrió la puerta del armario y dejó salir a Dobby.
— ¿Se da cuenta de lo que es vivir aquí? —le dijo— ¿Ve por qué debo volver a Hogwarts? Es el único lugar donde tengo..., bueno, donde creo que tengo amigos.
En ese momento realmente deseaba abrazarlo y decirle “Claro que no, Nosotros somos tus amigos dentro o fuera de Hogwarts”, pero realmente quería seguir escuchando
— ¿Amigos que ni siquiera escriben a Harry Potter? —preguntó maliciosamente.
—Supongo que habrán estado... ¡Un momento! —dijo Harry, frunciendo el entrecejo—. ¿Cómo sabe usted que mis amigos no me han escrito?
Dobby cambió los pies de posición.
—Harry Potter no debe enfadarse con Dobby. Dobby pensó que era lo mejor...
¡OH! Elfo malvado…
— ¿Ha interceptado usted mis cartas?
—Dobby las tiene aquí, señor —dijo el elfo, y escapando ágilmente del alcance de Harry, extrajo un grueso fajo de sobres del almohadón que llevaba puesto. Pude distinguir la esmerada caligrafía de Hermione, los irregulares trazos de Ron, mi propia letra, y hasta un garabato que parecía salido de la mano de Hagrid, el guardabosque de Hogwarts.
Dobby, inquieto, miró a Harry y parpadeó.
—Harry Potter no debe enfadarse... Dobby pensaba... que si Harry Potter creía que sus amigos lo habían olvidado... Harry Potter no querría volver al colegio, señor.
El pelinegro no escuchaba. Se abalanzó sobre las cartas, pero Dobby lo esquivó.
—Harry Potter las tendrá, señor, si le da a Dobby su palabra de que no volverá a Hogwarts. ¡Señor, es un riesgo que no debe afrontar! ¡Dígame que no irá, señor!
— ¡Iré! —exclamó Harry enojado—. ¡Deme las cartas de mis amigos!
—Entonces, Harry Potter no le deja a Dobby otra opción —dijo apenado el elfo.
Antes de que Harry pudiera hacer algún movimiento, Dobby se había lanzado como una flecha hacia la puerta del dormitorio, la había abierto y había bajado las escaleras corriendo.
Harry salió detrás de él, intentando no hacer ruido. Saltó los últimos seis escalones, cayó como un gato sobre la alfombra del recibidor y buscó a Dobby. Del comedor venía la voz del tío de Harry, que decía:
—... señor Mason, cuéntele a Petunia aquella divertida anécdota de los fontaneros americanos, se muere de ganas de oírla...
Harry cruzó el vestíbulo, y al llegar a la cocina, se detuvo en seco, y por poco me tropiezo con el, ya que yo iba corriendo detrás.
Un pudín magistral, un montículo de nata y violetas de azúcar, flotaba cerca del techo. Dobby estaba en cuclillas sobre el armario que había en un rincón.
—No —rogó Harry con voz ronca—. Se lo ruego..., me matarán…
—Harry Potter debe prometer que no irá al colegio.
—Dobby..., por favor...
—Dígalo, señor...
— ¡No puedo!
—Entonces Dobby tendrá que hacerlo, señor, por el bien de Harry Potter.
Dobby soltó el pudin, pero como un rayo, en segundos, solté la capa, y corriendo atrape el pudín a tiempo, pero me sostuve de la mesada de baldosa lustrosa, y tiré unos platos que provocaron un estruendoso sonido al romperse contra el piso embaldosado.
Dobby desapareció.
Del comedor llegaron unos alaridos y el tío de Harry entró de sopetón en la cocina, hallando a Harry paralizado por el susto, y a mí con el pudin en manos, y los platos a mis pies, destrozados.
Al verme, se puso como un tomate. Deje rápidamente el pudin en su lugar, y solté un torpe:
—Hola…
Llevó a los impresionados Mason de nuevo al comedor, prometió a Harry que, en cuanto se fueran, lo desollaría vivo, y en cuanto a mi me hecho de inmediato, pero antes tomé la capa, y para su sorpresa desaparecí, (aunque seguía allí), quedando en su cara una mueca de horror.
La tía de Harry llevó el pudin, mirando con recelo a Harry.
En el preciso instante en que la mujer estaba ofreciendo a sus invitados un poco de pudin, una lechuza penetró por la ventana del comedor, dejó caer una carta sobre la cabeza de la señora Mason y volvió a salir. La señora Mason gritó como una histérica y huyó de la casa exclamando algo sobre los locos. El señor Mason se quedó sólo lo suficiente para explicarles a los Dursley que su mujer tenía pánico a los pájaros de cualquier tipo y tamaño, y para preguntarles si aquélla era su forma de gastar bromas.
Harry estaba en la cocina, cuando su tío avanzó hacia él con un destello demoníaco en sus ojos diminutos.
— ¡Léela! —gritó hecho una furia y blandiendo la carta que había dejado la lechuza—. ¡Vamos, léela!
Harry la cogió. No se trataba de ninguna felicitación por su cumpleaños.
“Estimado Señor Potter:
Hemos recibido la información de que un hechizo levitatorio ha sido usado en su lugar de residencia esta misma noche a las nueve y doce minutos. Como usted sabe, a los magos menores de edad no se les permite realizar conjuros fuera del recinto escolar y reincidir en el uso de la magia podría acarrearle la expulsión del colegio (Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad, 1875, artículo tercero). Asimismo le recordamos que se considera falta grave realizar cualquier actividad mágica que entrañe un riesgo de ser advertida por miembros de la comunidad no mágica o muggles (Sección decimotercera de la Confederación Internacional del Estatuto del Secreto de los Brujos).
¡Que disfrute de unas buenas vacaciones!
Afectuosamente,
Mafalda Hopkirk
Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia
Ministerio de Magia”
Harry levantó la vista de la carta y tragó saliva.
—No nos habías dicho que no se te permitía hacer magia fuera del colegio —dijo, con una chispa de rabia en los ojos—. Olvidaste mencionarlo... Un grave descuido, me atrevería a decir...
Se echaba por momentos encima de Harry como un gran buldog, enseñando los dientes.
—Bueno, muchacho, ¿sabes qué te digo? Te voy a encerrar... Nunca regresarás a ese colegio... Nunca... Y si utilizas la magia para escaparte, ¡te expulsarán!
Y, riéndose como un loco, lo arrastró escaleras arriba, yo me escabullí detrás de él, en silencio, tratando de no matar a alguien.
Lo arrojó sobre la cama, y aproveché para entrar.
— ¡Ya verás con quien te metiste mocoso!
Y se fue, cerrando la puerta con llave.
Me quité la capa, y me senté a su lado, se veía triste.
—Son monstruos, Harry…-
—Lo sé.
—No sé cómo me contuve de transformarlos en ratones…—murmuré más para mí —pero si lo hubiese hecho, habrías salido perjudicado tú, y no valía la pena…
—Descuida, lo único que me preocupa es que en verdad no me permitan ir a Hogwarts.
—Oh, descuida, yo me encargaré de eso— sonreí con malicia.
Pero algo llamó mi atención. Un paquete fino, rectangular, envuelto y con moño estaba sobre la cómoda de Harry.
— ¡Lo olvidaba!— y tomé el regalo, para luego volver a sentarme junto a Harry.
— ¡Feliz cumpleaños!— y él sonrió, agarrando el paquete.
— ¡Gracias Camille!
Lo abrió, y dejó ver un diario tapizado de cuero rojo, con el escudo de Gryffindor, y una gran pluma negra con motas amarillas junto a un tintero de cristal.
—Es un diario, y una pluma invisibles.
—Pero… Yo los puedo ver perfectamente…— me eché a reír.
—No, me refiero a que lo que escribes no se ve…— tomé el diario y la pluma, mojé la punta en la tinta, y escribí. — ¿Ves? Bueno, de hecho, no lo ves, pero sabes a qué me refiero…
Le entregué de nuevo las cosas.
—Pruébalo
Dudoso, mojo la pluma en tinta y escribió algo. Naturalmente, no pude ver nada.
— ¿Sabes? Existe un hechizo para ver la tinta invisible…— se puso nervioso, pero antes de que pudiera hacer algo, susurré: — ¡Aparecium!— y ante nosotros, apareció lo escrito, y volví a reír a carcajadas silenciosas.
Decía algo así:
Harry, te quiero, Camille. Y debajo, resaltaba con la letra desprolija de Harry:
Camille Y Harry.
El pobre estaba rojo como un tomate.
—Buen chiste Harry, pero Fred y George me han hecho caer en peores.
De repente una mueca de confusión apareció en su rostro, pero enseguida comenzó a reírse.
—Tienes razón, lo siento…
Y así pasamos la noche, riendo y hablando de nuestros amigos en Hogwarts.
Hice aparecer una bolsa de dormir, pero Harry me insistió en que yo durmiera en la cama, y el en la bolsa. Luego de un largo debate, termine durmiendo yo en la cama y él en el suelo.
Al día siguiente, tuve que usar la capa de nuevo, ya que su tío mandó a colocar rejas en la ventana ¡Tremendo desalmado!
Y así pasaron tres días. No le permitían salir más que un rato a la mañana, y le daban una miseria de comida… Claro que traía comida por las dudas, aunque lo mejor que encontré, fue un sándwich de pollo…
En ese momento, se abrió la gatera y apareció la mano de Petunia, que introdujo en la habitación un cuenco de sopa de lata.
—Es horrible…— murmuré — ¿Cómo es que te tratan así?
—Creo que es algo a lo que te acostumbras…— dijo dándole sopa a Hedwig.
—Deberíamos pediré auxilio a Ron, o a Hermione…
—Tú deberías volver, estoy seguro que donde estas es mejor que esto— abrió los brazos para referirse a la habitación — ¿Por qué no has regresado?— preguntó poco convencido, sentándose en la cama.
— ¿Y dejarte sólo? ¿Es broma? Eres mi mejor amigo Harry, no te voy a abandonar con esta gente.
Me senté a su lado, poniendo mi brazo sobre su hombro.
—Aunque, la idea de llevarte conmigo no es tan mala…— pensé en voz alta— Seguro que te tratan mejor que aquí…
—No sabes cuánto me gustaría escaparme…
— ¿Y entonces?
—Bueno… No lo sé, supongo que me aferró a que tengo alguien...
—Gracias por lo que me toca— simulé ofenderme.
—No es eso, me refiero a que, al fin y al cabo, son… familia…— dijo con asco.
Seguimos hablando, hasta que se quedó dormido. Eso de hacer los deberes por la noche era una locura.
Me recosté en la bolsa de dormir, a leer un libro de hechizos del año anterior, hasta que también caí en el sueño.
—… ¡Para!...—gritó Harry, despertándome—. Déjame en paz... Basta ya..., estoy intentando dormir...
¿Qué? Pero si yo no había hecho nada. Abrí los ojos, y me encontré con que una incandescente inundaba la pequeña habitación.
— ¡Ron!— gritó Harry, encaramándose a la ventana y abriéndola para poder hablar con él a través de la reja—. Ron, ¿cómo has logrado...? ¿Qué...?
Harry se quedó boquiabierto al darse cuenta de lo que veía. Ron sacaba la cabeza por la ventanilla trasera de un viejo coche de color azul turquesa que estaba detenido ¡ni más ni menos que en el aire! Sonriendo a Harry desde los asientos delanteros, estaban Fred y George, los hermanos gemelos de Ron, que eran mayores que él.
— ¿Todo bien, Harry?
— ¿Qué ha pasado? —Preguntó Ron—. ¿Por qué no has contestado a mis cartas? Te he pedido unas doce veces que vinieras a mi casa a pasar unos días, y luego mi padre vino un día diciendo que te habían enviado un apercibimiento oficial por utilizar la magia delante de los Muggles.
—No fui yo. Pero ¿cómo se enteró?
—Trabaja en el Ministerio —contestó Ron—. Sabes que no podemos hacer ningún conjuro frente a los Muggles fuera del colegio.
— ¡Tiene gracia que tú me lo digas! —repuso Harry, echando un vistazo al coche flotante.
— ¡Esto no cuenta! — Explicó Ron—. Sólo lo hemos cogido prestado. Es de mi padre, nosotros no lo hemos encantado. Pero hacer magia delante de esos muggles los que vives...
—No he sido yo, ya te lo he dicho..., pero es demasiado largo para explicarlo ahora. Mira, puedes decir en Hogwarts que los Dursley me tienen encerrado y que no podré volver al colegio, y está claro que no puedo utilizar la magia para escapar de aquí, porque el ministro pensaría que es la segunda vez que utilizo conjuros en tres días, de forma que...
—Deja de decir tonterías —dijo Ron— Hemos venido para llevarte a casa con nosotros.
—Pero tampoco ustedes pueden utilizar la magia para sacarme... Podrían verlos…
—No la necesitamos —repuso Ron, señalando con la cabeza hacia los asientos delanteros y sonriendo—. Recuerda a quién he traído conmigo.
—Ata esto a la reja —dijo Fred, arrojándole un cabo de cuerda.
—Si los Dursley se despiertan, me matan —comentó Harry, atando la soga a uno de los barrotes. Fred aceleró el coche.
—No te preocupes —dijo Fred— y apártate.
Harry se retiró al fondo de la habitación, donde estaba Hedwig, que parecía haber comprendido que la situación era delicada y se mantenía inmóvil y en silencio. El coche aceleró más y más, y de pronto, con un sonoro crujido, la reja se desprendió limpiamente de la ventana mientras el coche salía volando hacia el cielo. Harry corrió a la ventana y vio que la reja había quedado colgando a sólo un metro del suelo. Entonces Ron fue recogiendo la cuerda hasta que tuvo la reja dentro del coche.
Después de que Ron dejara la reja en el asiento trasero, a su lado, Fred dio marcha atrás para acercarse tanto como pudo a la ventana de Harry.
—Entra —dijo Ron.
—Pero, espera…— y se acercó a mí, aunque yo estaba despierta.
—Vamos Camille.
—Harry, tus cosas…— murmuré levantándome. Cuando Ron y sus hermanos me vieron, abrieron los ojos más allá de lo que se debería, y parecían estar conteniéndose.
—Todas mis cosas de Hogwarts... Mi varita mágica, mi escoba...—dijo a Ron.
— ¿Dónde están?
—Guardadas bajo llave en la alacena de debajo de las escaleras. Y yo no puedo salir de la habitación.
—No te preocupes —dijo George desde el asiento del acompañante—. Quítate de ahí, Harry.
Fred y George entraron en la habitación de Harry trepando con cuidado por la ventana.
Cuando pasaron junto a mí, dijeron:
—Camille, vaya sorpresa— comentó George con picardía.
—Ya hablaremos contigo seriamente, niña— me dijo Fred riendo.
George se sacó del bolsillo una horquilla del pelo para forzar la cerradura.
—Muchos magos creen que es una pérdida de tiempo aprender estos trucos muggles —observó Fred—, pero nosotros opinamos que vale la pena adquirir estas habilidades, aunque sean un poco lentas.
Se oyó un ligero «clic» y la puerta se abrió.
—Bueno, nosotros bajaremos a buscar tus cosas. Recoge todo lo que necesites de tu habitación y ve dándoselo a Ron por la ventana —susurró George.
—Tengan cuidado con el último escalón, porque cruje —les susurró Harry mientras los gemelos se internaban en la oscuridad.
Harry fue cogiendo sus cosas de la habitación y me las pasaba para que se las diese a Ron a través de la ventana. Luego ayudó a Fred y a George a subir el baúl por las escaleras. Oí toser al tío de Harry.
Una vez en el rellano, llevaron el baúl a través de la habitación de Harry hasta la ventana abierta. Fred pasó al coche para ayudar a Ron a subir el baúl, mientras Harry y George lo empujaban desde la habitación. Centímetro a centímetro, el baúl fue deslizándose por la ventana.
Su tío volvió a toser.
—Un poco más —dijo jadeando Fred, que desde el coche tiraba del baúl—, empujen con fuerza...
Harry y George empujaron con los hombros, y el baúl terminó de pasar de la ventana al asiento trasero del coche.
—Estupendo, vámonos —dijo George en voz baja. Me subí primero junto a Ron, pero al subir al alféizar de la ventana Harry, se oyó un potente chillido detrás de él, seguido por la atronadora voz de su tío.
— ¡ESA MALDITA LECHUZA!
— ¡Me olvidaba de Hedwig!
Harry cruzó a toda velocidad la habitación al tiempo que se encendía la luz del rellano. Cogió la jaula de Hedwig, volvió velozmente a la ventana, y me la paso.
Él estaba subiendo al alféizar cuando el hombre aporreó la puerta, y ésta se abrió de par en par.
Durante una fracción de segundo, el señor Dursley se quedó inmóvil en la puerta; luego soltó un mugido como el de un toro furioso y, abalanzándose sobre Harry, lo agarró por un tobillo.
Ron, Fred, yo y George lo asimos a su vez por los brazos, y tiramos de él todo lo posible
— ¡Petunia! —bramó —. ¡Se escapa! ¡SE ESCAPA!
Pero los Weasley tiraron con más fuerza, y el tío tuvo que soltar la pierna de Harry. Tan pronto como éste se encontró dentro del coche y hubo cerrado la puerta con un portazo, gritó Ron:
— ¡Fred, aprieta el acelerador!
Y el coche salió disparado en dirección a la luna.
Harry bajó la ventanilla y, con el aire azotándole los cabellos, volvió la vista para ver alejarse los tejados de Privet Drive. Sus tíos y Dudley estaban asomados a la ventana de Harry, alucinados.
— ¡Hasta el próximo verano! —gritó Harry.
Los Weasley y yo reímos a carcajadas, y Harry se recostó en el asiento, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Suelta a Hedwig —dijo a Ron— y que nos siga volando. Lleva un montón de tiempo sin poder estirar las alas.
George le pasó la horquilla a Ron y, en un instante, Hedwig salía alborozada por la ventanilla y se quedaba planeando al lado del coche, como un fantasma.
—Entonces… Harry, ¿Por qué no comienzas contándonos que hacía Camille contigo- dijo George mirándome de reojo. Enseguida me sonroje.
—Vino de visita.
—Vine de visita— Rápidamente ambos contestamos al mismo tiempo. Los hermanos se miraron entre sí, y luego a nosotros.
—Más les vale, sabrás bien que ahora vas a ser como nuestra segunda hermanita—explicó Fred.
—Oh, de verdad no se preocupen, solo somos amigos—aclaró Harry.
—Bueno… supongo que está bien— dijo Ron zanjando el tema—Ahora cuéntame por qué no respondías mis cartas— y Harry y yo procedimos a narrarle lo sucedido.
—Muy sospechoso — opinó finalmente Fred.
—Me huele mal —corroboró George—. ¿Así que ni siquiera te dijo quién estaba detrás de todo?
—Creo que no podía —dijo Harry—, ya les he dicho que cada vez que estaba a punto de irse de la lengua, empezaba a darse golpes contra la pared.
Fred y George se miraban.
— ¿Creen que me estaba mintiendo? —preguntó Harry.
—Bueno —repuso Fred—, tengamos en cuenta que los elfos domésticos tienen mucho poder mágico, pero normalmente no lo pueden utilizar sin el permiso de sus amos. Me da la impresión de que enviaron al viejo Dobby para impedirte que regresaras a Hogwarts. Una especie de broma. ¿Hay alguien en el colegio que tenga algo contra ti?-
—Sí —respondimos yo, Harry y Ron al unísono.
—Draco Malfoy —dijo Harry—. Me odia.-
— ¿Draco Malfoy? —dijo George, volviéndose—. ¿No es el hijo de Lucius Malfoy?
—Supongo que sí, porque no es un apellido muy común —contestó Harry—. ¿Por qué lo preguntas?
—He oído a mi padre hablar mucho de él —dijo George—. Fue un destacado partidario de Quien-tú-sabes.
—Y cuando desapareció Quien-tú-sabes —dijo Fred, estirando el cuello para hablar con Harry—, Lucius Malfoy regresó negándolo todo. Mentiras... Mi padre piensa que él pertenecía al círculo más próximo a Quien-tú-sabes.-
Malfoy era malvado, pero… ¿Tanto como para mantener una relación con Voldemort…?
—No sé si los Malfoy poseerán un elfo —dijo Harry.
—Bueno, sea quien sea, tiene que tratarse de una familia de magos de larga tradición, y tienen que ser ricos —observó Fred.
—Sí, mamá siempre está diciendo que querría tener un elfo doméstico que le planchase la ropa —dijo George—. Pero lo único que tenemos es un espíritu asqueroso y malvado en el ático, y el jardín lleno de gnomos. Los elfos domésticos están en grandes casas solariegas y en castillos y lugares así, y no en casas como la nuestra.
Harry estaba callado.
—De cualquier manera, estoy muy contento de que hayamos podido rescatarte —dijo Ron—. Me estaba preocupando que no respondieras a mis cartas. Al principio le echaba la culpa a Errol...
— ¿Quién es Errol?
—Nuestra lechuza macho. Pero está viejo. No sería la primera vez que le da un colapso al hacer una entrega. Así que intenté pedirle a Percy que me prestara a Hermes...
— ¿Quién?
—La lechuza que nuestros padres compraron a Percy cuando lo nombraron prefecto —dijo Fred desde el asiento delantero.
—Pero Percy no me la quiso dejar —añadió Ron—. Dijo que la necesitaba él.
—Este verano, Percy se está comportando de forma muy rara —dijo George, frunciendo el entrecejo—. Ha estado enviando montones de cartas y pasando muchísimo tiempo encerrado en su habitación... No puede uno estar todo el día sacando brillo a la insignia de prefecto. Te estás desviando hacia el oeste, Fred —añadió, señalando un indicador en el salpicadero. Fred giró el volante.
— ¿Su padre sabe que se llevaron el coche? —preguntó Harry, adiviné la respuesta.
—Esto..., no —contestó Ron—, esta noche tenía que trabajar. Espero que podamos dejarlo en el garaje sin que nuestra madre se dé cuenta de que nos lo hemos llevado. -
— ¿Qué hace su padre en el Ministerio de Magia?-
—Trabaja en el departamento más aburrido —contestó Ron—: el Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles.
— ¿El qué?— pregunté.
—Se trata de cosas que han sido fabricadas por los muggles pero que alguien las encanta, y que terminan de nuevo en una casa o una tienda muggle. Por ejemplo, el año pasado murió una bruja vieja, y vendieron su juego de té a un anticuario. Una mujer muggle lo compró, se lo llevó a su casa e intentó servir el té a sus amigos. Fue una pesadilla. Nuestro padre tuvo que trabajar horas extras durante varias semanas.
— ¿Qué ocurrió?
—Pues que la tetera se volvió loca y arrojó un chorro de té hirviendo por toda la sala, y un hombre terminó en el hospital con las tenacillas para coger los terrones de azúcar aferradas a la nariz. Nuestro padre estaba desesperado, en el departamento solamente están él y un viejo brujo llamado Perkins, y tuvieron que hacer encantamientos para borrarles la memoria y otros trucos para que no se acordaran de nada.
—Pero su padre..., este coche...— dije.
Fred se rió.
—Sí, le vuelve loco todo lo que tiene que ver con los muggles, tenemos el cobertizo lleno de chismes muggles. Los coge, los hechiza y los vuelve a poner en su sitio. Si viniera a inspeccionar a casa, tendría que arrestarse a sí mismo. A nuestra madre la saca de quicio.
—Ahí está la carretera principal —dijo George, mirando hacia abajo a través del parabrisas—. Llegaremos dentro de diez minutos... Menos mal, porque se está haciendo de día.
Un tenue resplandor sonrosado aparecía en el horizonte, al este.
Fred dejó que el coche fuera perdiendo altura.
—Vivimos un poco apartados del pueblo —explicó George—. En Ottery Saint Catchpole.-
El coche volador descendía más y más. Entre los árboles destellaba ya el borde de un sol rojo y brillante.
— ¡Aterrizamos! —exclamó Fred cuando, con una ligera sacudida, tomamos contacto con el suelo. Aterrizaron junto a un garaje en ruinas en un pequeño corral, y vimos por vez primera la casa de Ron.
Parecía como si en otro tiempo hubiera sido una gran pocilga de piedra, pero aquí y allá habían ido añadiendo tantas habitaciones que ahora la casa tenía varios pisos de altura y estaba tan torcida que parecía sostenerse en pie por arte de magia y así era probablemente. Cuatro o cinco chimeneas coronaban el tejado.
Cerca de la entrada, clavado en el suelo, había un letrero torcido que decía «La Madriguera». En torno a la puerta principal había un revoltijo de botas de goma y un caldero muy oxidado. Varias gallinas gordas de color marrón picoteaban a sus anchas por el corral.
—No es gran cosa.
—Es una maravilla —repuso Harry junto a mí.
Salimos del coche
—Ahora tenemos que subir las escaleras sin hacer el menor ruido —advirtió Fred—, y esperar a que mamá nos llame para el desayuno. Entonces tú, Ron, bajarás las escaleras dando saltos y diciendo: « ¡Mamá, mira quiénes han llegado esta noche!» Ella se pondrá muy contenta, y nadie tendrá que saber que hemos cogido el coche.
—Bien —dijo Ron—. Vamos, Harry, Camille, yo duermo en el...
De repente, Ron se puso de un color verdoso muy feo y clavó los ojos en la casa.
Los otros tres se dieron la vuelta.
La señora Weasley iba por el corral espantando a las gallinas, y para tratarse de una mujer pequeña, rolliza y de rostro bondadoso, era sorprendente lo que podía parecerse a un tigre de enormes colmillos.
— ¡Ah! —musitó Fred.
— ¡Dios mío! —exclamó George.
La señora Weasley se paró delante de ellos, con las manos en las caderas, y paseó la mirada de uno a otro. Llevaba un delantal estampado de cuyo bolsillo sobresalía una varita mágica.
—Así que... —dijo.
—Buenos días, mamá —saludó George, poniendo lo que él consideraba que era una voz alegre y encantadora.
— ¿Tenéis idea de lo preocupada que he estado? —preguntó la señora Weasley en un tono aterrador.
—Perdona, mamá, pero es que, mira, teníamos que...
Aunque los tres hijos de la señora Weasley eran más altos que su madre, se amilanaron cuando descargó su ira sobre ellos.
— ¡Las camas vacías! ¡Ni una nota! El coche no estaba..., podrían haber tenido un accidente... Creía que me volvía loca, pero no les importa, ¿verdad?... Nunca, en toda mi vida... Ya verán cuando llegue a casa su padre, un disgusto como éste nunca me lo dieron Bill, ni Charlie, ni Percy...
—Percy, el prefecto perfecto —murmuró Fred.
— ¡PUES PODRÍAS SEGUIR SU EJEMPLO! —Gritó la señora Weasley, dándole golpecitos en el pecho con el dedo—. Podrían haberse matado o podría haberlos visto alguien, y su padre haberse quedado sin trabajo por su culpa...
Les pareció que la reprimenda duraba horas. La señora Weasley enronqueció de tanto gritar y luego se plantó delante de Harry y mío.
—Me alegro de verte, Harry, cielo. Y también que tú nos acompañes, Camille —dijo—. Pasen a desayunar.
La señora Weasley se encaminó hacia la casa y Harry y yo fuimos detrás.
—Ustedes no tienen la culpa, queridos —nos aseguró a Harry y a mí, echándole en el plato ocho o nueve salchichas—. Arthur y yo también hemos estado muy preocupados por ti, Harry. Anoche mismo estuvimos comentando que si Ron seguía sin tener noticias tuyas el viernes, iríamos a buscarte para traerte aquí. Pero —dijo mientras nos servía tres huevos fritos—cualquiera podría haberlos visto atravesar medio país volando en ese coche e infringiendo la ley…
Entonces, como si fuera lo más natural, dio un golpecito con la varita mágica en el montón de platos sucios del fregadero, y éstos comenzaron a lavarse solos, produciendo un suave tintineo.
— ¡Estaba nublado, mamá! —dijo Fred.
— ¡No hables mientras comes! —le interrumpió la señora Weasley.
— ¡Lo estaban matando de hambre, mamá! —dijo George.
— ¡Cállate tú también! —atajó la señora Weasley, pero cuando se puso a cortar unas rebanadas de pan para Harry y para mí, y a untarlas con mantequilla, la expresión se le enterneció.
En aquel momento apareció en la cocina una personita bajita y pelirroja, que llevaba puesto un largo camisón y que, dando un grito, se volvió corriendo.
—Es Ginny —nos dijo Ron a Harry y a mí en voz baja—, mi hermana. Se ha pasado el verano hablando de ti.
Me dio una punzada en el estómago. ¿Qué te pasa Camille? Todas hablan de él…
—Sí, debe de estar esperando que le firmes un autógrafo, Harry —dijo Fred con una sonrisa, pero se dio cuenta de que su madre lo miraba y hundió la vista en el plato sin decir ni una palabra más. No volvieron a hablar hasta que hubieron terminado todo lo que tenían en el plato, lo que les llevó poquísimo tiempo.
—Estoy que reviento —dijo Fred, bostezando y dejando finalmente el cuchillo y el tenedor—. Creo que me iré a la cama y…
—De eso nada —interrumpió la señora Weasley—. Si te has pasado toda la noche por ahí, ha sido culpa tuya. Así que ahora vete a desgnomizar el jardín, que los gnomos se están volviendo a desmadrar.
—Pero, mamá...
—Y ustedes dos, vayan con él —dijo ella, mirando a Ron y Fred—. Ustedes si pueden irse a la cama queridos, —dijo mirándonos a mí y a Harry —Ustedes no tienen la culpa de que estos tres hayan irrumpido en su casa con un coche volador…
Pero Harry, dijo con presteza:
—Ayudaré a Ron, nunca he presenciado una desgnomización.
—Eres muy amable, cielo, pero es un trabajo aburrido —dijo la señora Weasley.
—Oh, no hay problema señora Weasley.
—Yo también los ayudaré— me ofrecí.
—De acuerdo niños, pero si se cansan, no duden en volver.
Entre quejas y bostezos, los Weasley salieron arrastrando los pies, seguidos por nosotros.
Pronto el aire se llenó de gnomos volando.
—Ya ves que no son muy listos —observó George, cogiendo cinco o seis gnomos a la vez—. En cuanto se enteran de que estamos desgnomizando, salen a curiosear. Ya deberían haber aprendido a quedarse escondidos en su sitio.
—Volverán —dijo Ron, mientras contemplaban cómo se internaban los gnomos en el seto del otro lado del campo—. Les gusta este sitio... Papá es demasiado blando con ellos, porque piensa que son divertidos...
En aquel momento se oyó la puerta principal de la casa.
— ¡Ya ha llegado! —Dijo George—. ¡Papá está en casa!
Y fueron corrieron a su encuentro.
El señor Weasley estaba sentado en una silla de la cocina, con las gafas quitadas y los ojos cerrados.
— ¡Qué noche! —farfulló, cogiendo la tetera mientras los muchachos se sentaban a su alrededor—. Nueve redadas. ¡Nueve! Y el viejo Mundungus Fletcher intentó hacerme un maleficio cuando le volví la espalda.
El señor Weasley tomó un largo sorbo de té y suspiró.
— ¿Encontraste algo, papá? —preguntó Fred con interés.
—Sólo unas llaves que merman y una tetera que muerde —respondió el señor Weasley en un bostezo—. Han ocurrido, sin embargo, algunas cosas bastante feas que no afectaban a mi departamento. A Mortlake lo sacaron para interrogarle sobre unos hurones muy raros, pero eso incumbe al Comité de Encantamientos Experimentales, gracias a Dios.
— ¿Para qué sirve que unas llaves encojan? —preguntó George.
—Para atormentar a los muggles —suspiró el señor Weasley—. Se les vende una llave que merma hasta hacerse diminuta para que no la puedan encontrar nunca cuando la necesitan... Naturalmente, es muy difícil dar con el culpable porque ningún muggle quiere admitir que sus llaves merman; siempre insisten en que las han perdido. ¡Jesús! No sé de lo que serían capaces para negar la existencia de la magia, aunque la tuvieran delante de los ojos... Pero no os creeríais las cosas que a nuestra gente le ha dado por encantar...
— ¿COMO COCHES, POR EJEMPLO?
La señora Weasley había aparecido blandiendo un atizador como si fuera una espada. El señor Weasley abrió los ojos de golpe y dirigió a su mujer una mirada de culpabilidad.
— ¿Co-coches, Molly cielo?
—Sí, Arthur, coches —dijo la señora Weasley, con los ojos brillándole—. Imagínate que un mago se compra un viejo coche oxidado y le dice a su mujer que quiere llevárselo para ver cómo funciona, cuando en realidad lo está encantando para que vuele.
El señor Weasley parpadeó.
—Bueno, querida, creo que estarás de acuerdo conmigo en que no ha hecho nada en contra de la ley, aunque quizá debería haberle dicho la verdad a su mujer... Verás, existe una laguna jurídica... siempre y cuando él no utilice el coche para volar. El hecho de que el coche pueda volar no constituye en sí...
— ¡Señor Weasley ya se encargó personalmente de que existiera una laguna jurídica cuando usted redactó esa ley! —Gritó la señora Weasley—. ¡Sólo para poder seguir jugando con todos esos cachivaches muggles que tienes en el cobertizo! ¡Y; para que lo sepas, Harry y Camilla han llegado esta mañana en ese coche en el que tú no volaste!
— ¿Harry y Camille? — Dijo el señor Weasley mirando a su esposa sin comprender—. ¿Qué Harry? Y ¿Qué Camille?-
Al darse la vuelta, vio a Harry y se sobresaltó.
—¡Dios mío! ¿Es Harry Potter? Encantado de conocerte. Ron nos ha hablado mucho de ti...— se fijó en mi y agrego —Y tú debes de ser Camille Black, los muchachos también nos hablaron de ti y de esa niña, Hermione, un gusto.
— ¡Esta noche, tus hijos han ido volando en el coche hasta la casa de Harry y han vuelto! —Gritó la señora Weasley—. ¿No tienes nada que comentar al respecto?
— ¿Es verdad que hicieron eso? —Preguntó el señor Weasley, nervioso—. ¿Fue bien la cosa? Qui-quiero decir —titubeó, al ver que su esposa echaba chispas por los ojos—, que eso ha estado muy mal, muchachos, pero que muy mal...
—Dejémosles que lo arreglen entre ellos —dijo Ron en voz baja, al ver que su madre estaba a punto de estallar—. Venga, quiero enseñarles mi habitación.
Salimos sigilosamente de la cocina y, siguiendo un estrecho pasadizo, llegamos a una escalera torcida que subía atravesando la casa en zigzag. En el tercer rellano había una puerta entornada. Antes de que se cerrara de un golpe, pude ver un instante un par de ojos castaños que estaban espiando.
—Ginny —dijo Ron—. No sabes lo raro que es que se muestre así de tímida. Normalmente nunca se esconde.
Subimos dos tramos más de escalera hasta llegar a una puerta con la pintura desconchada y una placa pequeña que decía «Habitación de Ronald».
Era una habitación naranja, llena de posters de un equipo de quidditch.
—Wow, que cítrico… me encanta— dije.
—Es increíble Ron…— comentó Harry. Y este se sonrojo.
—Bueno, tu puedes dormir en mi cuarto, y Camille, tú puedes dormir en el dormitorio de Ginny.
—Claro…— dije yendo a la habitación donde minutos antes se asomaban unos ojos. Golpee la puerta, y me abrió la niña de hoy en la mañana.
— ¿Si…?
—Eh… Me mandaron a dormir aquí…
—Oh, claro, pasa…— entré a una alcoba lila y plateada. Parecía de cuento, lleno de imágenes de duendes, ninfas, sirenas, hadas…
—Es hermosa…
—Gracias…— dijo en un sonrojo.
Me indicó que me sentara en la cama, y se sentó junto. Parecía querer decir algo, pero se le notaba nerviosa.
— ¿Sucede algo?— pregunté.
—Yo…
— ¿Si? No temas, no muerdo.
—Eh… Bueno… es sobre…. Harry— dijo tapándose la cara con las manos. Me dio un noseque.
—Si… ¿Qué pasa con él?— sacó las manos de su rostro.
—Quería saber si… si ustedes son novios…—se me subieron los colores al rostro.
— ¡¿Qué?!—exclamé sorprendida—Quiero decir, ¿Por qué preguntas?— me calme.
—Bueno, es que… Creo que… No… Yo… Me gusta…— bajó la vista.
—Oh…
— ¿Entonces?
—Bueno…— di que si, di que si, ¡MIENTE!—no…— ¡IDIOTA!
Pareció iluminarse el rostro.
—Menos mal… Habría sido incomodo si no…— hice aparecer una bolsa de dormir otra vez, y me acosté enseguida.
Eso había dado mucho que pensar… ¿Harry… me gusta?

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:30 pm

Cap. 7 "La pequeña mentira..."
—Camille, Camille, despierta...— era la voz de Ginny.
—Umm...
—Vamos, ya son las tres de la tarde, dormilona...— me levanté de un salto.
— ¡¿Realmente?!
—No, son las diez— rió—Te dejé algo de ropa, si quieres cambiarte— y se fue.
A regañadientes me dirigí al baño. Lave mi rostro, mis dientes, y peiné mi enmarañado cabello en una coleta.
Volví a la habitación, y me vestí con el top rojo, y los shorts de jean que me había dejado (ellos vestían muy Muggle, a diferencia de sus padres).
Al bajar, Harry me miró, por lo cual Ginny lo miró, provocando que Ron, George, Fred y Percy la miraran, haciendo que su madre los mirara, logrando que su esposo la mirara, lo cual dejó como consecuencia, que yo quedase tan roja como la remera...
— ¿Sucede algo?— pregunté con avergonzada.
—No—dijeron todos al unísono, regresando a sus cosas.


Luego de comer, los chicos, Ginny, y yo, fuimos al lago.
— ¡Hey!— llamó Fred.
— ¿Qué paso, Fred?
—NO, yo soy George, ¿Es qué nadie se da cuenta?
—Fred, yo sé que eres tú, y punto.
—Vaya— dijo el otro.
—Nos conoces más que nuestra madre— rieron, y salieron a correr.
Quedamos solos Harry, yo, Ron y su hermana.
Los cuatro hablábamos de la escuela, ya que este sería el primer año de Ginny.
Pero, todo se arruinó con un tímido:
— ¿Harry...me acompañas a dar una vuelta en el lago...?— de la niña.
—Eh... claro...— contestó el otro, ruborizado.
Cuando nos hubieron dejado, el pelirrojo me preguntó:
— ¿Te gusta, no es así?
— ¿Qué yo qué?— pregunté tratando de que el color de mis mejillas, y la expresión de enojo de mi rostro desaparecieran.
— ¿Te gusta?
—Oh... sí, es un hermoso día además...
—No cambies de tema Camille, Harry te gusta, ¿No es cierto?
—Uff... Hace calor aquí...
— ¿Entonces?
—Bueno... Yo... No lo sé...— me rendí.
— ¿Eso qué quiere decir?
—Que... bueno, parece que a ella le gusta él — dije mirando a Harry y Ginny, que reían— y a él parece gustarle ella...— suspiré.
—No creas... —contuvo una risa, y rodando los ojos se fue gritando: —Las chicas son tan rebuscadas— se levantó y fue a ayudarlos al pelinegro y a su hermana a atar el bote en un tronco.
Harry se acercó sonriendo, pero al verme se borró la sonrisa.
— ¿Qué te pasa Camille? pareces enojada...
— ¿Yo? ¿Qué? No, claro que no... Solo...—me levanté enojada de verdad—No entenderías...
Y me adentré en el bosque, furiosa conmigo misma... ¿Qué te sucede Camille? Cada día estas más loca....
Me senté en un tronco caído, y me abracé a mis piernas.
— ¿Quieres contarme?— susurró un voz detrás.
—No lo sé... últimamente no sé nada...— se sentó junto a mí.
—¿Por qué te enojaste conmigo?
—Bueno... es que...— lo miré— estoy confundida...
— ¿Con qué?
—No entenderías, es complicado...—suspiré.
—Intenta... ¿Qué pasó?
—Bueno...— murmuré— creo... creo que estoy enamorada...— enseguida se tensó, y sus hermosos ojos... quiero decir... sus ojos verdes se posaron en mí.
— ¿De quién?
—Yo... bueno... es... se llama... ya sabes - INVENTA, me dijo una vocecilla interna- Draco Malfoy- ¡¿QUÉ?! ¡¿MALFOY?! ¿ES LO MEJOR QUE SE TE OCURRE?
Harry pareció ido durante unos segundos.
—¿Dra-Draco?
"No", pensé —Sí...
—Pero... ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo?... no, no entiendo...
—Umm... en secreto... porque tuvimos que realizar un— pensé— trabajo de encantamientos juntos... Desde... meses después de comenzar las clases...
—¿Por qué no me dijiste nada?
—Bueno... pensé que te enfadarás...— se puso nervioso.
— ¿Yo?... ¿Enfadarme?... ¿Por... por qué debería enfadarme?... Claro que no me enfadaría... Um... ¿Por qué?
—Ya sabes ¿Se odian?— dije irónica. Se relajó.
—Ohm... claro, en ese caso sí, me enoja un poco.
—Aun así, no tiene importancia. Por ahora...— y nos fuimos con los demás.


___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:31 pm

Cap. 8 “Regreso a Hogwarts”
Los días en la madriguera fueron geniales. Aunque pronto se hizo el día de comprar los materiales, y tuvimos un problema con Harry y los polvos Flu, casi me da un ataque cuando llegamos y no estaba.
Nos encontramos con Hermione, y Harry nos contó del encuentro con Draco y su padre.
Recuerdo el problema cuando compramos los libros…

El negocio estaba abarrotado de mujeres. Al parecer Gilderoy Lockhart firmaba libros…
Y mientras esperábamos nuestro turno, Lockhart vio a Harry, y se tomó una foto para El profeta.
—Vean aquí, al salvador del mundo mágico—La multitud aplaudió de nuevo—. Él no sabía —continuó Lockhart, zarandeando a Harry de tal forma que las gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz— que en breve iba a recibir de mí mucho más que mi libro El encantador. Harry y sus compañeros de colegio contarán con mi presencia. ¡Sí, señoras y caballeros, tengo el gran placer y el orgullo de anunciarles que este mes de septiembre seré el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en el Colegio Hogwarts de Magia!-
La multitud aplaudió y vitoreó al mago, y Harry fue obsequiado con las obras completas de Gilderoy Lockhart. Tambaleándose un poco bajo el peso de los libros, logró abrirse camino desde la mesa de Gilderoy, en que se centraba la atención del público, hasta el fondo de la tienda, donde yo y Ginny aguardábamos junto a su caldero nuevo.
—Tenlos tú —le farfulló Harry, metiendo los libros en el caldero—. Yo compraré los míos...-
— ¿A que te gusta, eh, Potter? —dijo una voz que no tuve ninguna dificultad en reconocer. Se puso derecho y se encontró cara a cara con Draco Malfoy, que exhibía su habitual aire despectivo—. El famoso Harry Potter. Ni siquiera en una librería puedes dejar de ser el protagonista.-
— ¡Déjale en paz, él no lo ha buscado! —replicó Ginny Era la primera vez que hablaba delante de Harry. Estaba fulminando a Malfoy con la mirada, al igual que yo.
— ¡Vaya, Potter, tienes novia! —dijo Malfoy arrastrando las palabras. Ginny se puso roja, y a mi me atacó un ejército de hormigas inexistentes en el corazón.
-¡Calla Malfoy!- grité furiosa.
-¡AH! Al parecer Potter juega a dos puntas- dijo con ¿Recelo?
-Eres un imbécil- repuso Harry. Mientras se acercaban Ron y Hermione con montones de libros de Lockhart en mano.
—¡Ah, eres tú! —dijo Ron, mirando a Malfoy como se mira un chicle que se le ha pegado a uno en la suela del zapato—. ¿A que te sorprende ver aquí a Harry, eh?-
—No me sorprende tanto como verte a ti en una tienda, Weasley —replicó Malfoy—. Supongo que tus padres pasarán hambre durante un mes para pagarte esos libros.-
Ron se puso tan rojo como Ginny. Dejó los libros en el caldero y se fue hacia Malfoy, pero Harry y yo lo agarramos de la chaqueta.
— ¡Ron! —Dijo el señor Weasley, abriéndose camino a duras penas con Fred y George—. ¿Qué haces? Vamos afuera, que aquí no se puede estar.
—Vaya, vaya..., ¡si es el mismísimo Arthur Weasley!-
Era el padre de Draco. El señor Malfoy había cogido a su hijo por el hombro y miraba con la misma expresión de desprecio que él.
—Lucius —dijo el señor Weasley, saludándolo fríamente.
—Mucho trabajo en el Ministerio, me han dicho —comentó el señor Malfoy—. Todas esas redadas... Supongo que al menos te pagarán las horas extras, ¿no? —Se acercó al caldero de Ginny y sacó de entre los libros nuevos de Lockhart un ejemplar muy viejo y estropeado de la Guía de transformación para principiantes—. Es evidente que no —rectificó—. Querido amigo, ¿de qué sirve deshonrar el nombre de mago si ni siquiera te pagan bien por ello?-
El señor Weasley se puso aún más rojo que Ron y Ginny.
—Tenemos una idea diferente de qué es lo que deshonra el nombre de mago, Malfoy —contestó.
—Es evidente —dijo Malfoy, mirando de reojo a los padres de Hermione, que lo miraban con aprensión—, por las compañías que frecuentas, Weasley... Creía que ya no podías caer más bajo.-
Entonces el caldero de Ginny saltó por los aires con un estruendo metálico; el señor Weasley se había lanzado sobre el señor Malfoy, y éste fue a dar de espaldas contra un estante. Docenas de pesados libros de conjuros les cayeron sobre la cabeza. Fred y George gritaban: «¡Dale, papá!», y la señora Weasley exclamaba: «¡No, Arthur, no!» La multitud retrocedió en desbandada, derribando a su vez otros estantes.
— ¡Caballeros, por favor, por favor! —gritó un empleado.
Y luego, más alto que las otras voces, se oyó:
— ¡Basta ya, caballeros, basta ya!-

Tuvo que aparecer Hagrid a separarlos, que de casualidad pasaba por allí. El señor Malfoy le devolvió el libro a Ginny, y se fue con un labio roto, y el orgullo en alto.
Fin Flash Back
Cuando quise acordar, ya estábamos en King Cross, en la pared que te llevaba al andén 9 ¾, junto a los Weasley. Solo quedábamos la señora Weasley, Ginny, Harry, Ron y yo.
—Bien— dijo la señora Weasley con Ginny al lado—, vayan después de nosotras— y caminando, se desvaneció en la pared.
— ¿Quién va primero?— pregunté.
—Podemos ir los tres juntos y ya…
—O mejor vayan ustedes y nos encontramos allí...
—De acuerdo, te esperamos del otro lado.
Entonces, cuando se largaron a cruzar, corriendo, sucedió algo muy extraño… En vez de desaparecer, se chocaron contra el muro.
— ¡¿Están bien?!— pregunté acercándome a ellos.
—Eso creo— respondió Harry.
— ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no cruzaron?
—Lo mismo quisiera saber yo…
—Déjenme intentar…— y me lancé contra el muro, consiguiendo solamente que la jaula de Quensy, (mi lechuza negra) al suelo.
— ¡Ya es hora!— gritó Harry, mirando el reloj. Solo faltaban 2 minutos…
— ¿Qué hacemos?
—Podemos… podemos ir en el auto— sugirió Ron.
— ¿Estás loco? ¿Qué tal si nos ven?
— ¿Prefieres no ir a Hogwarts o que te vean volando? además, puede volverse invisible, ¿Recuerdan?— suspiré, rendida…
—Está bien… pero dense prisa— y corriendo subimos todo al baúl encantado del coche de los Weasley. Ron se sentó en el asiento de conductor, con Harry al lado, y yo en la parte de atrás.
— ¿Sabes conducir?— pregunté preocupada.
—Eh… Tengo la idea…— y antes de que yo pudiera decir algo, encendió el coche, y lo volvió invisible, minutos después sobrevolábamos Londres.
Entonces se oyó un ligero estallido y reaparecieron el coche, Ron, yo y Harry.
—¡Vaya! —dijo Ron, pulsando el botón del accionador de invisibilidad—. Se ha estropeado.
Los dos se pusieron a darle golpes. El coche desapareció, pero luego empezó a aparecer y desaparecer de forma intermitente.
—¡Agárrense! —gritó Ron, y apretó el acelerador. Como una bala, penetramos en las nubes algodonosas y todo se volvió neblinoso y gris.
—¿Y ahora qué? —preguntó Harry.
—Tendríamos que ver el tren para saber qué dirección seguir —dijo Ron.
—¡Vuelve a descender, rápido!— grité.
Descendimos por debajo de las nubes, y nos asomamos mirando hacia abajo con los ojos entornados.
—¡Ya lo veo! —gritó Harry—. ¡Todo recto, por allí!
El expreso de Hogwarts corría debajo, parecido a una serpiente roja.
—Derecho hacia el norte —dijo Ron, comprobando el indicador del salpicadero—. Bueno, tendremos que comprobarlo cada media hora más o menos. Agárrense. —Y volvimos a internarnos en las nubes. Un minuto después, salíamos al resplandor de la luz solar.
Aquél era un mundo diferente. Las ruedas del coche rozaban el océano de esponjosas nubes y el cielo era una extensión inacabable de color azul intenso bajo un cegador sol blanco.
—Ahora sólo tenemos que preocuparnos de los aviones —dijo Ron.
Nos miramos entre nosotros y reímos. Era como si hubiéramos entrado en un sueño maravilloso.
Comprobaban regularmente el rumbo del tren a medida que avanzaban hacia el norte, y cada vez que bajábamos por debajo de las nubes se veía un paisaje diferente.
Londres quedó atrás enseguida y fue remplazado por campos verdes que dieron paso a brezales de color púrpura, a aldeas con diminutas iglesias en miniatura y a una gran ciudad animada por coches que parecían hormigas de variados colores.
Sin embargo, después de varias horas sin sobresaltos, parte de la diversión se había esfumado.
¿Por qué motivo no habríamos podido entrar en el andén nueve y tres cuartos?
—No puede quedar muy lejos ya, ¿verdad? —dijo Ron, con la voz ronca, horas más tarde, cuando el sol se hundía en el lecho de nubes, tiñéndolas de un rosa intenso—. ¿Listos para otra comprobación del tren?
Éste continuaba debajo de ellos, abriéndose camino por una montaña coronada de nieve. Se veía mucho más oscuro bajo el dosel de nubes.
Ron apretó el acelerador y volvimos a ascender, pero al hacerlo, el motor empezó a chirriar.
Harry y Ron se intercambiaron miradas nerviosas.
—Seguramente es porque está cansado —dijo Ron—, nunca había hecho un viaje tan largo...
E hicimos como que el chirrido no se hacía más intenso al tiempo que el cielo se oscurecía.
Se hacía de noche.
—Ya queda poco —dijo Ron, dirigiéndose más al coche que a nosotros—, ya queda muy poco —repitió, dando unas palmadas en el salpicadero con aire preocupado.
Cuando, un poco más adelante, volvimos a descender por debajo de las nubes, tuvimos que aguzar la vista en busca de algo que pudieran reconocer.
—¡Allí! —Gritó Harry de forma que Ron, yo y Hedwig nos sobresaltamos—. ¡Allí delante mismo!
En lo alto del acantilado que se elevaba sobre el lago, las numerosas torres y atalayas del castillo de Hogwarts se recortaban contra el oscuro horizonte.
Pero el coche había empezado a dar sacudidas y a perder velocidad.
—¡Vamos! —Dijo Ron para animar al coche, dando una ligera sacudida al volante—. ¡Venga, que ya llegamos!
El motor chirriaba. Del capó empezaron a salir delgados chorros de vapor. Harry se agarró muy fuerte al asiento cuando nos orientamos hacia el lago, y yo lo imité.
El coche osciló de manera preocupante. Mirando por la ventanilla, vi la superficie calma, negra y cristalina del agua, un par de kilómetros por debajo de nosotros
—¡Vamos! —dijo Ron.
Sobrevolábamos el lago. El castillo estaba justo delante de nosotros. Ron apretó el pedal a fondo.
Se oyó un estruendo metálico, seguido de un chisporroteo, y el motor se paró completamente.
—¡Oh! —exclamó Ron, en medio del silencio.
El morro del coche se inclinó irremediablemente hacia abajo. Caíamos, cada vez más rápido, directos contra el sólido muro del castillo.
—¡Noooooo! —gritó Ron, girando el volante; esquivaron el muro por unos centímetros cuando el coche viró describiendo un pronunciado arco y planeó sobre los invernaderos y luego sobre la huerta y el oscuro césped, perdiendo altura sin cesar.
Ron soltó el volante y se sacó del bolsillo de atrás la varita mágica.
—¡ALTO! ¡ALTO! —gritó, dando unos golpes en el salpicadero y el parabrisas, pero todavía estábamos cayendo en picado, y el suelo se precipitaba contra ellos...
—¡CUIDADO CON EL ÁRBOL! —gritó Harry, cogiendo el volante, pero era demasiado tarde.
—¡PARTIS TEMPORUS!— grité apuntando a los muchachos con la varita.
¡¡PAF!!
Con gran estruendo, chocamos contra el grueso tronco del árbol y dimos un gran batacazo en el suelo. Del abollado capó salió más humo; Hedwig daba chillidos de terror, y Ron gemía de tristeza.
— ¡¿Estás bien?!— me preguntó Harry de inmediato.
Solo tenía un rasguño en la pierna, y un leve chichón en la cabeza.
—Si… no te preocupes…
—¡Mi varita…!— gritó Ron con pena —¡Mi mamá me va a matar!
—Tranquilo, tal vez podamos repara…— no pude continuar, ya que en ese momento, una rama golpeo el auto, haciéndonos saltar de nuestros lugares.
—¿QUÉ FUE ESO?— gritó Harry.
Me asomé a la ventana, y pude ver al Sauce Boxeador, preparándose para otro ataque.
—¡ARRANCA EL COCHE!— grité, pero cuando Ron intentó girar la llave, no hubo respuesta.
—¡Oh, vamos!— gritó, y nuevamente una rama impactó contra nosotros.
—Demonios— murmuré bajándome del auto. Harry y Ron estaban por salir a evitarlo, pero agitando mi varita, grité:
—¡WINGARDIUM LEVIOSA!— y el coche se elevó por los aires, confundiendo al árbol. Lo dejé en un lugar seguro, y me dispuse a correr.
Pero el árbol me vio, y estaba a punto de golpearme. En ese momento pensé —Es mi fin— cerré los ojos y aguardé el impacto, pero...
—¡ACCIO CAMILLE BACK!— y me sentí volar. Abrí los ojos y me encontré a punto de impactar con Draco Malfoy.
—¡AAAH!— grité, y al segundo estábamos ambos en el suelo.
—¡Camille!— escuché a Harry.
—Estoy bien...— dije mientras me levantaba.
Sacudí el polvo en mi túnica, y sin saber como, estaba detrás de unos defensivos Harry y Ron.
—Malfoy...— susurró Harry con desprecio—¿Qué has hecho?
—No seas idiota, Potter. Acabo de salvarle la vida a Camille—salí de detrás del muro que ellos formaban.
—Gra-gracias, Malfoy— y le di un rápido abrazo. Él se sonrojo al instante.
—Oh... no hay de qué...—Harry, quien parecía estar tan rojo como el cabello de Ron, preguntó:
—¿Qué hacías aquí?— desvió la mirada al instante, volviendo a su palidez habitual.
—Confórmense con agradecer...— y se fue, dejándonos confundidos.
Ron, que estaba en medio de Harry y yo, se retiró un poco en silencio.
—Supongo que ya no estas confundida...— dijo fríamente, y se encaminó al castillo.
—Harry...— pero me ignoró.

Sobra decir que la profesora McGonagall se puso furiosa, pero no nos castigo. Aunque no pudimos presenciar la Selección de los de primero, ni comer en el comedor, al llegar a la Sala Común, todos nos aplaudieron por nuestra llegada (Claro que lo de Malfoy quedo entre nosotros).
Hermione estaba enfadada por nuestra desastrosa llegada, y casi ni nos hablaba. Harry tampoco me hablaba a mí.
La verdad, eso no me gustaba para nada... Yo y Hermione estábamos solas, y Harry y Ron iban juntos, pero estábamos prácticamente separados.
Y todo empeoró, cuando en una clase de Pociones me senté con Malfoy...
Resultó caerme bien, y hablábamos de vez en cuando. Claro que a Harry no le pareció bonito para nada, y menos cuando se enteró que Draco sería buscador de Slytherine (aunque pareció haber comprado su puesto).
Con el tiempo, Hermione y los chicos se amigaron de nuevo, pero seguían sin hablarme, al menos Harry, porque Hermione y Ron si lo hacían.
Días después, llegó el momento de los castigos por lo del Sauce. Ron y yo tuvimos que limpiar los trofeos de La Sala de Trofeos, uno por uno, y eso que algunos tenían tiempo de no ser tocados. Cuando Ron vomitó babosas sobre uno, tuvimos que fregarlo durante un largo tiempo, pero eso no me enfado tanto como lo que me contó sobre Hermione y Malfoy...
Al parecer Draco le había dicho a Herms "sangre sucia" (que según me explico Ron, era como algunos magos llamaban a los mestizos o hijos de muggles), y por lo cual el trató de lanzar un hechizo, que resultó mal con su varita rota, dejándolo vomitando babosas.
—Ya hablaré con Draco...— le comenté a Ron.
—¿”Draco”? ¿Tan bien se llevan ya?—encarnó una ceja.
—Excepto por cosas como esas, es muy agradable...— excuse.
—Como digas...
—Um... ¿Ron?
—¿Si?— dijo volviendo a pasar un trapo húmedo sobre la placa que indicaba "Tom Riddle, premio por Servicios Especiales al Colegio".
—¿Hay...? ya sabes... ¿Hay algo nuevo de Harry?— sonrió durante un segundo.
—¿A qué tipo de cosas te refieres?
—Bueno, a todo...
—Si te interesa, parece que uno de los de primero está obsesionado con el...— por un momento pensé "Ginny", pero luego razoné que Ron no diría algo así de su hermana.
—¿Nada más?
—Mm... ¿No crees que ya sea hora de que se reconcilien?
—No tengo nada que perdonar, es el quien no quiere hablarme...— Ron se echó a reír a carcajadas, provocando que Filch, que estaba al otro lado del salón, se acercara a callarlo.
—Claro, tanto como yo amo tener una vieja rata de mascota en vez de una lechuza joven...— susurró cuando el otro se hubo ido.
—¿Qué dices? Él está enojado por lo de Malfoy, sabes que se odian y que yo tenga una buena relación con él hace que este molesto conmigo...— murmure, como si fuera lo más obvio del mundo. Pero el volvió a reír, esta vez más bajo.
—Cam, no creo que esa sea ESA la razón... Pero te aseguro que basta con un abrazo para que haga una estatua en tu honor...— bromeó para sí, pasando más fuerte el trapo para quitar una mancha que no salía.
—No lo sé...
—¿Por qué no vas a hablarle ahora? Está en el despacho de Lockhart, contestando las cartas de sus admiradoras— lo último lo dijo girando los ojos.
—Um... No lo sé... Además, no creo que sea posible escapar de Filch...-
—Déjamelo a mí, tú vete, y haz que Hermione y yo dejemos de tener que correr de una punta a la otra para hablar con los dos— dudé...
—De acuerdo…— suspiré— pero ayúdame a escapar...— él sonrió, y me indico un hechizo (Su varita seguía destrozada).
—Clonatus maninmovilus— ((N/A: Lo sé, no existe ese hechizo, pero bueno ¡Necesitaba agregar algo! :B -N/A2: Sacaría muy buenas notas en encantamientos… jajajja, ok, sigan leyendo Razz)) murmuré y una persona igual a mi apareció, solo que no hacía ni decía nada y parecía un maniquí con articulaciones.
—Corre...— susurró, y en puntillas de pie, me escapé del lugar.
Una vez en los pasillos, corrí hasta el despacho de Lockhart.
Cuando estaba a punto de golpear la puerta, se asomó una cara aturdida, que parecía estar mentalmente en otro lugar.
Al verme se sobresaltó.
—¿Camille?— antes de que nos oyeran, lo arrastré hasta detrás de una estatua cercana.
—Harry...yo...
—Lo siento— dijimos al mismo tiempo.
—Yo...—otra vez hablamos al unísono y reímos.
—Tú primero— cedí.
—Bueno... discúlpame por haberme enojado contigo. Pero en verdad— lo interrumpí.
—Lo sé, Draco no te cae bien...— abrió los ojos de par en par, y asintió con la cabeza... ¿Dudoso?
—Oh… si, es eso… El hecho es que me comporté como un tonto... perdón...— sonreí y lo abracé fuertemente.
—No tienes nada que disculpar...
Y luego de eso, todo regresó a la normalidad... Bueno, a la normalidad de Hogwarts... Claro, que como siempre sería, teníamos otro problema.
Al parecer, el mismo día en que yo fui a por Harry, él había escuchado una especie de voz que lo llamaba... Ron y Hermione pensaron que estaba alucinando o algo, pero yo tenía la sospecha de que no era nada de eso.

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:33 pm

Cap. 9 "El cumpleaños de muerte"
En octubre, Nick Casi Decapitado nos invitó a su “Cumpleaños de Muerte”. ¿Por qué festejaba su muerte? No lo sé, ni pretendo saberlo.
Cuando cruzamos el Gran Comedor para ir a las mazmorras, por poco y perdemos a Ron cuando éste vio el banquete que había sobre las mesas.
Aun así lo arrastramos obligado hasta la “fiesta” (si es que así se podía llamar). Era lo más lúgubre que había visto en mi vida, estaba plagado de fantasmas por aquí y por allá, y la única comida estaba echada a perder…
— ¿Damos una vuelta? —propuso Harry, con la intención de calentarse los pies ya que el ambiente te calaba los huesos.
—Cuidado no vayas a atravesar a nadie —advirtió Ron, algo nervioso, mientras bordeábamos la sala de baile. Pasaron por delante de un grupo de monjas fúnebres, de una figura harapienta que arrastraba cadenas y del Fraile Gordo, un alegre fantasma de Hufflepuff que hablaba con un caballero que tenía clavada una flecha en la frente. Los demás fantasmas evitaban al Barón Sanguinario, un fantasma de Slytherin, adusto, de mirada impertinente y que exhibía manchas de sangre plateadas. (Quien sabe de quién serán…)
—Oh, no —dijo Hermione, parándose de repente—. Volvamos, volvamos, no quiero hablar con Myrtle la Llorona.
--Ah, ¿Dónde está ella? Mejor corremos…- comenté.
—¿Con quién? —preguntó Harry, retrocediendo rápidamente.
—Ronda siempre los lavabos de chicas del segundo piso —dijo la castaña.
—¿Los lavabos?
—Sí. No los hemos podido utilizar en todo el curso porque siempre le dan tales llantinas que lo deja todo inundado. De todas maneras, nunca entro en ellos si puedo evitarlo, es horroroso ir al servicio mientras la oyes llorar.- expliqué yo.
Estábamos junto a la mesa de comida putrefacta, cuando uno de los fantasmas atravesó un pastel con la boca. Ron se puso verde.
—Vámonos, me dan náuseas —dijo el pelirrojo.
Pero apenas nos habíamos dado la vuelta cuando un hombrecito surgió de repente de debajo de la mesa y se detuvo frente a nosotros, suspendido en el aire.
—Hola, Peeves —dijo Harry, con precaución.
A diferencia de los fantasmas que había alrededor, Peeves el poltergeist no era ni gris ni transparente. Llevaba sombrero de fiesta de color naranja brillante, pajarita giratoria y exhibía una gran sonrisa en su cara ancha y malvada.
—¿Quieren? —invitó amablemente, ofreciéndoles un cuenco de maníes recubiertos de moho.
—No, gracias
—Los he oído hablar de la pobre Myrtle —dijo Peeves, moviendo los ojos—. No han sido muy amables con la pobre Myrtle. —Tomó aliento y gritó—: ¡EH! ¡MYRTLE!
—No, Peeves, no le digas lo que he dicho, le afectará mucho —susurró Hermione, desesperada—. No quise decir eso, no me importa que ella... Eh, hola, Myrtle.
Hasta nosotros se había deslizado el fantasma de una chica rechoncha. Tenía la cara más triste que hubiera visto nunca, medio oculta por un pelo lacio y basto y unas gruesas gafas.
—¿Qué? —preguntó enfurruñada.
— ¿Cómo estás, Myrtle? —dije, fingiendo un tono animado—. Me alegro de verte fuera de los lavabos.
Myrtle sollozó.
—Ahora mismo las señoritas Granger y Black estaban hablando de ti —dijo Peeves a Myrtle al oído, maliciosamente.
—Sólo comentábamos..., comentábamos... lo guapa que estás esta noche —dijo Hermione, mirando a Peeves.
Myrtle dirigió a Hermione una mirada recelosa.
—Te estás burlando de mí —dijo, y unas lágrimas plateadas asomaron inmediatamente a sus ojos pequeños, detrás de las gafas.
—No, es en serio... ¿Verdad que estaba comentando lo guapa que está Myrtle esta noche? —dije, dándoles fuertemente a Harry y Ron con los codos en las costillas.
—Sí, sí.
—Claro.
—No me mientas —dijo Myrtle entre sollozos, con las lágrimas cayéndole por la cara, mientras Peeves, que estaba encima de su hombro, se reía entre dientes—. ¿Creen que no sé cómo me llama la gente a mis espaldas? ¡Myrtle la gorda! ¡Myrtle la fea! ¡Myrtle la desgraciada, la llorona, la triste!
—Se te ha olvidado «la granos» —dijo Peeves al oído.
Myrtle la Llorona estalló en sollozos angustiados y salió de la mazmorra corriendo.
Peeves corrió detrás de ella, tirándole maníes mohosos y gritándole: « ¡La granos! ¡La granos!»
—¡Dios mío! —dijo Hermione con tristeza.
Nick Casi Decapitado iba hacia ellos entre la multitud.
—¿Se lo están pasando bien?
—¡Sí! —mentimos.
—Ha venido bastante gente —dijo con orgullo Nick Casi Decapitado—. Mi Desconsolada Viuda ha venido de Kent. Bueno, ya es casi la hora de mi discurso, así que voy a avisar a la orquesta.
La orquesta, sin embargo, dejó de tocar en aquel mismo instante. Se había oído un cuerno de caza y todos los que estaban en la mazmorra quedaron en silencio, a la expectativa.
—Ya estamos —dijo Nick Casi Decapitado con cierta amargura.
A través de uno de los muros de la mazmorra penetraron una docena de caballos fantasma, montados por sendos jinetes sin cabeza. Los asistentes aplaudieron con fuerza; nosotros también empezamos a aplaudir, pero nos detuvimos al ver la cara fúnebre de Nick.
Los caballos galoparon hasta el centro de la sala de baile y se detuvieron encabritándose; un fantasma grande que iba delante, y que llevaba bajo el brazo su cabeza barbada y soplaba el cuerno, descabalgó de un brinco, levantó la cabeza en el aire para poder mirar por encima de la multitud, con lo que todos se rieron, y se acercó con paso decidido a Nick Casi Decapitado, ajustándose la cabeza en el cuello.
—¡Nick! —dijo con voz ronca—, ¿cómo estás? ¿Todavía te cuelga la cabeza?
Rompió en una sonora carcajada y dio a Nick Casi Decapitado unas palmadas en el hombro.
—Bienvenido, Patrick —dijo Nick con frialdad.
—¡Vivos! —dijo sir Patrick, al vernos. Dio un salto tremendo pero fingido de sorpresa y la cabeza volvió a caérsele.
La gente se rio otra vez.
—Muy divertido —dijo Nick Casi Decapitado con voz apagada.
—¡No se preocupen por Nick! —Gritó desde el suelo la cabeza de sir Patrick—. ¡Aunque se enfade, no le dejaremos entrar en el club! Pero quiero decir..., miren el amigo...
—Creo —dijo Harry a toda prisa, en respuesta a una mirada elocuente de Nick— que Nick es terrorífico y esto..., mmm...
—¡Ja! —Gritó la cabeza de sir Patrick—, apuesto a que Nick te pidió que dijeras eso.
—¡Si me conceden su atención, ha llegado el momento de mi discurso! —dijo en voz alta Nick Casi Decapitado, caminando hacia el estrado con paso decidido y colocándose bajo un foco de luz de un azul glacial.
—No aguanto más —dijo Ron, con los dientes castañeteando, cuando la orquesta volvió a tocar y los fantasmas volvieron al baile.
—Vámonos —dijo Harry.
Fuimos hacia la puerta, sonriendo e inclinando la cabeza a todo el que nos miraba, y un minuto más tarde subíamos a toda prisa por el pasadizo lleno de velas negras.
—Quizás aún quede pudín —dijo Ron con esperanza, abriendo el camino hacia la escalera del vestíbulo.
Y entonces Harry trastabilló al detenerse, y tuvo que sujetarse al muro de piedra. Al tiempo que miraba con los ojos entornados a ambos lados del pasadizo pobremente iluminado.
—Harry, ¿qué...? — empecé, pero me detuvo.
—Es de nuevo esa voz... Callen un momento... — agudicé el oído, y para mi gran sorpresa oí un susurro, casi inaudible y algo confuso.
—... deseado... durante tanto tiempo...
—¡Escuchen! —dijo Harry, y Ron y Hermione se quedaron inmóviles, mirándole, pero yo seguía tratando de oír.
—... matar... Es la hora de matar...
La voz se fue apagando.
—¡Por aquí! —gritó, y se puso a correr escaleras arriba hasta el vestíbulo. Allí era imposible oír nada, debido al ruido de la fiesta de Halloween que tenía lugar en el Gran Comedor. Harry apretó el paso para alcanzar rápidamente el primer piso con nosotros detrás.
—Harry, ¿qué estamos...?
—¡Chssst!
Agucé el oído otra vez. En la distancia, proveniente del piso superior, y cada vez más débil, oí de nuevo la voz:... huelo sangre... ¡HUELO SANGRE!
Me temblaron las rodillas.
—¡Va a matar a alguien! —gritó, y sin hacer caso de las caras desconcertadas de
Ron y Hermione, ambos salimos corriendo al piso superior.
Harry recorrió a toda velocidad el segundo piso, conmigo pisándole los talones, y Ron y Hermione nos seguían jadeando.
No paramos hasta que doblaron la esquina del último corredor, también desierto.
—Harry, ¿qué pasaba? —le preguntó Ron, secándose el sudor de la cara. — Yo no oí nada...
Pero solté un pequeño gritito juntó a Hermione, y señalé:
—¡Miren allí!
Delante, algo brillaba en el muro. Nos aproximaron, despacio, intentando ver en la oscuridad con los ojos entornados. En el espacio entre dos ventanas, brillando a la luz que arrojaban las antorchas, había en el muro unas palabras pintadas de más de un palmo de altura.
“LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA.
TEMAN, ENEMIGOS DEL HEREDERO.”
—¿Qué es lo que cuelga ahí debajo? —preguntó Ron, con un leve temblor en la voz.
Al acercarse más, Harry casi resbala por un gran charco de agua que había en el suelo, lo sostuve y lo seguí, con los el pelirrojo y la castaña flanqueando nuestras espaldas.
Los cuatro comprendimos a la vez lo que era, y dimos un brinco hacia atrás.
La Señora Norris, la gata del conserje, estaba colgada por la cola en una argolla de las que se usaban para sujetar antorchas. Estaba rígida como una tabla, con los ojos abiertos y fijos.
Durante unos segundos, no nos movimos. Luego dijo Ron:
—Vámonos de aquí.
—No deberíamos intentar... —comenzó a decir Harry, sin encontrar las palabras.
—Háganme caso —dijo Ron—; mejor que no nos encuentren aquí.
Pero era demasiado tarde. Un ruido, como un trueno distante, indicó que la fiesta acababa de terminar. De cada extremo del corredor en que se encontraban, llegaba el sonido de cientos de pies que subían las escaleras y la charla sonora y alegre de gente que había comido bien. Un momento después, los estudiantes irrumpían en el corredor por ambos lados.
La charla, el bullicio y el ruido se apagaron de repente cuando vieron la gata colgada. Harry, yo, Ron y Hermione estábamos solos, en medio del corredor, cuando se hizo el silencio entre la masa de estudiantes, que presionaban hacia delante para ver el truculento espectáculo.
Luego, alguien gritó en medio del silencio:
— ¡Teman, enemigos del heredero! ¡Los próximos serán los sangre sucia!
Era Draco, que había avanzado hasta la primera fila. Tenía una expresión alegre en los ojos, y la cara, habitualmente pálida, se le enrojeció al sonreír ante el espectáculo de la gata que colgaba inmóvil. Voltee a verlo, fulminándolo con la mirada, por lo cual borrando la sonrisa se disculpó con la mirada.
Con ese suceso se armó un gran revuelo. Por suerte la gata no estaba muerta, sino que la habían petrificado, y tras un breve interrogatorio nos soltaron sin cargos en nuestra contra.
Ginny se veía afectada con el destino del pobre animal, al igual que Filch, quien se pasaba el día haciendo guardia en “el lugar del crimen” aguardando a que el culpable regrese.
Unos días después, Harry y yo tuvimos que limpiar los gusanos de los pupitres luego de pociones (A pedido del fastidioso de Snape). Luego comimos aprisa y fuimos a buscar a los otros a la biblioteca.
-No entiendo porque Snape nos odia tanto…- comenté en el camino.
-Lo sé, parece que nos odiara… más de lo que ya odia a las personas- bromeó.
Ron estaba realizando un trabajo de Historia de la Magia, ya que lo había olvidado, y el profesor Binns le había pedido un pergamino de un metro sobre “La Asamblea Medieval de Magos de Europa”.
—Apenas y he llegado a los 20 centímetros…
—Deberías de haberte preocupado antes
—Oh, calla, tú y Hermione me volverán loco— se quejó. Rodé los ojos y fui a sentarme junto a mi amiga. Últimamente nos la pasábamos internadas en la biblioteca, buscando información sobre la Cámara de los Secretos, sin resultados.
— ¿Algo nuevo?
—Sí, pero se los diré a todos juntos— llamó a los muchachos, y nos comentó:
—No queda ni uno de los ejemplares que había en el colegio; se han llevado la Historia de Hogwarts —dijo, sentándose junto a Harry y Ron—. Y hay una lista de espera de dos semanas. Lamento haberme dejado en casa mi ejemplar, pero con todos los libros de Lockhart, no me cabía en el baúl.
— ¿Para qué lo quieres? —le preguntó Harry.
—Para lo mismo que el resto de la gente —contesté—: para leer la leyenda de la Cámara de los Secretos.
— ¿Qué es eso? —preguntó Harry al instante.
—Eso quisiéramos saber. Pero no lo recuerdo —contestó Hermione, mordiéndose el labio—. Y no consigo encontrar la historia en ningún otro lado.
—Hermione, déjame leer tu trabajo —le pidió Ron desesperado, mirando el reloj.
—No, no quiero —dijo Hermione, repentinamente severa—. Has tenido diez días para acabarlo.
—Sólo me faltan seis centímetros… ¿De qué me sirve tener dos amigas sabelotodo si ninguna me deja copiarme? — dijo molesto. Ambas lo fulminamos con la mirada.
—Eres un imbécil, Weasley.
Y se fue furiosa. Lo miré con reprobación.
— ¿Qué?
—Estuvo mal, Ron. —comentó Harry. El pelirrojo se puso de pie enfurruñando y siguió el camino de la castaña.
—Ah, ya pasará…
Junté mis libros y me fui junto con a mi mejor amigo.
Nos cruzamos con los otros dos a unos metros de la salida de la biblioteca, gritándose. Sonó la campana. Ron y Hermione se encaminaron al aula de Historia de la Magia, discutiendo.
Historia de la Magia era la asignatura más aburrida de todas. El profesor Binns, que la impartía, era el único profesor fantasma que teníamos, y lo más emocionante que sucedía en sus clases era su entrada en el aula, a través de la pizarra. Viejo y consumido, mucha gente decía de él que no se había dado cuenta de que se había muerto.
Simplemente, un día se había levantado para ir a dar clase, y se había dejado el cuerpo en una butaca, delante de la chimenea de la sala de profesores. Desde entonces, había seguido la misma rutina sin la más leve variación.
Aquel día fue igual de aburrido. El profesor Binns abrió sus apuntes y los leyó con un sonsonete monótono, como el de una aspiradora vieja, hasta que casi toda la clase hubo entrado en un sopor profundo, sólo alterado de vez en cuando el tiempo suficiente para tomar nota de un nombre o de una fecha, y volver a adormecerse. Llevaba una media hora hablando cuando ocurrió algo insólito: Hermione alzó la mano.
El profesor Binns, levantando la vista a mitad de una lección horrorosamente aburrida sobre la Convención Internacional de Brujos de 1289, pareció sorprendido.
— ¿Señorita...?
—Granger, profesor. Pensaba que quizá usted pudiera hablarnos sobre la Cámara de los Secretos —dijo Hermione con voz clara.
Dean Thomas, que había permanecido boquiabierto, mirando por la ventana, salió de su trance dando un respingo. Lavender Brown levantó la cabeza y a Neville le resbaló el codo de la mesa.
El profesor Binns parpadeó.
—Mi disciplina es la Historia de la Magia —dijo con su voz seca, jadeante—. Me ocupo de los hechos, señorita Granger, no de los mitos ni de las leyendas. —Se aclaró la garganta con un pequeño ruido que fue como un chirrido de tiza, y prosiguió—: En septiembre de aquel año, un subcomité de hechiceros sardos...
Balbució y se detuvo. De nuevo, en el aire, se agitaba una mano, mía en este caso.
— ¿Señorita Black?
—Disculpe, señor, ¿no tienen siempre las leyendas una base real?
El profesor Binns me miraba con tal estupor.
—Veamos —dijo lentamente el fantasma—, sí, creo que eso se podría discutir. —Miró en mi dirección como si nunca hubiera visto bien a un estudiante—. Sin embargo, la leyenda por la que usted me pregunta es una patraña hasta tal punto exagerada, yo diría incluso absurda...
La clase entera estaba ahora pendiente de las palabras del profesor Binns; éste miró a sus alumnos y vio que todas las caras estaban vueltas hacia él.
—Muy bien —dijo despacio—. Veamos... la Cámara de los Secretos... Todos ustedes saben, naturalmente, que Hogwarts fue fundado hace unos mil años (no sabemos con certeza la fecha exacta) por los cuatro brujos más importantes de la época.
Las cuatro casas del colegio reciben su nombre de ellos: Godric Gryffindor, Helga Hufflepuff, Rowena Ravenclaw y Salazar Slytherin. Los cuatro juntos construyeron este castillo, lejos de las miradas indiscretas de los muggles, dado que aquélla era una época en que la gente tenía miedo a la magia, y los magos y las brujas sufrían persecución.
Se detuvo, miró a la clase con los ojos empañados y continuó:
—Durante algunos años, los fundadores trabajaron conjuntamente en armonía, buscando jóvenes que dieran muestras de aptitud para la magia y trayéndolos al castillo para educarlos. Pero luego surgieron desacuerdos entre ellos y se produjo una ruptura entre Slytherin y los demás. Slytherin deseaba ser más selectivo con los estudiantes que se admitían en Hogwarts. Pensaba que la enseñanza de la magia debería reservarse para las familias de magos. Lo desagradaba tener alumnos de familia muggle, porque no los creía dignos de confianza. Un día se produjo una seria disputa al respecto entre Slytherin y Gryffindor, y Slytherin abandonó el colegio.
El profesor Binns se detuvo de nuevo y frunció la boca, como una tortuga vieja llena de arrugas.
—Esto es lo que nos dicen las fuentes históricas fidedignas —dijo—, pero estos simples hechos quedaron ocultos tras la leyenda fantástica de la Cámara de los Secretos.
La leyenda nos dice que Slytherin había construido en el castillo una cámara oculta, de la que no sabían nada los otros fundadores.
«Slytherin, según la leyenda, selló la Cámara de los Secretos para que nadie la pudiera abrir hasta que llegara al colegio su auténtico heredero. Sólo el heredero podría abrir la Cámara de los Secretos, desencadenar el horror que contiene y usarlo para librar al colegio de todos los que no tienen derecho a aprender magia. »
Cuando terminó de contar la historia, se hizo el silencio, pero no era el silencio habitual, soporífero, de las clases del profesor Binns. Flotaba en el aire un desasosiego, y todo el mundo lo seguía mirando, esperando que continuara. El profesor Binns parecía levemente molesto.
—Por supuesto, esta historia es un completo disparate —añadió—. Naturalmente, el colegio entero ha sido registrado varias veces en busca de la cámara, por los magos mejor preparados. No existe. Es un cuento inventado para asustar a los crédulos.
Hermione volvió a levantar la mano.
—Profesor..., ¿a qué se refiere usted exactamente al decir «el horror que contiene» la cámara?
—Se cree que es algún tipo de monstruo, al que sólo podrá dominar el heredero de Slytherin —explicó el profesor Binns con su voz seca y aflautada.
La clase intercambió miradas nerviosas.
—Pero ya les digo que no existe —añadió el profesor Binns, revolviendo en sus apuntes—. No hay tal cámara ni tal monstruo.
—Pero, profesor —comentó Seamus Finnigan—, si sólo el auténtico heredero de Slytherin puede abrir la cámara, nadie más podría encontrarla, ¿no?
—Tonterías, O’Flaherty —repuso el profesor Binns en tono algo airado—, si una larga sucesión de directores de Hogwarts no la han encontrado...
—Pero, profesor —intervino Parvati Patil—, probablemente haya que emplear magia negra para abrirla...
—El hecho de que un mago no utilice la magia negra no quiere decir que no pueda emplearla, señorita Patati —le interrumpió el profesor Binns—. Insisto, si los predecesores de Dumbledore...
—Pero tal vez sea preciso estar relacionado con Slytherin, y por eso Dumbledore no podría... —apuntó Dean Thomas, pero el profesor Binns ya estaba harto.
—Ya basta —dijo bruscamente—. ¡Es un mito! ¡No existe! ¡No hay el menor indicio de que Slytherin construyera semejante cuarto trastero! Me arrepiento de haberles relatado una leyenda tan absurda. Ahora volvamos, por favor, a la historia, a los hechos evidentes, creíbles y comprobables.
Y en cinco minutos, la clase se sumergió de nuevo en su sopor habitual.

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:33 pm

Cap. 10 “El baño del segundo piso”
Mientras caminaban empujados por la multitud, pasó Colin Creevey, el niño de primero fanático de Harry.
— ¡Eh, Harry!
— ¡Hola, Colin!
—Harry, Harry..., en mi clase un chico ha estado diciendo que tú eres...
Pero Colin era demasiado pequeño para luchar contra la marea de gente que lo llevaba hacia el Gran Comedor. Se le oyó chillar:
— ¡Hasta luego, Harry! —Y desapareció.
— ¿Qué es lo que dice sobre ti uno de su clase? —preguntó Hermione.
—Que soy el heredero de Slytherin, supongo —respondió.
—La gente aquí es capaz de creerse cualquier cosa —opinó Ron, con disgusto
—No les hagas caso, al parecer tienen demasiado tiempo libre como para inventar rumores. — comenté molesta.
La masa de alumnos se aclaró, y conseguimos subir sin dificultad al siguiente rellano.
— ¿Crees que realmente hay una Cámara de los Secretos? —preguntó Ron a Hermione.
—No lo sé —respondió ella, frunciendo el entrecejo—. Dumbledore no fue capaz de curar a la Señora Norris, y eso me hace sospechar que quienquiera que la atacase no debía de ser..., bueno..., humano.
Al doblar la esquina nos encontramos en un extremo del mismo corredor en que había tenido lugar la agresión. Nos detuvimos a mirar. El lugar estaba tal como lo habíamos encontrado aquella noche, salvo que ningún gato tieso colgaba de la argolla en que se fijaba la antorcha, y que había una silla apoyada contra la pared del mensaje: «La cámara ha sido abierta.»
—Aquí es donde Filch ha estado haciendo guardia —dijo Ron.
Nos miramos entre nosotros. El corredor se encontraba desierto.
—No hay nada malo en echar un vistazo —dijo Harry, dejando la bolsa en el suelo y poniéndose a gatear en busca de alguna pista.
— ¡Esto está chamuscado! —dijo—. ¡Aquí... y aquí!
— ¡Ven y mira esto! —Dijo Hermione—. Es extraño.
Harry se levantó y se acercó a la ventana más próxima a la inscripción de la pared, junto a Ron y yo.
Hermione señalaba al cristal superior, por donde una veintena de arañas estaban escabulléndose, según parecía tratando de penetrar por una pequeña grieta en el cristal.
Un hilo largo y plateado colgaba como una soga, y daba la impresión de que las arañas lo habían utilizado para salir apresuradamente.
— ¿Habían visto alguna vez que las arañas se comportaran así? —preguntó ella, perpleja.
—Yo no —dijo Harry—. ¿Y tú, Ron? ¿Ron?
Cuando volteamos a verlo, Ron había retrocedido y parecía estar luchando contra el impulso de salir corriendo.
— ¿Qué pasa? —le preguntó Harry.
—No... No me gustan... las arañas —contestó Ron, nervioso.
—No lo sabía —dijo Hermione, mirando sorprendida a Ron—. Has usado arañas muchas veces en la clase de Pociones...
—Si están muertas no me importa —explicó Ron, quien tenía la precaución de mirar a cualquier parte menos a la ventana—. No soporto la manera en que se mueven.
Hermione soltó una risita tonta.
—No tiene nada de divertido —dijo Ron impetuosamente—. Si quieres saberlo, cuando yo tenía tres años, Fred convirtió mi... mi osito de peluche en una araña grande y asquerosa porque yo le había roto su escoba de juguete. A ti tampoco te harían gracia si estando con tu osito, le hubieran salido de repente muchas patas y...
Dejó de hablar, estremecido. Era evidente que Hermione seguía aguantándose la risa, tal y como yo. Harry, de seguro para evitar una pelea, dijo:
— ¿Recuerdan toda aquella agua en el suelo? ¿De dónde vendría? Alguien lo ha limpiado.
—Estaba por aquí —dijo Ron, recobrándose y caminando unos pasos más allá de la silla de Filch para indicárselo—, a la altura de esta puerta.
Asió el pomo metálico de la puerta, pero retiró la mano inmediatamente, como si se hubiera quemado.
— ¿Qué pasa? —preguntó Harry
—No puedo entrar ahí —dijo Ron bruscamente—, es un aseo de chicas.
—Pero Ron, si no habrá nadie dentro —le dije recomponiendo la compostura y acercándome—; aquí es donde está Myrtle la Llorona. Vamos, echemos un vistazo.
Y sin hacer caso del letrero de «No funciona», abrí la puerta.
Debajo de un espejo grande, quebrado y manchado, había una fila de lavabos de piedra en muy mal estado. El suelo estaba mojado y reflejaba la luz triste que daban las llamas de unas pocas velas que se consumían en sus palmatorias. Las puertas de los retretes estaban rayadas y rotas, y una colgaba fuera de los goznes.
Hermione les pidió silencio con un dedo en los labios y juntas nos acercamos al último retrete. Cuando llegamos, dijo:
—Hola, Myrtle, ¿qué tal?
Harry y Ron se acercaron a ver. Myrtle la Llorona estaba sobre la cisterna del retrete, reventándose un grano de la barbilla.
—Esto es un aseo de chicas —dijo, mirando con recelo a Harry y Ron—. Y ellos no son chicas.
—No —confirmé con una risita—. Sólo quería enseñarles lo... lo bien que se está aquí.
—Pregúntale si vio algo —me dijo Harry sin pronunciar, para que le leyera los labios.
— ¿Qué murmuras? —le preguntó Myrtle, mirándole.
—Nada —se apresuró a decir Harry—. Queríamos preguntar...
— ¡Me gustaría que la gente dejara de hablar a mis espaldas! —Dijo Myrtle, con la voz ahogada por las lágrimas—. Tengo sentimientos, ¿saben?, aunque esté muerta.
—Myrtle, nadie quiere molestarte —calmó Hermione—. Harry sólo...
— ¡Nadie quiere molestarme! ¡Ésta sí que es buena! —Gimió Myrtle—. ¡Mi vida en este lugar no fue más que miseria, y ahora la gente viene aquí a amargarme la muerte!
—Queríamos preguntarte si habías visto últimamente algo raro —dijo Hermione dándose prisa—. Porque la noche de Halloween agredieron a un gato justo al otro lado de tu puerta.
— ¿Viste a alguien por aquí aquella noche? —le preguntó Harry.
—No me fijé —dijo Myrtle con afectación—. Me dolió tanto lo que dijo Peeves, que vine aquí e intenté suicidarme. Luego, claro, recordé que estoy..., que estoy...
—Muerta ya —dijo Ron, con la intención de ayudar. Myrtle sollozó trágicamente, se elevó en el aire, se volvió y se sumergió de cabeza en la taza del retrete, salpicándonos, y desapareció de la vista; a juzgar por la procedencia de sus sollozos ahogados, debía de estar en algún lugar del sifón.
Harry y Ron se quedaron con la boca abierta, pero Hermione, que ya estaba harta –al igual que yo-, se encogió de hombros, y les dijo:
—Tratándose de Myrtle, esto es casi estar alegre. Bueno, vámonos...
Harry acababa de cerrar la puerta a los sollozos gorjeantes de Myrtle, cuando una potente voz nos hizo dar un respingo.
— ¡RON!
Percy Weasley, con su resplandeciente insignia de prefecto, se había detenido al final de las escaleras, con una expresión de susto en la cara.
— ¡Esos son los aseos de las chicas! —gritó—. ¿Qué estás haciendo?
—Sólo echaba un vistazo —excusó Ron, encogiéndose de hombros—. Buscando pistas, ya sabes...
Percy parecía a punto de estallar, parecía una señora Weasley versión masculina.
—Váyanse... fuera... de aquí... —dijo, caminando hacia nosotros con paso firme y agitando los brazos para echarnos—. ¿No se dan cuenta de lo que podría parecer, volver a este lugar mientras todos están cenando?
— ¿Por qué no podemos estar aquí? —Repuso Ron acaloradamente, parándose de pronto y enfrentándose a Percy—. ¡Escucha, nosotros no le hemos tocado un pelo a ese gato!
—Eso es lo que dije a Ginny —dijo Percy con contundencia—, pero ella todavía cree que te van a expulsar. No la he visto nunca tan afectada, llorando amargamente. Podrías pensar un poco en ella, y además, todos los de primero están asustados.
—A ti no te preocupa Ginny —replicó Ron, enrojeciendo hasta las orejas—, a ti sólo te preocupa que yo eche a perder tus posibilidades de ser Representante del Colegio.
— ¡Cinco puntos menos para Gryffindor! —Gritó Percy secamente, llevándose una mano a su insignia de prefecto—. ¡Y espero que esto te enseñe la lección! ¡Se acabó el hacer de detective, o de lo contrario escribiré a mamá!
Y se marchó con el paso firme y la nuca tan colorada como las orejas de Ron.
Aquella noche, nos sentamos lo más alejados posibles de Percy, en la Sala Común.
Ron estaba todavía de muy mal humor y seguía emborronando sus deberes de Encantamientos. Cuando, sin darse cuenta, cogió su varita mágica para quitar las manchas, el pergamino empezó a arder. Casi echando tanto humo como sus deberes, Ron cerró de golpe El libro reglamentario de hechizos (clase 2). Para sorpresa de Harry y mía, Hermione lo imitó.
—Pero ¿quién podría ser? —dijo con voz tranquila, como si continuara una conversación que hubiéramos estado manteniendo—. ¿Quién querría echar de Hogwarts a todos los squibs y los de familia muggle?
—Pensemos —dijo Harry con desconcierto, mirándome—. ¿Conocemos a alguien que piense que los que vienen de familia muggle son escoria?
Enseguida entendí a qué quería hacer referencia.
— ¡Harry! ¿Cómo puedes pensar eso?
—Bueno, lo escuchamos perfectamente cuando dijo “Los próximos serán los sangres sucia”.
Solté un jadeo de consternación.
—Oh, vamos, puede hacer algunas estupideces, pero es bueno, además, de ser el heredero de Slytherine, (cosa que—agregué en un rápido murmullo—no es), la Cámara se habría abierto el curso anterior.
Los otros dos nos miraban con incomodidad.
— ¡Es bueno contigo solamente!— pareció no escuchar lo último, o tal vez era que más quería hablar de esto.
Entonces Hermione, como si esperara algo, susurró: “Muffliato”.
—No bromees, lo que pasa es que yo le di la oportunidad de conocernos bien, eso es todo, recuerda que yo también lo odiaba antes. ¡Pero cambió!
—Camille, no seas ciega, ¡no es solo que se le dio la gana de cambiar de un día a otro!—gritó con enfado.
— ¡AH! ¡¿NO?! ¿ENTONCES QUE ES?
No me daba cuenta de que todos en la Sala Común miraban nuestro espectáculo, claro que sin escuchar nada gracias al hechizo.
— ¡LE GUSTAS!
Y me quedé petrificada, sin decir palabra. ¿Qué cosas decía?
— ¡Harry! No es lo mejor que has inventado.
—No es invento, es que no notas… ¿No notas como te mira?
—Oh, vamos, ahora eres un experto en expresiones y un observador profesional—rodé los ojos.
—Es el, quieras admitirlo o no— volvió al tema anterior rápidamente.
Poco a poco nos calmábamos más.
—Claro que no.
—Si lo es.
—Que no.
—Si.
— ¡No!
— ¡Si!
— ¡QUE NO! Y punto.
—Que si...— murmuró. Solté un suspiro, rendida.
—Finite incantatem.
Ron y Hermione se miraron entre ellos y luego a nosotros, dudosos.
—Em… ¿Ya está?— preguntó la castaña.
— ¿Qué cosa?
—Ya han arreglado “sus diferencias”— hizo comillas en el aire, y noté que Herms le golpeaba con el codo disimuladamente.
— ¿Qué diferencias? Solo es algo en lo que no concordamos…
—Bueno, de hecho nosotros dos también apoyamos a Harry.
—Es cierto, parece demasiado sospechoso, Camille— agregó Hermione.
Los miré indignada., y con un bufido les dije.
—De acuerdo, demuéstrenme que me equivoco.
—Y—aprovechó Harry—, si lo hacemos, dejaras de hablar con él.
—Bien, pero si se equivocan, tendrán que tratar de ser amigos.
Lo pensaron durante un largo rato, consultándose con la mirada.
—De acuerdo…—dijo por fin Harry. Le tendí la mano.
—Es una apuesta entonces, que gane el que dice la verdad…—y agregué eufórica— ¡Yo, evidentemente!
Y subí hasta mi habitación, aun vacía. Me acosté un rato en la cama, tratando de dormir, aunque en realidad estaba pensando en lo sucedido estos últimos meses…
Todo eso de Draco, Harry y los Dursley, y esa voz que solo Harry escuchaba, esto era una locura…
De repente una vocecilla me susurró: “Acepta que tú también la escuchas…”
Rodé hacia el otro lado, incómoda.
Era verdad, yo la había escuchado ese día del accidente de la señora Norris… Y aun no le había dicho nada a ninguno… ¿Debería decirles? Tal vez no, me catalogarían como que trato de apoyar a Harry y miento. Pero, si es verdad, ¿Qué más da si me creen o no? Si quieren creerlo que lo hagan y si no, no me importa, vale la pena ayudar a Harry un poco; últimamente se veía decaído.
-De acuerdo, se lo diré- me dije. Y por un impulso me levanté en silencio de la cama. Sin darme cuenta, en algún momento las otras se habían acostado, y ya estaban profundamente dormidas.
Me puse mi bata sobre el camisón, y bajé hasta la Sala Común en puntillas.
Estaba desierta, así que no tuve inconvenientes con subir hasta la habitación de los muchachos, cuya puerta tenía un cartel que marcaba:
“Ron Weasley – Seamus Finnigan- Harry Potter-
Dean Thomas- Neville Longbottom”
Traté de que la puerta no crujiera al abrirla.
Dentro había cinco camas con dosel, color rojo sangre. En una reconocí de inmediato a Ron, con su cabello anaranjado, que resaltaba aun en la oscuridad. En otra estaba Neville, junto a el vi a Dean, totalmente desparramado. Por fin vi a Harry, que dormía plácidamente.
Me acerqué cuidando de no hacer ruido, y le susurré.
—Harry…
No hubo respuesta.
— ¡Harry!
Nada.
— ¡HARRY!— y lo zarandee fuertemente.
Abrió los ojos asustados y casi se pone a gritar, pero le cubrí la boca.
— ¡SHH!
Me miraba con los ojos como platos. Lo solté y enseguida se puso los anteojos, aun sin comprender mucho.
— ¿Camille?
—CHSS, no hables tan alto—susurré.
— ¿Qué…?— pero antes de que dijera algo lo arrastré fuera de la cama, hasta la Sala Común.
— ¿Entonces?— preguntó desconcertado.
—Me acordé de que tenía que decirte algo…
Volvió a abrir los ojos de par en par y se sonrojo.
— ¿Qu-qué cosa?
Me senté en uno de los sillones, y comencé a explicarle:
— ¿Recuerdas la vez de la voz en Halloween?— asintió, regresando a la normalidad, algo decepcionado ¿De qué??—; bueno, sucede que… Yo también la escuché…— entonces volvió a abrir los ojos, y se sentó junto a mi.
— ¿Cómo que la escuchaste?
—Eh, bueno, la escuché—dije con sarcasmo.
—Ja, ja, graciosa.
Seguía enojado por lo de horas atrás.
—Ya basta, ¿Si? Quería decirte que escuche la misma voz que tú escuchaste, algo que por cierto todos dudan que sea real, y sin embargo te pones en idiota.
Estaba por irme, pero me pidió perdón, y volví a mi lugar, conservando mi orgullo algo dañado.
—Bueno, ¿Por qué crees que solamente nosotros la oímos?
—Eh… No lo sé, ya me desvelé muchas noches tratando de averiguarlo.
— ¿Tendrá algo que ver con… nuestros padres?
— No lo creo, ¿Qué puede llegar a tener que ver eso, con que escuchemos voces como si estuviéramos prófugos de San Mungo?
—Bueno, es la única relación que encontré entre nosotros que sea de un pasado común.
—Tal vez…— pero no continuó la frase.
— ¿Qué?
—Bueno, que tal vez haya cosas que no conocemos, de… NUESTRO pasado.
— ¿Qué clase de cosas?
—Por ejemplo, ¿Por qué Snape odiaba a nuestros padres?
—Tienes razón… Menos mal que uno de nosotros piensa.
—Prefiero decir que “tengo mucho tiempo libre para pensar”.
Solté una risita silenciosa.
— ¿Tiempo libre para pensar? ¿Y qué con las tareas?
—Yo dije PENSAR, no hacer ensaladas Rusas de con mi cabeza.
—Bien, antes de empezar a hablar de cocina, ¿Debería contarles a Hermione y a Ron?
—A decir verdad, dejaría de parecer un loco.
—Claro, ahora seríamos dos locos, pero locos juntos— ironicé.
—De acuerdo, si quieres diles, si no, no hace mucha falta—puso un tono de ofendido.
—Agh, está bien…—dije fingiendo frustración, y reoje su expresión, que reflejaba una sonrisa de satisfacción—: Ya que insistes no les cuento.
La sonrisa se borró.
—Oh, ¿por favor?
—Déjame pensarlo…No— sonreí con malicia, y me levanté dirigiéndome a las escaleras de las chicas.
—Se los puedo decir yo…
—No te atreverías—dije segura.
— ¿Cómo sabes que no?—volvió a sonreír.
—Porque me enojaría, y no quieres que me enoje contigo.
—¡Ja! ¿Quién dice que no?
—Porque si es así, me iré con Draco y sus amigos.
La sonrisa volvió a desaparecer, como una palanca que subían y bajaban.
—Oh, esta bien, seré un loco solo…—se cruzó de brazos.
—Por cierto, luego hablaremos sobre como averiguar lo de Snape.
—De acuerdo, adiós.
Subí un par de escalones, pero enseguida regresé corriendo a donde Harry, quien recién se levantaba del sofá.
Y fue todo rápido. Abrió los ojos de par en par como por cuarta vez en la noche, y yo rápidamente le di un beso en la mejilla, estas se tornaron rojizas.
— ¡Perdóname por despertarte! Y gracias— murmuré, y me fui corriendo en silencio a mi habitación, me tiré en la cama, y solté un gran suspiro…
¡OH DIOS! ¿QUÉ ME PASA?

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:33 pm

Cap. 11 “Partido contra Slytherin”
Al día siguiente, Hermione, Ron y Harry se dedicaron a buscar la lista de ingredientes para la poción multijugos, la cual los ayudaría a demostrarme que supuestamente Malfoy era el heredero de Slytherine
—Debemos conseguir la autorización de un profesor para sacar el libro de la Sección Prohibida de la biblioteca— les explicaba Hermione a los muchachos, conmigo al lado tratando de ignorarlos.
— ¿Quién sería tan tonto como para dárnosla?—preguntó Ron.
—Oh, si quieren que les de una pista…— les dije, provocando que me miraran con curiosidad.
— ¿Quién?
—Bueno, siguen siendo mis amigos pese a que acusen a mis OTROS amigos de ser una entidad maligna dispuesto a asesinar a montones de personas inocentes—dramatice, y Herms rodó los ojos, Harry soltó un bufido, y Ron, luego de asimilar lo que dije soltó un “¿Qué?”—. Así que les diré—continué ignorando la cara de confusión del pelirrojo—, que el único profesor tan estúpido como para darles una autorización extraña a una zona PROHIBIDA y oscura en la biblioteca, creería yo, que es Lockhart.
Harry y Ron sonrieron, pero Herms soltó un bufido.
—Ya veremos…
Y entramos a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Allí Lockhart nos torturó leyendo e interpretando pasajes de sus libros, como siempre, usando a Harry como ayudante.
Finalmente sonó el timbre, y Harry suspiró aliviado. Se acercó a nosotros, y le dijo a Hermione:
—Ve tú…
Fueron hasta el profesor, pero no llegué a escuchar, ya que con un suspiro me fui.
Fuera me crucé con Draco.
—Hola Camille— me dijo amistoso, ¡Era increíble que creyeran esas cosa de él!
—Hola Draco, ¿Cómo te ha ido?
Hizo una mueca.
—Eh, digamos que la profesora Sprout no tiene simpatía por mí.
—Tal vez, pero tienes la de Snape, eso es milagroso.
—A decir verdad si, no soportaría que me tratasen como a tus amigos.
Poco a poco se había acostumbrado a no llamar con algún insulto a Harry, Ron y Hermione (al menos frente a mí)
—Créeme que no.
—A propósito, ¿A quién apoyaras en el partido?
¿Partido?
— ¿Qué partido dices?
—Mañana jugamos contra Gryffindor—dijo como si fuera algo obvio y que debería saber.
¡Lo había olvidado!
— ¡OH! Tienes razón, aun no lo pensé—dude unos segundos—. Aunque supongo que apoyaré a Gryffindor, es mi casa.
—Ah, gracias.
—No te enojes, si quieres te apoyo con la mente.
— ¿Cómo es eso?
—Ya sabes, te deseo que ganes y eso.
— ¿Y en que me ayuda?
— ¿No te basta con que te desee suerte?
—De acuerdo…— dijo algo receloso—, pero al menos merezco un abrazo de apoyo, ¿No es así?
Preguntó sonriendo pícaramente, viendo algo detrás mio.
—Si eso quieres…
Y lo abracé unos segundos.
Luego, sucedió algo muy rápido.
Se escuchó un insulto, y al instante alguien estaba lanzándose sobre Draco, provocando que por poco yo cayera al piso.
Cuando caí en mi, me di cuenta de que ese alguien era Harry.
Estaban rodando en el suelo, tratando de lanzarse puñetazos (gracioso siendo pequeños) y lastimar algo del otro.
— ¡HARRY!— grité exasperada. Poco a poco se acumulaban más personas alrededor nuestro. Entre ellos estaban Fred y George, que gritaban:
— ¡Vamos Harry!
— ¡Tu puedes! ¡Hazme ganar esos galeons!
Entonces saqué mi varita y grité:
— ¡PETRIFICUS TOTALUS!
Y ambos quedaron inmóviles.
— ¡Levicorpus!
Moví a Harry por los aires hasta que quedo frente a mí.
—Finite incantatem—apunté a Draco, y este se levanto, dispuesto a volver con Harry.
—Vete Draco, por favor.
Se detuvo en seco, y durante unos momentos no hizo nada, indispuesto a irse, hasta que finalmente dio media vuelta lanzando una mirada de odio, receloso, y se fue.
— ¡¿Y ustedes que quieren?!— grité a la masa de personas que seguían en ronda. Poco a poco se dispersaron entre murmullos.
—Devuélveme el dinero Weasley, te dije que los detendría— le decía uno de Hufflepuff a Fred, quien obedecía maldiciendo entre dientes.
Pronto estábamos solos.
—Finite incantatem—susurré, y Harry se paró con normalidad. Tenía las gafas rotas y un rasguño en la mejilla izquierda.
—Oculus reparo—dije por lo bajo, y los anteojos se arreglaron. Entonces comencé la reprimenda.
— ¿Qué fue eso?— recriminé enojada.
—Una pelea—respondió a secas.
—Sabes a que me refiero, no lo esquives. ¿Por qué lo hiciste?
—No lo sé.
— ¿No lo sabes? ¿Eso le habrías dicho a McGonagall si te atrapaba? ¿Y que harás si Draco le cuenta a Snape o a su padre? ¿Eh? ¿Qué tal si te expulsan?
—No lo sé— repitió.
— ¡Harry!
— ¿Qué buscas que diga? ¿Qué lo siento y que no volverá a ocurrir? No lo conseguirás, lo lamento.
—Sabes perfectamente que lo que hiciste está mal, así que no necesito tus disculpas. Pero me gustaría una buena razón para lo que hiciste.
—Bueno, ya que tanto te interesa, lo golpee porque te abrazaba.
Y se fue echándose la mochila a los hombros, dejándome congelada.
¿Acaso estaba celoso?
Oh, por Merlín, si así es el amor, prefiero que no exista…

Ese día no me habló, ni yo tampoco a él. Hermione y Ron se habían enterado de lo ocurrido, y estaban divididos, Herms conmigo y Ron con Harry, tratando de que nos arreglemos.
Claro que no funcionó.
Al día siguiente me desperté a eso de las 10:30 de la mañana. Hoy era el bendito partido…
Luego de asearme, me coloqué la túnica, y bajé a la Sala Común.
Allí estaba Hermione con un libro, unos de primero y un par de quinto y cuarto.
Me senté junto a ella.
— ¿Lees tan temprano?
—Es mejor que leer muy tarde— repuso cerrando el libro.
—Supongo que… los otros están durmiendo—dije tratando de no nombrar a Harry.
—Supones bien, “los otros” de seguro se despiertan tarde.
Hubo en corto silencio.
— ¿De veras no se hablarán más por esa tontería?
—Dices eso porque no lo viste, ¡Se lanzó encima de el! ¡Así, de la nada!— solté al instante.
—Oh, vamos, lo hizo por celos.
—Celos, celos, ¿Celos de que?
Se rió tontamente, como si fuera la pregunta más estúpida del mundo.
—Supongo que celos de Malfoy.
—Pff, mi mejor amigo es Harry, no él, no lo cambiaría tampoco, se supone que debe saberlo.
Soltó un suspiro.
—No son precisamente esa clase de celos.
Levanté una ceja, escéptica.
— ¿Ah no?
— Vamos Camille, somos pequeños, pero no tanto. Es obvio que le gustas.
Entonces sentí algo revolviéndose en mi estómago. ¿Sería verdad?
— ¿Qué?
— ¿Me dirás que no lo notabas?
—Bueno, es raro…
— ¿En que sentido?
—En que él es mi mejor amigo, se supone…
Se echó a reír.
—En serio, ¿Eso que tiene que ver con qué se gusten?
—Yo nunca dije que me gustara—defendí, sintiendo mis mejillas arder.
—Ah, tienes razón…
Y volvió a carcajear.
—¡Basta!
—Pero… pero… es que…—trató de hablar, entre risas.
La miré seriamente, y ella calló de súbito.
—De acuerdo—se disculpó—pero si lo de ustedes no es gustarse, no sé que lo es— levanto ambas manos mostrando las palmas, defensiva.
—Ya te dije que yo no estoy enamorada de Harry.
Y en ese momento, de las escaleras de los chicos, aparecían dos cabezas familiares, una rojiza, y otra azabache.
Me quedé muda, al igual que Hermione. Harry me miraba con una expresión inescrutable, y Ron lo miraba a él, preocupado.
Quise decir algo, pero enseguida se retiró a través del hueco en la pared.
Los otros dos me miraron con decepción.
— ¿Qué?— exclamé molesta, yéndome yo también.

El almuerzo fue incómodo. Me senté junto a Ginny y Hermione, ya que Harry y Ron estaban apartados.
No hable en toda la comida, provocando que la pelirroja me mirara preocupada.
A esa de las once, nos dirigimos con todos los demás, al campo de Quidditch a presenciar el partido.
En las gradas estaba sentada entre Ron y Hermione. El primero me miraba negando con la cabeza, por lo cual cambie de lugar a Ginny, y quede entre Herms y Neville.
Cuando los de Gryffindor salieron al campo, fueron recibidos con gran estruendo; eran sobre todo aclamaciones de Hufflepuff y de Ravenclaw, cuyos miembros y seguidores estaban deseosos de ver derrotado al equipo de Slytherin, aunque la afición de Slytherin también hizo oír sus abucheos y silbidos. La señora Hooch, que era la profesora de quidditch, hizo que Flint y Wood se dieran la mano, y los dos contrincantes aprovecharon para dirigirse miradas desafiantes y apretar bastante más de lo necesario.
—Cuando toque el silbato —dijo la señora Hooch—: tres..., dos..., uno...
Animados por el bramido de la multitud que les apoyaba, los catorce jugadores se elevaron hacia el cielo plomizo. Harry ascendió más que ningún otro, aguzando la vista en busca de la snitch.
— ¿Todo bien por ahí, cabeza rajada? —le gritó Malfoy, saliendo disparado por debajo de él, lo cual me hizo enojar, claro que desde la pelea Draco había olvidado mis reclamos porque tuvieran una buena relación.
Harry no tuvo tiempo de replicar. En aquel preciso instante iba hacia él una bludger negra y pesada; faltó tan poco para que le golpeara, que al pasar le despeinó.
—¡Por qué poco, Harry! —le dijo George, pasando por su lado como un relámpago, con el bate en la mano, listo para devolver la bludger contra Slytherin.
George dio un fuerte golpe a la bludger dirigiéndola hacia Adrian Pucey, pero la bludger cambió de dirección en medio del aire y se fue directa, otra vez, contra Harry.
Harry descendió rápidamente para evitarla, y George logró golpearla fuerte contra Draco. Una vez más, la bludger viró bruscamente como si fuera un bumerán y se encaminó como una bala hacia la cabeza de Harry.
¿Qué estaba pasando?
Harry aumentó la velocidad y salió zumbando hacia el otro extremo del campo.
Las bludger nunca se enconaban de aquella manera contra un único jugador, su misión era derribar a todo el que pudieran...
Fred Weasley aguardaba en el otro extremo. Harry se agachó para que Fred golpeara la bludger con todas sus fuerzas.
— ¡Ya está! —gritó Fred contento, pero se equivocaba: como si fuera atraída magnéticamente por Harry, la bludger volvió a perseguirlo y él se vio obligado a alejarse a toda velocidad.
Había empezado a llover, y eso dificultaría la visión de Harry.
«Slytherin en cabeza por seis a cero.» gritó Lee Jordan, el comentarista, cuando éstos marcaron un tanto.
Estaba claro que la superioridad de las escobas de Slytherin daba sus resultados, y mientras tanto, la bludger loca hacía todo lo que podía para derribar a Harry. Fred y George se acercaban mucho a él, uno a cada lado.
George y Fred parecían murmurar algo, mientras golpeaban a la bludger que seguía intentando tirar a Harry.
Entonces George, comenzó a batir los brazos intentando hacerle señas a Wood y al mismo tiempo evitar que la bludger le partiera la nariz a Harry.
Wood captó el mensaje. La señora Hooch hizo sonar el silbato y Harry, Fred y George bajaron al césped, todavía tratando de evitar la bludger loca.
El equipo de Gryffindor se reunió a hablar, mientras la afición de Slytherin los abucheaba
La señora Hooch iba hacia ellos. Detrás de ella, el equipo de Slytherin lo señalaba y se burlaban.
Wood miraba a Harry como a los Weasley. No podía oír lo que decían, lo cual era frustrante.
Llegó la señora Hooch, y le preguntó algo a Wood.
Éste pareció dudar unos instantes, pero finalmente volvieron al campo.
La lluvia volvió a arreciar. Al toque de silbato de la señora Hooch, Harry dio una patada en el suelo que lo propulsó por los aires, y enseguida la bludger fue tras él. Harry ascendió más y más. Giraba, daba vueltas, se trasladaba en espiral, en zigzag, describiendo tirabuzones.
En un momento voló cabeza abajo, provocando las risas de la multitud.
Inició un vuelo a lo montaña rusa por los bordes del campo.
La bludger le pasó rozando. Mi corazón parecía un tambor indio, ya que no dejaba de latir a gran velocidad. Esa bludger podría golpearlo en cualquier momento…
Dio media vuelta y voló en la dirección opuesta.
—¿Haciendo prácticas de ballet, Potter? —le gritó Draco, cuando Harry se vio obligado a hacer una ridícula floritura en el aire para evitar la bludger, ya hablaría con el...
Harry escapó, pero la bludger lo seguía a un metro de distancia; y cuando volteo a ver a Malfoy, se quedó inmóvil Durante un angustioso instante.
¡PLAM!
Solté un grito.
Se había quedado quieto un segundo de más. La bludger lo alcanzó por fin, le golpeó en el codo. Débil, desmontó a medias de la escoba empapada por la lluvia, manteniendo una rodilla todavía doblada sobre ella y su brazo derecho colgando inerte.
La bludger volvió para atacarle de nuevo, y esta vez se dirigía directa a su cara. Harry cambió bruscamente de dirección.
Yo estaba parada, al igual que otros en la tribuna, mirando con suma atención sus movimientos, temerosa de que cayera de su escoba.
Se dirigía hasta Draco.
—¿Qué...? —exclamó éste en un grito ahogado logrando que lo oyera, apartándose del rumbo de Harry.
Harry se soltó finalmente de la escoba tratando de atrapar algo.
Pero sólo se sujetaba a la escoba con las piernas, y comenzó a caer.
—¡Harry!— grité con desesperación, bajando las gradas rápidamente.
Con un golpe seco chocó contra el barro y salió rodando, ya sin la escoba. El brazo le colgaba en un ángulo muy extraño. De pronto, cuando estaba a punto de bajar al campo, todos comenzaron a aclamar y silbar. Había atrapado la snitch.
Lo vi murmurar algo, pero enseguida se desmayó.
Corrí hasta a él, y me arrodillé a su lado, colocando mis manos en el contorno de su cara, esperando que dijera algo, lo que fuese.
Enseguida todos estaban a nuestro alrededor, y Lockhart se abrió paso hasta mi lado.
De repente abrió los ojos.
Parecía confuso.
—Camille… ¿Qué pasó?
— ¡Gracias a Dios!—lo abracé provocando que sonriera, pero lo solté cuando oí un gemido de dolor y acto seguido se tocó el brazo—Eres un completo idiota—y su sonrisa desapareció—…No deberías haberte arriesgado así, pero me alegra que estés bien— y volvió a sonreír, aun acostado en el suelo.
En ese momento vio a Lockhart, y gimoteo:
—Oh, no usted…
—No sabe lo que dice —explicó Lockhart en voz alta a la expectante multitud de Gryffindor que se agolpaba alrededor. Aunque yo sabía perfectamente que tenía total conciencia y demasiada razón al lamentarse—. Que nadie se preocupe: voy a inmovilizarle el brazo.
— ¡No! —Dijimos yo y Harry al mismo tiempo, y el quedó congelado—, me gusta como está, gracias—finalizó el pelinegro.
Intentó sentarse, pero no lo logró. Entonces se oyó un “¡Clic!” de la cámara de Creevey.
—No quiero que hagas fotos, Colin —dijo Harry alzando la voz.
—Vuelve a tenderte, Harry —dijo Lockhart, tranquilizador—. No es más que un sencillo hechizo que he empleado incontables veces.
— ¿Por qué no me envían a la enfermería? —masculló él, mirándome con súplica.
—Así debería hacerse, profesor —dijo Wood, lleno de barro y sin poder evitar sonreír aunque su buscador estuviera herido—. Fabulosa jugada, Harry, realmente espectacular, la mejor que hayas hecho nunca, yo diría.
—Apártense —dijo Lockhart, arremangándose su túnica verde jade.
—No... ¡No! —dijo Harry débilmente, pero Lockhart estaba revoleando su varita, y un instante después la apuntó hacia su brazo.
Y entonces sucedió algo extraño. Su brazo pareció desinflarse, quedando blandengue como un fideo.
Él había cerrado los ojos y vuelto la cara hacia el otro lado, aunque de seguro noto que algo malo ocurría cuando todos soltaron un grito ahogado y Colin comenzó a sacar fotos a lo loco.
— ¿¡Qué ha hecho?!—grité exasperada.
— ¡Ah! —Dijo Lockhart—. Sí, bueno, algunas veces ocurre esto. Pero el caso es que los huesos ya no están rotos. Eso es lo que importa. Así que, Harry, ahora debes ir a la enfermería. Ah, señorita, ¿puede ayudarle? La señora Pomfrey podrá..., esto..., arreglarlo un poco.
— ¡Eso espero, profesor!
Lo ayudé a levantarse. Al ponerse en pie, Harry miró hacia su lado derecho. Casi volvió a desmayarse.
Por el extremo de la manga de la túnica asomaba lo que parecía un grueso guante de goma de color carne.
Lockhart no le había recompuesto los huesos: se los había quitado.
Lo acompañé a la enfermería.
—Realmente, Lockhart tiene algún problema…—murmuré.
—Una muy grave—respondió algo enfadado.
Entonces pensé, que debía aprovechar el momento para hablar con el.
—Harry… Lo siento…
Me miró sin expresión unos instantes y luego contestó.
—No deberías, no hay nada que lamentar…—su voz sonó áspera.
— ¡Claro que hay!
—No lo creo, solo escuche algo que decías sobre mí, no es gran cosa.
— ¡Ah! ¿Vas a decirme que no te importó en absoluto?
Estaba sintiéndome algo indignada y triste. Y yo que pensaba decirle la verdad…
—De hecho, no.
— ¿Entonces por qué te fuiste de inmediato y no me hablaste en toda la mañana?
Me aferraba débilmente a los recursos que tenía.
—Para que siguieras hablando tranquila. La situación habría sido embarazosa ¿No crees?
Me detuve en seco.
—Ah, claro…—contesté con sarcasmo, y voltee gritando— ¡Da igual ahora!
Lo deje a la deriva, y me encaminé al retrato de la Dama Gorda.
—Somormujo—murmuré al llegar, con lo que la puerta se abrió.
Subí a mi habitación, como en automático, y me lancé a la cama.

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:34 pm

Cap. 12 “El Pársel, un problema más”
Al día siguiente bajé a la Sala Común muy temprano, casi junto al alba. Y tal como yo esperaba, no había nadie allí.
Me senté sobre un sillón en el rincón más oscuro y comencé a gimotear.
Había estado toda la noche soportando el llanto, tratando de no hacer que las demás despertaran. En especial Hermione, ella habría armado un escandalo y no quería eso.
Tal vez era una estupidez, lo acepto, pero sin embargo para mi era importante. A él no le importaba lo que… Agh, ya no importa. Un simple amor de la infancia…
Pero pronto los gimoteos se transformaron en sollozos, y finalmente comenzaron a caer lágrimas. Negué con la cabeza. Era absurdo estar así por esto, demasiado dramático y eso jamás fue de mi estilo.
Sequé las lágrimas con el dorso de mi mano y me puse de pie.
—Ya esta…—murmuré para mí, y fue como si pusiera una hoja en blanco, algo simplemente muy reconfortante. Y me propuse a hacer otra cosa, encontrando finalmente un libro.
Pasé unas cuantas horas, y poco a poco el lugar se fue llenando.
Ya a las once, dejé el libro, que resultaba muy interesante, y me dirigí al Gran Comedor.
Cuando salía por el cuadro, me encontré con la persona que horas antes había provocado un Obliviate en mi cabeza.
—Harry—saludé, tratando de parecer contenta. Quedó mudo unos instantes.
—Hola…
— ¿Buscabas a Herms y a Ron?
—Si…—parecía cauteloso.
—Vayamos juntos, yo tampoco los vi salir, creo que estuve distraída.
Reí, y el me siguió, aunque parecía seguir a la espera de que le lanzara un Cruciato, o algo así.
Comenzamos a recorrer el castillo, y no aparecían.
— ¿Dónde estarán estos dos?— se quejó.
—Mm… Puede ser… ¿El baño de Myrtle?—sugerí.
—Tienes razón, aunque no veo la raz…
— ¡La poción!—exclamé, dándome cuenta de que ya era la fecha.
— ¡Oh! Tienes razón.
—Al fin podré demostrarles que Draco es inocente—dije felizmente, dirigiéndonos al baño del segundo piso.
Su cara pareció volverse gris.
— O al contrario, por fin podré demostrarte que es el quien ha petrificado a la señora Norris y a Colin.
— ¿Qué? ¿Colin?
—Anoche escuché que Dumbledore y McGonagall hablaban, al parecer Colin apareció petrificado, con su cámara de fotos derretida aun en sus manos…—me contó todo lo que había logrado oír, y también la sorpresiva visita de Dobby, su advertencia y su confesión.
Al parecer hasta Dumbledore temía que esto pasara a peores.
—Claro, claro que no fue Draco—opiné al final.
— ¡¿Por qué lo defiendes?!— soltó furioso.
— ¡Porque es mi amigo! Además, si bien no recuerdo, eso no es de tu interés.
Voltee la cabeza, dejándolo con las palabras en la garganta, mientras entrabamos en el baño.
Allí efectivamente estaban Ron y Hermione, dedicados a preparar la poción multijugos.
— ¡Oh, son ustedes!— dijeron asustados.
— ¿Quien otro?—pregunte riendo.
—Pensamos que podría ser Percy, revisando que no me meta en problemas.
—Como sea, ¿Cómo se las arreglaron para conseguir todo?—cuestioné asombrada de la sustancia que estaba dentro de un caldero apoyado sobre un retrete, con un fuego crepitante debajo.
—Oh, deberías de habernos ayudado, ahora es tarde, es una historia muy laarga—Harry estaba demasiado dispuesto a discutir conmigo hoy, pero lo ignoré.
—Si, y son demasiadas las reglas que rompimos…— agregó Ron, y continuó, algo perturbado— ¡Quien sabe que nos haría Snape si se entera!
Empezamos a reír.
Luego Harry tomó la palabra.
Él empezó a contarles lo de Colin, pero Hermione lo interrumpió.
—Ya lo sabemos, oímos a la profesora McGonagall hablar con el profesor Flitwick esta mañana. Por eso pensamos que era mejor darnos prisa.
—Cuanto antes le saquemos a Malfoy una declaración, mejor —gruñó Ron—. ¿No piensas igual? Se ve que después del partido de quidditch estaba tan sulfurado que la tomó con Colin.
— ¡¿De nuevo con eso?!—reclamé enojada.
—De acuerdo, lo siento—pero lo oí murmurar algo como—Ya veras que es un Salazar Slytherine Junior— y le pegué un codazo.
—Hay algo más —dijo Harry, ignorando la interrupción, contemplando a Hermione, que partía manojos de alguna hierba y los echaba a la poción—. Dobby vino en mitad de la noche a hacerme una visita.
Ron y Hermione levantaron la mirada, sorprendidos. Harry les contó todo lo que Dobby le había dicho... y lo que no le había querido decir. Ron y Hermione lo escucharon con la boca abierta. Claro que eso yo lo había escuchado de antemano antes de entrar.
— ¿La Cámara de los Secretos ya fue abierta antes? —le preguntó Hermione.
—Es evidente —dijo Ron con voz de triunfo—. Lucius Malfoy abriría la cámara en sus tiempos de estudiante y ahora le ha explicado a su querido Draco cómo hacerlo. Está claro. Sin embargo, me gustaría que Dobby te hubiera dicho qué monstruo hay en ella. Me gustaría saber cómo es posible que nadie se lo haya encontrado merodeando por el colegio.
—Quizá pueda volverse invisible —dijo Hermione, empujando unas sanguijuelas hacia el fondo del caldero—. O quizá pueda disfrazarse, hacerse pasar por una armadura o algo así. He leído algo sobre fantasmas camaleónicos...
—Lees demasiado, Hermione —le dijo Ron, echando algo encima de las sanguijuelas. Arrugó la bolsa vacía de estos y miró a Harry—. Así que fue Dobby el que no nos dejó coger el tren y el que te rompió el brazo... —Movió la cabeza—. ¿Sabes qué, Harry? Si no deja de intentar salvarte la vida, te va a matar.
—Tiene razón, deberíamos hablar con el— opiné.
—No tendría sentido…


La noticia de que habían atacado a Colin Creevey y de que éste yacía como muerto en la enfermería se extendió por todo el colegio durante la mañana del lunes. El ambiente se llenó de rumores y sospechas. Los de primer curso se desplazaban por el castillo en grupos muy compactos, como si temieran que los atacaran si iban solos.
Ginny Weasley, que se sentaba junto a Colin Creevey en la clase de Encantamientos, estaba consternada, mientras Fred y George trataban de animarla dándole sustos indeseables, hasta que Percy los paró amenazando conque sino le mandaría una lechuza a su madre diciendo que por su culpa ella tenía pesadillas.
Mientras tanto, a escondidas de los profesores, se desarrollaba en el colegio un mercado de talismanes, amuletos y otros chismes protectores. Neville Longbottom había comprado una gran cebolla verde, cuyo olor decían que alejaba el mal, un cristal púrpura acabado en punta y una cola podrida de tritón antes de que los demás chicos de Gryffindor le explicaran que él no corría peligro, porque tenía la sangre limpia y por tanto no era probable que lo atacaran.
—Fueron primero por Filch —dijo Neville, con el miedo escrito en su cara redonda—, y todo el mundo sabe que yo soy casi un squib.
Durante la segunda semana de diciembre, la profesora McGonagall pasó, como de costumbre, a recoger los nombres de los que se quedarían en el colegio en Navidades.
Harry, Ron, yo y Hermione firmamos en la lista; habíamos oído que Draco se quedaba, lo cual a ellos les pareció muy sospechoso. “Las vacaciones serían un momento perfecto para utilizar la poción multijugos e intentar sonsacarle una confesión” comentó Hermione.
Por desgracia para ellos, la poción estaba a medio acabar. Aún necesitaban un cuerno de bicornio y piel de serpiente arbórea africana, y el único lugar del que podrían sacarlos era el armario privado de Snape. Lo cual sería una locura.
—Lo que tenemos que hacer —dijo animadamente Hermione, cuando se acercaba la doble clase de Pociones de la tarde del jueves— es distraerle con algo. Entonces uno de nosotros podrá entrar en el despacho de Snape y coger lo que necesitamos. —Harry y Ron la miraron nerviosos, claro que yo permanecía al margen de eso—. Creo que es mejor que me encargue yo misma del robo —continuó Hermione, como si tal cosa—. A ustedes dos los expulsarían si los encontraran en otra, mientras que yo tengo el expediente limpio. Así que no tienen más que originar un tumulto lo suficientemente importante para mantener ocupado a Snape unos cinco minutos.
Harry sonrió tímidamente. Provocar un tumulto en la clase de Pociones de Snape era tan arriesgado como pegarle un puñetazo en el ojo a un dragón dormido. Debían desear seriamente esa poción como para hacerlo.
Aquella tarde de jueves, la clase se desarrollaba como siempre. Veinte calderos humeaban entre los pupitres de madera, en los que descansaban balanzas de latón y jarras con los ingredientes. Snape rondaba por entre los fuegos, haciendo comentarios envenenados sobre el trabajo de los de Gryffindor, mientras los de Slytherin se reían a cada crítica. Draco Malfoy, que era el alumno favorito de Snape, hacia burla con los ojos a Ron y Harry, que sabían que si le contestaban tardarían en ser castigados menos de lo que se tarda en decir «injusto». Lo cual, era realmente injusto, y eso que ya había hablado con él, así que había veces en que lo miraba y él automáticamente, y a duras penas, trataba de hacer como si nada y seguir con lo suyo.
A Harry la pócima infladora le salía demasiado líquida, pero estaba más pendiente a la seña se Hermione, y apenas prestó atención cuando Snape se detuvo a mirar con desprecio su poción agnada.
Cuando Snape se volvió y se fue a ridiculizar a Neville, Hermione captó la mirada de Harry; y le hizo con la cabeza un gesto afirmativo.
Harry se agachó rápidamente y se escondió detrás de su caldero. Segundos después, se paró, y arrojó una bengala salía dando chispas. Enseguida me agaché, ya que estaba frente a su mesa.
La bengala aterrizó en el caldero de Goyle.
La poción de éste estalló, rociando a toda la clase. Los alumnos chillaban cuando los alcanzaba la pócima infladora. A Draco le salpicó en toda la cara, y la nariz se le empezó a hinchar como un balón; Goyle andaba a ciegas tapándose los ojos con las manos, que se le pusieron del tamaño de platos soperos, mientras Snape trataba de restablecer la calma y de entender qué había sucedido. Vi a Hermione aprovechar la confusión para salir discretamente por la puerta.
Me horroricé cuando note que una de mis manos era tres veces más ancha de lo normal, y solté un gritito.
— ¡HARRY!—este volteo y al ver mi mano comenzó a reír. Entonces preparé la mano, y lo golpee en el estómago. Enseguida se calló, aunque soltaba risillas de tanto en tanto.
— ¡Silencio! ¡SILENCIO! —Gritaba Snape—. Los que hayan sido salpicados por la poción, que vengan aquí para ser curados. Y cuando averigüe quién ha hecho esto...
Harry casi vuelve a echarse a reír cuando vio a Draco apresurarse hacia la mesa del profesor, con la cabeza caída a causa del peso de la nariz, que había llegado a alcanzar el tamaño de un pequeño melón. Mientras la mitad de la clase se apiñaba en torno a la mesa de Snape y yo también, unos quejándose de sus brazos del tamaño de grandes garrotes, y otros sin poder hablar debido a la hinchazón de sus labios, vi que Hermione entraba sin que nadie lo notara, con un bulto pajo la túnica.
Cuando todo el mundo se hubo tomado un trago de antídoto y las diversas hinchazones remitieron –sentí un gran alivio cuando mi mano regresó a su tamaño normal-, Snape se fue hasta el caldero de Goyle y extrajo los restos negros y retorcidos de la bengala. Se produjo un silencio repentino.
—Si averiguo quién ha arrojado esto —susurró Snape—, me aseguraré de que lo expulsen.
Harry puso una cara de perplejidad, que estaba segura de que eso era algo que le costaba mucho. Snape lo miraba a él, y la campana que sonó al cabo de diez minutos no pudo ser mejor bienvenida.
—Sabe que fui yo —nos dijo Harry, mientras íbamos deprisa a los aseos de Myrtle la Llorona—. Podría jurarlo.
—Oh, Snape no es de quien debes preocuparte ahora—golpee su brazo y él se quejó con un “¡Ouch!”.
Hermione echó al caldero los nuevos ingredientes y removió con brío.
—Estará lista dentro de dos semanas —dijo contenta.
—Snape no tiene ninguna prueba de que hayas sido tú —dijo Ron a Harry, tranquilizándolo—. ¿Qué puede hacer?
—Conociendo a Snape, algo terrible —dijo Harry, mientras la poción levantaba borbotones y espuma.
Una semana más tarde, cruzábamos el vestíbulo cuando vimos a un puñado de gente que se agolpaba delante del tablón de anuncios para leer un pergamino que acababan de colgar. Seamus Finnigan y Dean Thomas nos hacían señas, entusiasmados.
— ¡Van a abrir un club de duelo! —Dijo Seamus—. ¡La primera sesión será esta noche! No me importaría recibir unas clases de duelo, podrían ser útiles en estos días...
— ¿Por qué? ¿Acaso piensas que se va a batir el monstruo de Slytherin? —preguntó Ron, pero lo cierto es que también él leía con interés el cartel.
—Podría ser útil —nos dijo cuando nos dirigíamos a cenar—. ¿Vamos?
Harry y Hermione se mostraron completamente a favor, al igual que yo, así que aquella noche, a las ocho, nos dirigimos deprisa al Gran Comedor.
Las grandes mesas de comedor habían desaparecido, y adosada a lo largo de una de las paredes había una tarima dorada, iluminada por miles de velas que flotaban en el aire. El techo volvía a ser negro, y la mayor parte de los alumnos parecían haberse reunido debajo de él, portando sus varitas mágicas y aparentemente entusiasmados.
—Me pregunto quién nos enseñará —dije con curiosidad—. Alguien me ha dicho que Flitwick fue campeón de duelo cuando era joven, quizá sea él.
—Con tal de que no sea... —Harry empezó una frase que terminó en un gemido:
Gilderoy Lockhart se encaminaba a la tarima, resplandeciente en su túnica color ciruela oscuro, y lo acompañaba nada menos que Snape, con su usual túnica negra.
Lockhart rogó silencio con un gesto del brazo y dijo:
— ¡Vengan aquí, acérquense! ¿Me ve todo el mundo? ¿Me oyen todos? ¡Estupendo! El profesor Dumbledore me ha concedido permiso para abrir este modesto club de duelo, con la intención de prepararos a todos ustedes por si algún día necesitan defenderse tal como me ha pasado a mí en incontables ocasiones (para más detalles, consulten mis obras).
»Permítanme que les presente a mi ayudante, el profesor Snape —dijo Lockhart, con una amplia sonrisa—. Él dice que sabe un poquito sobre el arte de batirse, y ha accedido desinteresadamente a ayudarme en una pequeña demostración antes de empezar. Pero no quiero que se preocupen los más jóvenes: no se quedarán sin profesor de Pociones después de esta demostración, ¡no teman!
—Si fuese por mi, no habría problemas en que se matasen el uno al otro—nos murmuró Ron.
En el labio superior de Snape se apreciaba una especie de mueca de desprecio.
Lockhart y Snape se encararon y se hicieron una reverencia. O, por lo menos, la hizo Lockhart, con mucha floritura de la mano, mientras Snape movía la cabeza de mal humor. Luego alzaron sus varitas mágicas frente a ellos, como si fueran espadas.
—Como ven, sostenemos nuestras varitas en la posición de combate convencional —explicó Lockhart a la silenciosa multitud—. Cuando cuente tres, haremos nuestro primer embrujo. Pero claro está que ninguno de los dos tiene intención de matar.
—Yo no estaría tan seguro —susurró Harry.
—Una..., dos... y tres.
Ambos alzaron las varitas y las dirigieron a los hombros del contrincante. Snape gritó:
— ¡Expelliarmus!
Resplandeció un destello de luz roja, y Lockhart despegó en el aire, voló hacia atrás, salió de la tarima, pegó contra el muro y cayó resbalando por él hasta quedar tendido en el suelo.
Draco y algunos otros de Slytherin vitorearon. Hermione se puso de puntillas.
— ¿Creen que estará bien? —chilló por entre los dedos con que se tapaba la cara.
— ¿A quién le preocupa? —dijimos Harry, yo y Ron al mismo tiempo. Herms tenía una ligera fanatización por el profesor de Defensas Contra las Artes Oscuras, pero tanto Harry (porque el otro lo agobiaba con lo de la fama), como Ron, y como yo (por la misma razón que Harry, y además por el hecho de que me dijera cosas como “Lamento lo de tu padre, pero es lo mejor” –como si siquiera fuese mi padre-, y bueno, lo último que hizo a Harry terminó toda mi simpatía por el), lo odiábamos.
Lockhart se puso de pie con esfuerzo. Se le había caído el sombrero y su pelo ondulado se le había puesto de punta.
— ¡Bueno, ya lo han visto! —Dijo, tambaleándose al volver a la tarima—. Eso ha sido un encantamiento de desarme; como pudieron ver, he perdido la varita... ¡Ah, gracias, señorita Brown! Sí, profesor Snape, ha sido una excelente idea enseñarlo a los alumnos, pero si no le importa que se lo diga, era muy evidente que iba a atacar de esa manera. Si hubiera querido impedírselo, me habría resultado muy fácil. Pero pensé que sería instructivo dejarles que vieran...
Snape parecía dispuesto a matarlo, y quizá Lockhart lo notara, porque dijo:
— ¡Basta de demostración! Vamos a colocaros por parejas. Profesor Snape, si es tan amable de ayudarme...
Se metieron entre la multitud a formar parejas. Lockhart puso a Neville con Justin
Finch-Fletchley, pero Snape llegó primero hasta donde estaban Ron y Harry
—Ya es hora de separar a este equipo ideal, creo —dijo con expresión desdeñosa— Weasley, puedes emparejarte con Finnigan. Potter... La señorita Granger que se ponga con
Bulstrode.
Harry se acercó automáticamente a mí.
—Me parece que no —dijo Snape, sonriendo con frialdad—. Señor Malfoy, aquí. Veamos qué puedes hacer con el famoso Potter. Y la señorita Black, con Parkinson.
Malfoy se acercó pavoneándose y sonriendo. Detrás de él iba una chica de Slytherin que parecía un Troll ya que era alta y robusta, y su poderosa mandíbula sobresalía agresivamente, y junto estaba Pansy.
Hermione la saludó con una débil sonrisa que la otra no le devolvió. Pobre Herms…
Le lancé a Draco una mirada amenazadora, y el rodando los ojos asintió con la cabeza.
— ¡Pónganse frente a sus contrincantes —dijo Lockhart, de nuevo sobre la tarima— y hagan una inclinación!
Harry y Draco apenas bajaron la cabeza, mirándose fijamente. Esto no resultara bien, para nada bien. Me incliné levemente frente a la odiosa Slytherine.
— ¡Varitas listas! —Gritó Lockhart—. Cuando cuente hasta tres, ejecuten sus hechizos para desarmar al oponente. Sólo para desarmarlo; no queremos que haya ningún accidente. Una, dos y... tres.
Antes de que dijera tres, Pansy había arrojado un Expelliarmus, el cuál detuve con un “¡Protego!”.
Cuando miré a los otros, Harry estaba en el suelo, gritando:
— ¡Rictusempra!
Un chorro de luz plateada alcanzó a Malfoy en el estómago, y él se retorció, respirando con dificultad.
Y en ese momento un hechizo me golpeó, provocando que me elevara por los aires, para luego lanzarme bruscamente contra el piso.
— ¡He dicho sólo desarmarse! —gritó Lockhart a la combativa multitud cuando Draco cayó de rodillas, volví a observar su enfrentamiento luego de gritar “Everte Statum” a Pansy; Harry lo había atacado con un encantamiento de cosquillas, y apenas se podía mover de la risa. Harry no volvió a atacar, pero al parecer fue un error. Tomando aire, Draco apuntó la varita a las rodillas de Harry, y dijo con voz ahogada:
— ¡Tarantallegra!
Un segundo después, a Harry las piernas se le empezaron a mover a saltos, fuera de control, como si bailaran un baile velocísimo.
— ¡Alto!, ¡alto! —gritó Lockhart, pero Snape se hizo cargo de la situación.
—¡Finite incantatem! —gritó. Los pies de Harry dejaron de bailar, Draco dejó de reír y ambos pudieron levantar la vista.
Una niebla de humo verdoso se cernía sobre la sala. Tanto Neville como Justin estaban tendidos en el suelo, jadeando; Ron sostenía a Seamus, que estaba lívido, y le pedía disculpas por los efectos de su varita rota; pero Hermione y Millicent Bulstrode no se habían detenido: Millicent tenía a Hermione agarrada del cuello y la hacía gemir de dolor. Las varitas de las dos estaban en el suelo. Harry se acercó de un salto y apartó a Millicent, yo fui a ayudarlo. Fue difícil, porque era mucho más robusta que nosotros.
—Muchachos, muchachos... —decía Lockhart, pasando por entre los estudiantes, examinando las consecuencias de los duelos—. Levántate, Macmillan..., con cuidado, señorita Fawcett..., pellízcalo con fuerza, Boot, y dejará de sangrar enseguida...
»Creo que será mejor que les enseñe a interceptar los hechizos indeseados —dijo Lockhart, que se había quedado quieto, con aire azorado, en medio del comedor. Miró a Snape y al ver que le brillaban los ojos, apartó la vista de inmediato—. Necesito un par de voluntarios... Longbottom y Finch-Fletchley, ¿qué tal ustedes?
—Mala idea, profesor Lockhart —dijo Snape, deslizándose como un murciélago grande y malévolo—. Longbottom provoca catástrofes con los hechizos más simples, tendríamos que enviar a Finch-Fletchley a la enfermería en una caja de cerillas. —La cara sonrosada de Neville se puso de un rosa aún más intenso—. ¿Qué tal Malfoy y Potter? —dijo Snape con una sonrisa malvada.
¡Oh, no! ¡Por favor, no!
— ¡Excelente idea! —Dijo Lockhart, haciéndoles un gesto para que se acercaran al centro del Salón, al mismo tiempo que la multitud se apartaba para dejarles sitio—. Veamos, Harry —dijo Lockhart—, cuando Draco te apunte con la varita, tienes que hacer esto.
Levantó la varita, intentó un complicado movimiento, y se le cayó al suelo. Snape sonrió y Lockhart se apresuró a recogerla, diciendo:
— ¡Vaya, mi varita está un poco nerviosa!
Snape se acercó a Malfoy, se inclinó y le susurró algo al oído. Draco también sonrió. Harry miró asustado a Lockhart y le dijo:
—Profesor, ¿me podría explicar de nuevo cómo se hace eso de interceptar?
Draco murmuró algo a Harry.
—Eso quisieras tú —le respondió Harry torciendo la boca.
Lockhart dio una palmada amistosa a Harry en el hombro.
—¡Simplemente, hazlo como yo, Harry!
—¿El qué?, ¿dejar caer la varita?
Solté una risita, pero enseguida cubrí mi boca con la mano.
Pero Lockhart no le escuchaba.
Miré a Draco para que no hiciera nada idiota, pero él no me miraba, al parecer lo hacía a propósito para que yo no le obligara a no atacar a Harry…
Crucé los dedos.
—Tres, dos, uno, ¡ya! —gritó.
Malfoy levantó rápidamente la varita y bramó:
—¡Serpensortia!
Hubo un estallido en el extremo de su varita. Aterrorizada, vi que de ella salía una larga serpiente negra, caía al suelo entre los dos y se erguía, lista para atacar.
Todos se echaron atrás gritando y despejaron el lugar en un segundo, pero yo permanecí allí, expectante, pese a que Hermione y Ron me jalaban.
—No te muevas, Potter —dijo Snape sin hacer nada, disfrutando claramente de la visión de Harry, que se había quedado inmóvil, mirando a los ojos a la furiosa serpiente—. Me encargaré de ella...
Nunca odié tanto a Snape como en ese momento.
—¡Permítanme!—gritó Lockhart. Blandió su varita apuntando a la serpiente y se oyó un disparo: la serpiente, en vez de desvanecerse, se elevó en el aire unos tres metros y volvió a caer al suelo con un chasquido. Furiosa, silbando de enojo, se deslizó derecha hacia Finch-Fletchley y se irguió de nuevo, enseñando los colmillos venenosos.
Horrorizada quise detenerlo, sin saber como.
—“¡Detente!”— drité, y todos voltearon a verme, horrorizados. Menos Harry. La serpiente se detuvo como por arte de… magia, y me miró. Irónico…
Harry se movió hasta la serpiente y dijo: “¡Déjalo!”
Y milagrosa e inexplicablemente, la serpiente bajó al suelo, tan inofensiva como una gruesa manguera negra de jardín, y volvió los ojos a Harry.
Sonriendo, miró a Justin, al igual que yo, pero este en vez de estar contento, parecía molesto y horrorizado.
— ¿A qué creen que jugamos? —nos gritó a ambos, y antes de que Harry pudiera contestar, o de que yo le gritara una grosería inapropiada para mi edad y para la ocasión, se había dado la vuelta y abandonaba el salón.
Snape se acercó, blandió la varita y la serpiente desapareció en una pequeña nube de humo negro. También Snape nos miraba a Harry y a mi de una manera rara; era una mirada astuta y calculadora que no me gusto para nada.
A nuestro alrededor todos comenzaron a murmurar.
Entonces sentí que Hermione me tiraba del brazo, fuera del salón, al igual que Ron hacia con Harry.
Al atravesar las puertas, los estudiantes se apartaban como si les diera miedo contagiarse. No tenía ni idea de lo que pasaba, y ni Ron ni Hermione nos explicaron nada hasta llegar a la sala común de Gryffindor, que estaba vacía. Entonces Ron nos sentó en un sofá y dijo:
—Hablan pársel. ¿Por qué no nos lo habían dicho?
—¿Que hablo qué? —dijo Harry al mismo tiempo que yo.
—¡Pársel! —exclamó Ron—. ¡Pueden hablar con las serpientes!
—Lo sé —dijo Harry—. Quiero decir, que ésta es la segunda vez que lo hago. Una vez, accidentalmente, le eché una boa constrictor a mi primo Dudley en el zoo... Es una larga historia... pero ella me estaba diciendo que no había estado nunca en Brasil, y yo la liberé sin proponérmelo. Fue antes de saber que era un mago...
—Yo jamás hablé con una serpiente, de hecho creo que ustedes lo imaginan…— les dije molesta.
—¿Entendiste que una boa constrictor te decía que no había estado nunca en Brasil? —repitió Ron con voz débil a Harry.
—¡Todos te oímos! A ambos…— exclamó Hermione ignorando a Ron. Manteníamos dos conversaciones diferentes.
— ¿Y qué? —Preguntó Harry—. Apuesto a que pueden hacerlo montones de personas.
—Desde luego que no —dijo Ron—. No es un don muy frecuente. Harry, eso no es bueno.

— ¡Yo no hablé pársel! ¡Fue solo una casualidad! Solo le dije que se detuviera y… bueno…—me excusé.
— ¡Y te obedeció!— continuó Hermione.

— ¿Que no es bueno? —dijo Harry, comenzando a enfadarse—. ¿Qué le pasa a todo el mundo? Mira, si no le hubiera dicho a esa serpiente que no atacara a Justin...
— ¿Eso es lo que le dijiste?

—Bueno, como ya dije, fue pura casualidad, ¿Si? Yo… yo no pude haber…
—Perolo hiciste…Hablaste en la lengua de las serpientes—
Hermione y yo seguíamos hablando por separado de los chicos, al mismo tiempo que ellos decían:
—¿Qué pasa? Tú estabas allí... Tú me oíste—insistía Harry a Ron.
—Hablaste en lengua pársel —le dijo Ron—, la lengua de las serpientes. Podías haber dicho cualquier cosa. No te sorprenda que Justin se asustara, parecía como si estuvieras incitando a la serpiente, o algo así. Fue escalofriante.

Harry se quedó con la boca abierta, al tiempo que yo.
—¿Hablé en otra lengua?— terminamos los dos al mismo tiempo.
Ron y Hermione negaron con la cabeza. Por la cara que ponían tanto él como Hermione, parecía como si acabara de morir alguien.
— ¿Me quieres decir qué hay de malo en impedir que una serpiente grande y asquerosa arranque a Justin la cabeza de un mordisco? —preguntó—. ¿Qué importa cómo lo hice si evité que Justin tuviera que ingresar en el Club de Cazadores Sin Cabeza?
— ¡Tiene razón! ¡Debería agradecernos!— apoyé.
—Sí importa —dijo Hermione, hablando por fin, en un susurro—, porque Salazar Slytherin era famoso por su capacidad de hablar con las serpientes. Por eso el símbolo de la casa de Slytherin es una serpiente.
Ambos quedamos petrificados…
—Exactamente —dijo Ron—. Y ahora todo el colegio va a pensar que tú eres su tatara-tatara-tatara-tataranieto o algo así, y que tú tal vez seas su hermana.
—Pero no lo soy —dijo Harry.
— ¡Ni mucho menos somos hermanos!— agregué espantada.
—Te costará mucho demostrarlo —dijo Hermione—. Él vivió hace unos mil años, así que bien podrías serlo. Al igual que tú podrías ser su hermana tal como dijo Ron.
— ¡NO!— soltamos al mismo tiempo.

Esa noche no pude dormir. ¡No podíamos ser descendientes de Salazar Slytherine! ¡Y menos ser hermanos!

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:35 pm

Cap. 13 “Otro ataque, y las sospechas se intensifican”
Al día siguiente, estábamos en la Sala común, viendo a Ron y Hermione jugar al ajedrez.
—Realmente, no veo la diversión en esto— se quejaba Herms, que iba perdiendo. De hecho, era lo único en lo que ella era mala –Además del quidditch, pero ella se negaba a considerarlo como “algo” en lo que se debía ser buena-.
—Solo lo dices porque estás perdiendo… C3, caballo—respondió Ron, y Hermione se puso roja.
—¡Claro que no!... B7, alfil… ¡Solo que es una tontería!
—Por supuesto, una tontería en la que no sirves… F1 reina.
Empezaron a discutir, mientras jugaban.
—¿Qué te parece si me acompañas a disculparme con Justin? Creo que pronto van a incluirnos en sus problemas…— me susurro, y yo acepté, también yo podría disculparme con el.
Salimos por el agujero del retrato.
Comenzamos a recorrer las aulas vacías, hablando de trivialidades. En uno de los salones vislumbramos a McGonagall gritándole a un alumno porque al parecer había convertido a un compañero en un tejón.
—Mm… deben de estar con hora libre…— opiné.
— ¿Qué tal si buscamos en la biblioteca? Tal vez este terminando alguna tare, o quien sabe.
—Buena idea, vayamos. Yo también quisiera pedirle perdón por espantarlo… aunque insisto en que es él quien debe pedirnos disculpas— fruncí el entrecejo, y Harry rió.
Efectivamente estaba en la biblioteca con unos amigos, Harry y yo nos acercamos por detrás, en silencio. Pero nos detuvimos de golpe cuando los oímos hablar.
—Así que —decía un muchacho corpulento— le dije a Justin que se ocultara en nuestro dormitorio. Quiero decir que si Potter lo ha señalado como su próxima víctima, es mejor que se deje ver poco durante una temporada. Por supuesto, Justin se temía que algo así pudiera ocurrir desde que se le escapó decirle a Potter que era de familia muggle. Lo que Justin le dijo exactamente es que le habían reservado plaza en Eton. No es el mejor comentario que se le puede hacer al heredero de Slytherin, ¿verdad?
—¿Entonces estás convencido de que es Potter, Ernie? —preguntó asustada una chica rubia con coletas.
—Hannah —le dijo solemnemente el chico robusto—, sabe hablar pársel. Todo el mundo sabe que ésa es la marca de un mago tenebroso. ¿Sabes de alguien honrado que pueda hablar con las serpientes? Al mismo Slytherin lo llamaban «lengua de serpiente».
Esto provocó densos murmullos.
—¿Y que tal esa Black? ¿Y si es ella?— preguntó una niña de cabellos muy rizados.
—Tal vez sean cómplices—hizo una mueca.
Ernie prosiguió:
—¿Recuerdan lo que apareció escrito en la pared? «Teman, enemigos del heredero.» Potter estaba enemistado con Filch. A continuación, el gato de Filch resulta agredido. Ese chico de primero, Creevey, molestó a Potter en el partido de quidditch, sacándole fotos mientras estaba tendido en el barro. Y entonces aparece Creevey petrificado.
—Pero —repuso Hannah, vacilando— parece tan dulce... y, bueno, fue él quien hizo desaparecer a Quien-ustedes-saben. No puede ser tan malo, ¿no creen? Además, yo también sospecho de esa Black, después de todo parece ser que es hija de esa maniático…
Casi me echo encima de la rubia, pero Harry me detuvo, aunque parecía que el mismo luchaba contra su voluntad. ¡Decían puras tonterías!
Ernie bajó la voz para adoptar un tono misterioso. Los de Hufflepuff se inclinaron y se juntaron más unos a otros, y tuvimos que acercarnos más para oír lo que éste decía.
—Lo sé, Hannah, lo sé… Pero sin embargo es niña, y no puede hacer gran cosa, pero podemos sospechar de que son cómplices ¡Tal vez lo heredo de su padre!
Pero Potter…
Nadie sabe cómo pudo sobrevivir al ataque de Quien-ustedes-saben. Quiero decir que era tan sólo un niño cuando ocurrió, y tendría que haber saltado en pedazos. Sólo un mago tenebroso con mucho poder podría sobrevivir a una maldición como ésa. —Bajó la voz hasta que no fue más que un susurro, y prosiguió—: Por eso seguramente es por lo que Quien-ustedes-saben quería matarlo antes que a nadie. No quería tener a otro Señor Tenebroso que le hiciera la competencia. Me pregunto qué otros poderes oculta Potter.
Harry no pudo aguantar más y salió de detrás de la estantería, carraspeando sonoramente, conmigo a su lado, mirando con rabia.
De no estar tan enojada, me habría parecido divertida la forma en que nos recibieron: todos parecían petrificados por nuestra sola visión, y Ernie se puso pálido.
—Hola —dijo Harry—. Buscamos a Justin Finch-Fletchley.
Los peores temores de los de Hufflepuff se vieron así confirmados. Todos miraron atemorizados a Ernie.
—¿Para qué lo buscas? —le preguntó Ernie, con voz trémula.
—¡Oh, no te preocupes, no petrificaremos a nadie!— lo miré con furia, y a la niña rubia y a la de cabellos rizados también; éstas parecían tan pálidas como la tiza.
—Quería explicarle lo que sucedió realmente con la serpiente en el club de duelo —dijo Harry “tranquilamente”, porque yo sabía perfectamente que no lo estaba.
Ernie se mordió los labios y luego, respirando hondo, dijo:
—Todos estábamos allí. Vimos lo que sucedió.
—Entonces te darías cuenta de que, después de lo que le dijo ella, la serpiente se detuvo, y luego de que yo hable, la serpiente retrocedió —le dijo Harry.
—Yo sólo me di cuenta —dijo Ernie tozudamente, aunque temblaba al hablar— de que hablaron en lengua pársel y le echaste la serpiente a Justin.
—¡Yo no se la eché! —dijo Harry, con la voz temblorosa por el enojo—. ¡Ni siquiera lo tocó!
—Le anduvo muy cerca —dijo Ernie—. Y por si te entran dudas —añadió apresuradamente—, he de decirte que puedes rastrear mis antepasados hasta nueve generaciones de brujas y brujos y no encontrarás una gota de sangre muggle, así que...
—¡No me preocupa qué tipo de sangre tengas! —dijo Harry con dureza—. ¿Por qué tendría que atacar a los de familia muggle?
—He oído que odias a esos muggles con los que vives —dijo Ernie apresuradamente.
—No es posible vivir con los Dursley sin odiarlos —dije yo realmente enfadada, tanto que de no ser porque si lo hacía iba a Azkaban junto a mi “padre”, le lanzaba un gran Avada Kedavra—. Me gustaría que lo intentaras. ¡Imbécil!
—¡Ja! Excúsense lo que quieran, solo no nos ataquen, somos sangre pura, Potter. Y no queremos meternos en tus problemas psicológicos, ni en los de ella, de verdad…— parecía asustado internamente en verdad, pero no lo demostraba en la voz, en cambio se pavoneaba con sus amigos quienes reían nerviosamente.
Harry parecía querer lanzársele encima, pero me adelante, y con toda la fuerza que poseía, le pegué una sonora bofetada.
Todos quedaron estupefactos.
Di media vuelta y salí de la biblioteca con Harry junto a mi, provocando una mirada reprobatoria de la señora Pince, que estaba sacando brillo a la cubierta dorada de un gran libro de cubierta de cuero.
—¡Es increíble las historias que se inventan!— exclamé furiosa una vez en los pasillos.
—Lo sé, realmente no lo entiendo… Por cierto, lo que hiciste fue genial.
Me ruborice un poco, y nos echamos a reír al recordarlo.
—Se lo merecías ¿Sabes? La verdad es que esa Hannah no…— al hablar caminaba mirándolo, por lo cual choqué con una mole cubierta con piel de topo.
—¡Hagrid!— dijimos al mismo tiempo.
—¿Va todo bien, chicos? —preguntó Hagrid, quitándose el pasamontañas para poder hablar—. ¿Por qué no están en clase?
—La han suspendido —contestó Harry—. ¿Y tú, qué haces aquí?
Hagrid levantó el gallo sin vida.
—El segundo que matan este trimestre —explicó—. O son zorros o chupasangres, y necesito el permiso del director para poner un encantamiento alrededor del gallinero.
Nos miró más de cerca por debajo de sus cejas espesas, cubiertas de nieve.
—¿Están seguros de que se encuentran bien? Parecen preocupados y… alterados.
—No es nada —repuso Harry rápidamente, lanzándome una mirada veloz para que no hablara—. Mejor será que nos vayamos, Hagrid, después tenemos Transformaciones y debemos recoger los libros.
Nos fuimos tras un breve “adiós”.
—¿No vas a decir nada, no es así?—pregunté.
—No realmente…
Subimos las escaleras y doblamos por otro corredor. Estaba mucho más oscuro, porque el viento fuerte y helado que penetraba por el cristal flojo de una ventana había apagado las antorchas.
—¿Dónde estamos?
—No tengo ni idea, solo empecé a caminar sin rumb…— tropezamos con algo en el suelo.
Nos volvimos para mirar eso que nos había tirado, agudizando la vista en medio de la oscuridad que invadía el lugar.
Ahogué un grito, espantada.
Sobre el suelo, rígido y frío, con una mirada de horror en el rostro y los ojos en blanco vueltos hacia el techo, yacía Justin Finch-Fletchley. Y eso no era todo. A su lado había otra figura, componiendo la visión más extraña que hubiera contemplado nunca.
Se trataba de Nick Casi Decapitado, que no era ya transparente ni de color blanco perlado, sino negro y neblinoso, y flotaba inmóvil, en posición horizontal, a un palmo del suelo. La cabeza estaba medio colgando, y en la cara tenía una expresión de horror idéntica a la de Justin.
Harry se puso de pie al instante, y me ayudo a levantar. Parecía que se sentía en una pesadilla.
Miró enloquecido arriba y abajo del corredor desierto, seguí su vista, y vimos una hilera de arañas huyendo de los cuerpos a todo correr. Lo único que se oía eran las voces amortiguadas de los profesores que daban clase a ambos lados.
Podríamos salir corriendo, y nadie se enteraría de que había estado allí. Pero no podíamos dejarlos de aquella manera..., teníamos que hacer algo por ellos. ¿Habría alguien que creyera que nosotros no habíamos tenido nada que ver?
Aún estábamos allí, aterrorizados, mirándonos entre nosotros sin saber bien que hacer, cuando se abrió de golpe la puerta que tenía Harry a su derecha. Peeves el poltergeist surgió de ella a toda velocidad.
—¡Vaya, si es Potter pipí en el pote! ¡Y con su novia Black la hija del loco Black! —Cacareó Peeves, ladeándole las gafas a Harry de un golpe al pasar a su lado dando saltos—. ¿Qué traman, Potter? ¿Por qué acechan?
Peeves se detuvo a media voltereta. Boca abajo, vio a Justin y Nick Casi Decapitado. Cayó de pie, llenó los pulmones y, antes de que pudiéramos impedirlo, gritó:
—¡AGRESIÓN! ¡AGRESIÓN! ¡OTRA AGRESIÓN! NINGUN MORTAL NI FANTASMA ESTÁ A SALVO! SALVESE QUIEN PUEDA! AGREESIÓÓÓÓN!
Pataplún, patapán, pataplún: una puerta tras otra, se fueron abriendo todas las que había en el corredor, y la gente empezó a salir. Durante varios minutos, hubo tal jaleo que por poco no aplastan a Justin y atraviesan el cuerpo de Nick Casi Decapitado.
Los alumnos nos acorralaron a Harry y a mí contra la pared hasta que los profesores pidieron calma. La profesora McGonagall llegó corriendo, seguida por sus alumnos, uno de los cuales aún tenía el pelo a rayas blancas y negras. La profesora utilizó la varita mágica para provocar una sonora explosión que restaurase el silencio y ordenó a todos que volvieran a las aulas. Cuando el lugar se hubo despejado un poco, llegó corriendo Ernie, el de Hufflepuff.
—¡Los han atrapado con las manos en la masa! —gritó Ernie, con la cara completamente blanca, señalándonos con el dedo.
Lo miré asesina, pero antes de que soltara algún juramento, alguien habló.
—¡Ya basta, Macmillan! —dijo con severidad la profesora McGonagall.
Peeves se meneaba por encima del grupo con una malvada sonrisa, escrutando la escena; le encantaba el lío. Mientras los profesores se inclinaban sobre Justin y Nick Casi Decapitado, examinándolos, Peeves rompió a cantar:
—¡Oh, Potter, eres un zote, estás podrido, te cargas a los estudiantes, y te parece divertido!
¡Oh, Black, pronto muy pronto irás a Azkaban!
Mi labio comenzó a temblar. Agregado a que estaba por sobre todo sensible, se sumaba todo esto, y las burlas de Peeves no ayudaban en NADA.
—¡Ya basta, Peeves! —gritó la profesora McGonagall, y Peeves escapó por el corredor, sacándonos la lengua.
Los profesores Flitwick y Sinistra, del departamento de Astronomía, fueron los encargados de llevar a Justin a la enfermería, pero nadie parecía saber qué hacer con Nick Casi Decapitado. Al final, la profesora McGonagall hizo aparecer de la nada un gran abanico, y se lo dio a Ernie con instrucciones de subir a Nick Casi Decapitado por las escaleras. Ernie obedeció, abanicando a Nick por el corredor para llevárselo por el aire como si se tratara de un aerodeslizador silencioso y negro. De esa forma, quedamos a solas con la prfesora McGonagall.
—Por aquí, niños —indicó ella.
—Profesora —le dijo Harry enseguida—, le juro que nosotros no...
—Eso se escapa de mi competencia, Potter —dijo de manera cortante la profesora McGonagall.
Caminamos en silencio, doblamos una esquina, y ella se paró ante una gárgola de piedra grande y extremadamente fea.
—¡Caramelo de Limón! —dijo la profesora.
Se trataba, evidentemente, de una contraseña, porque de repente la gárgola revivió y se hizo a un lado, al tiempo que la pared que había detrás se abría en dos.
Detrás del muro había una escalera de caracol que subía lentamente hacia arriba, como si fuera mecánica. Al subirnos nosotros y la profesora McGonagall, la pared volvió a cerrarse tras nosotros con un golpe sordo. Subimos más y más dando vueltas, hasta que al fin, ligeramente mareada, vi ante mí una reluciente puerta de roble, con una aldaba de bronce en forma de grifo, el animal mitológico con cuerpo de león y cabeza de águila.
Entonces supe adónde nos llevaban. Aquello debía de ser la vivienda de Dumbledore.
La profesora McGonagall se fue, quedándonos solos y totalmente atemorizados.
Era una sala circular, grande y hermosa, en la que se oía multitud de leves y curiosos sonidos. Sobre las mesas de patas largas y finísimas había chismes muy extraños que hacían ruiditos y echaban pequeñas bocanadas de humo. Las paredes aparecían cubiertas de retratos de antiguos directores, hombres y mujeres, que dormitaban encerrados en los marcos. Había también un gran escritorio con pies en forma de zarpas, y detrás de él, en un estante, un sombrero de mago ajado y roto: era el Sombrero Seleccionador.
Harry, al verlo, pareció dudar de algo.
—¿Qué sucede?—le pregunté preocupada.
—Nada…
—Aja… Ahora con la verdad.
Suspiró pesadamente.
—Es que… ¿Prometes no decirle a NADIE?
—¿Ni siquiera a Hermione y a Ron?
—Ni siquiera a ellos.
Fruncí los labios, debía de ser algo muy serio.
—De acuerdo, dime.
—Bueno… Yo…—parecía no encontrar palabras—Cuando me seleccionaron casa, el sombrero me dijo que yo… yo podría ser muy grande, y Slytherin me ayudaría en el camino hacia la grandeza.
Lo miré expectante, pero el no continuó.
—¿…Y?
—Y… eso es todo—dijo obvio.
—No me parece tan preocupante, a mi me dijo algo como “… Debería mandarte inmediatamente a Ravenclaw… Te corresponde…. Por sangre…. Pero, al mismo tiempo, tu corazón también es puramente Gryffindor… Vaya, una difícil decisión, ¿Corazón o mente?”, yo simplemente pedí que fuera Gryffindor, no preguntes porqué, y aquí estoy.
—Yo también le pedí que en Slytherin no… Pero, quería ver si…
—Si el sombrero se equivocó contigo…—finalicé al darme cuenta de su preocupación.
—Si…
—Yo no creo que sea así, si no también se ha equivocado conmigo, además con eso de “Por sangre te corresponde”—burlé la voz avejentada y exagerada del sombrero y éste para nuestro susto, dio un leve respingo, por lo que reímos—bueno, la cuestión era que con eso me perturbo un poco, pero sin embargo vivo tranquila—continué, bromeando.
Sonrió, pero vi en sus ojos que realmente no estaba muy convencido. Sonté un suspiro pesado como el anterior de él.
—Pruébatelo y quítate la duda…
Esta vez sonrió feliz.
Escritora POV:
Se acercó sigilosamente al escritorio, cogió el sombrero del estante y se lo puso despacio en la cabeza. Era demasiado grande y se le caía sobre los ojos, igual que en la anterior ocasión en que se lo había puesto. Harry esperó pero no pasó nada. Luego, una sutil voz le dijo al oído:
— ¿No te lo puedes quitar de la cabeza, eh, Harry Potter?
—Mmm, no —respondió Harry—. Esto..., lamento molestarte, pero quería preguntarte...
—Te has estado preguntando si yo te había mandado a la casa acertada —dijo acertadamente el sombrero—. Sí..., tú fuiste bastante difícil de colocar. Pero mantengo lo que dije... aunque —Harry contuvo la respiración— podrías haber ido a Slytherin.
El corazón le dio un vuelco. Cogió el sombrero por la punta y se lo quitó. Quedó colgando de su mano, mugriento y ajado. Algo mareado, lo dejó de nuevo en el estante.
—Te equivocas —dijo en voz alta al inmóvil y silencioso sombrero. Éste no se movió. Harry se separó un poco, sin dejar de mirarlo.
Su amiga lo miraba preocupada, y éste le contó lo que le había dicho.
—Realmente no te preocupes. Mientras sea Gryffindor la casa a quien sientes que perteneces, es lo que vale.
—¿Y qué hay de ti?— la miró con curiosidad, eso de “Por sangre” tal vez sería perturbador para ella, pero dejaba un aire de suspenso en el aire.
—Bueno… podría preguntarle a que se refería…—dudo la chica, aunque por fin se colocó el sombrero, que al igual que a Harry, le tapó la vista.
La voz volvió a susurrar, está vez para ella: —¿Tú también tienes dudas, Camille Black?
—No realmente, pero me gustaría saber de que hablabas cuando dijiste lo de la sangre, y eso de “¿Corazón o mente?”— pensó, a sabiendas de que el viejo sombrero la escuchaba aun así.
—Bueno, es pronto para que lo sepas, pero tal y como dije, por sangre eres una Ravenclaw, no te diré por qué, ya que hasta me lo prohibieron a mi—pareció quejarse—pero, vuelvo a repetir, tal y como dije, también eres una Gryffindor de corazón, pero… también por sangre…—se detuvo bruscamente— ¡Pero tampoco puedo decirte la razón de eso! ¿Sabes, niña? Creo que todos esperaban que ustedes preguntaran y merodearan por aquí—soltó algo similar a una risa.
—Entonces… ¿Cómo averiguo eso?
—Bueno, deberás esperar, todo a su tiempo…
Se quitó el sombrero, bastante confundida, y lo dejó en su lugar. Estaba a punto de responderle a su amigo que le había contado el sombrero, pero no pudo, porque un ruido como de arcadas les hizo volverse completamente.
No estaban solos. Sobre una percha dorada detrás de la puerta, había un pájaro de aspecto decrépito que parecía un pavo medio desplumado.
Parecía muy enfermo. Tenía los ojos apagados y, mientras lo miraban, se le cayeron otras dos plumas de la cola.
Harry, estaba pensando en que lo único que le faltaba es que el pájaro de Dumbledore se muriera mientras estaba con él a solas en el despacho, cuando el pájaro comenzó a arder.
Ambos profirieron un grito de horror y retrocedieron hasta el escritorio. La niña buscó por si hubiera cerca un vaso con agua, pero no vio ninguno. El pájaro, mientras tanto, se había convertido en una bola de fuego; emitió un fuerte chillido, y un instante después no quedaba de él más que un montoncito humeante de cenizas en el suelo.
Se miraron entre sí, horrorizados.
La puerta del despacho se abrió. Entró Dumbledore, con aspecto sombrío.
—Profesor —dijo Harry nervioso—, su pájaro..., no pude hacer nada..., acaba de arder...
—Es cierto, nosotros no…
Pero para su sorpresa, Dumbledore sonrió.
—Ya era hora —dijo—. Hace días que tenía un aspecto horroroso. Yo le decía que se diera prisa.
Se rió de la cara atónita que tenían los niños
—Fawkes es un fénix, niños. Los fénix se prenden fuego cuando les llega el momento de morir, y luego renacen de sus cenizas. Mira...
Ambos, atónitos, dirigieron la vista hacia la percha a tiempo de ver un pollito diminuto y arrugado que asomaba la cabeza por entre las cenizas. Era igual de feo que el antiguo.
—Es una pena que lo hayan tenido que ver el día en que ha ardido —dijo Dumbledore, sentándose detrás del escritorio—. La mayor parte del tiempo es realmente precioso, con sus plumas rojas y doradas. Fascinantes criaturas, los fénix. Pueden transportar cargas muy pesadas, sus lágrimas tienen poderes curativos y son mascotas muy fieles.
POV Camille:
Con el tremendo susto que Fawkes me había provocado, por poco y olvidaba por qué estábamos aquí. Pero cuando caí en la situación, por poco y me pongo a llorar.
Sin embargo, antes de que el director pudiera decir otra palabra, la puerta se abrió de improviso e irrumpió Hagrid en el despacho con expresión desesperada, el pasamontañas mal colocado sobre su pelo negro, y el gallo muerto sujeto aún en una mano.
—¡No fueron ellos, profesor Dumbledore! —dijo Hagrid deprisa—. Yo hablaba con los niños segundos antes de que hallaran al muchacho, señor, no tuvieron tiempo...
Dumbledore trató de decir algo, pero Hagrid seguía hablando, agitando el gallo en su desesperación y esparciendo las plumas por todas partes.
—... No pueden haber sido ellos, lo juraré ante el ministro de Magia si es necesario...
—Hagrid, yo...
—Usted se confunde de chicos, yo sé que ni Harry ni Camille serían capaces de...
—¡Hagrid! —dijo Dumbledore con voz potente—, yo no creo que ninguno de ellos atacara a esas personas.
—¿Ah, no? —dijo Hagrid, y el gallo dejó de balancearse a su lado—. Bueno, en ese caso, esperaré fuera, señor director.
Y, con cierto embarazo, salió del despacho.
—¿Usted no cree que fuimos nosotros, profesor? —repitió Harry esperanzado, mientras Dumbledore limpiaba la mesa de plumas.
—No, Harry —dijo Dumbledore, aunque su rostro volvía a ensombrecerse—. Pero aun así quiero hablar con ustedes dos.
—Quiero preguntarles, Harry, si hay algo que les gustaría contarme —dijo con amabilidad—. Lo que sea—me miró también a mí.
Estaba más que dispuesta a contarle todo, lo de la voz, la poción, lo del Pársel…
Pero Harry, debajo de la mesa, me golpeo disimuladamente con el codo.
—No —respondió el—, no tengo nada que contarle.
—Y-yo tampoco…
Dumbledore nos miró dudoso, pero finalmente nos permitió salir.
—¿Por qué le hemos mentido?
— Imagínate que diría… Además, si esto empeora hablaremos, pero ahora solamente complicara nuestra investigación.
—Ohm… De cuerdo…


___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Camille Black el Jue Ago 16, 2012 4:36 pm

Cap. 14 “Draco, perdiste”
Amaneció el día de Navidad, frío y blanco.
Hermione acababa de levantarse, al igual que yo. Lavander y Brown seguían dormidas.
Ella estaba abriendo sus regalos.
—Hola, Camille… ¡Feliz navidad!
Reí, feliz.
—Feliz navidad, Herms.
Y me lancé sobre los regalos.
Tenía uno de la Sra. Honey, me había enviado unos cuantos dulces mágicos y un libro de cuentos también mágicos, llamado “Los cuentos de Beedle el Bardo”. También había uno de Hermione, que traía un diario de tinta invisible (como el que yo le había dado a Harry para su cumpleaños) y una bonita bufanda blanca. Y por último, había un regalo de la señora Weasley, que era un pastel, y un viejo libro titulado “Criaturas mágicas más peligrosas”.
Luego de guardar los regalos me metí en el baño. Y me duché.
Una vez cambiada, volví a la habitación, y encontré una breve nota de Herms que decía “Voy a finalizar la poción, espérame para despertar a los chicos”.
Así que me senté en mi cama y estrené el diario.
Narré brevemente lo sucedido en el año, y lo guarde bajo llave en el cajón de la mesita de luz, luego me quité el collar que llevaba desde bebé (era lo único que tenía al encontrarme, excepto por la manta, la ropa y la carta con mi nombre y fecha de nacimiento; y consistía en un corazón que se abría por la mitad que tenía de un lado la foto de una mujer de cabellos rubios con ojos como los míos y del otro unas simples palabras “Te amaremos por siempre…” ), lo admiré en mis manos y acaricié la foto con el pulgar… Aun no habíamos investigado nada de mis padres, pero sería una buena idea comenzar… Tomé la llavecilla y la agregué como dije junto al corazón, y me lo volví a poner en el cuello.
En ese momento entró Hermione.
— ¿Estás bien?
Entonces caí en la cuenta de que una lágrima se deslizaba en mi mejilla, y la sequé rápidamente.
—Oh, si, solo que… La señora Honey me envió una carta y… Ya sabes… ¿Vamos?
Me puse de pie. Ella soltó un suspiro, pero sin preguntar más nos dirigimos a la habitación de los chicos con sus regalos en nuestras manos.
Como imaginamos, ambos estaban dormidos y eran los únicos en el dormitorio.
Entonces una sonrisa maligna se dibujo en mi rostro.
Le pedí a Hermione que hiciera silencio, y me acerqué sigilosamente a la cama de Harry.
Entonces me puse junto a su oído y grité:
— ¡Feliz navidad dormilón!
Saltó de la cama y cayó al suelo, lo cual hizo que Ron se despertara gritando.
Herms y yo comenzamos a reírnos sin para.
Harry se puso los anteojos a toda velocidad, aun asustado, y al vernos se puso rojo como un tomate, y su expresión se torno agresiva.
— ¡Ya no son tan felices!—gritó molesto y volvió a acostarse en la cama.
— ¡Son unas brujas!—exclamó Ron tapándose con el edredón—Hermione..., saben que no pueden entrar aquí —finalizó molesto.
—Feliz Navidad a ti también —le dijo Hermione, arrojándole su regalo—. Me he levantado hace casi una hora, para añadir más crisopos a la poción. Ya está lista.
Harry se sentó en la cama, despertando por completo de repente.
— ¿Estás segura?
—Del todo —dijo Hermione, apartando a la rata Scabbers para poder sentarse a los pies de la cama de Ron—. Si nos decidimos a hacerlo, creo que tendría que ser esta noche.
En aquel momento, Hedwig aterrizó en el dormitorio, llevando en el pico un paquete muy pequeño.
—Hola —dijo contento Harry, cuando la lechuza se posó en su cama—, ¿me hablas de nuevo?
La lechuza le picó en la oreja de manera afectuosa, gesto que resultó ser mucho mejor regalo que el que le llevaba, que era de los Dursley. Éstos le enviaban un mondadientes y una nota en la que le pedían que averiguara si podría quedarse en Hogwarts también durante las vacaciones de verano.
—Son unos tontos…— opiné al leer la nota junto a él, sentada a su lado.
El resto de los regalos de Navidad de Harry fueron bastante más generosos. Hagrid le enviaba un bote grande de caramelos de café con leche, los cuales le recomendé ablandar al fuego antes de comérselos; Ron le regaló un libro titulado Volando con los Cannons, que trataba de hechos interesantes de su equipo favorito de quidditch; y Hermione le había comprado una lujosa pluma de águila para escribir. Harry abrió el último regalo y encontró un jersey nuevo, tejido a mano por la señora Weasley, y un plumcake.
—Oh, casi lo olvido…—dije buscando la cajita en mi bolsillo—Feliz navidad— le entregué el paquete.
Entonces rebuscó en su mesa de luz, y le entregó un regalo a Hermione y otro a mí.
—Gracias, y feliz navidad para ustedes también.
—¡RON!— grité lanzándole su regalo que le golpeó en la cabeza “¡HEY!” gritó enojado, pero se le pasó el enojo al ver su regalo, que era un bate autografiado por uno de los jugadores de los Cannons, el cual la señora Honey tuvo la bondad de conseguirme.
Abrí mi regalo, y me encontré con una pulsera de plata, que tenía un bonito dije circular de oro, con las iniciales “H y C” y debajo “por siempre amigos”, escritas en cursiva, con piedrecillas rojas.
—Aww… ¡Gracias!—lo abracé fuertemente— pero esto hace que mi regalo sea horrible…
Abrió el paquete y sacó un reloj dorado, con el escudo de Gryffindor y manecillas marcando la hora.
Detrás había una inscripción que decís “Es tu decisión la que importa”.
Sonrió abiertamente y me abrazó esta vez el a mí.
—Gracias, Camille, es perfecto.
—Me alegra que te guste…
Ron y Hermione nos miraban raro, así que me puse de pie y exclamé:
— ¡Deprisa, tengo hambre!
Y entonces sonriendo, Hermione me acompañó al Gran Comedor.
—Camille…—dijo una vez en los pasillos.
—No quiero hablar del tema.
Y encogiéndose de hombros, no comentó más nada.
Nadie podía dejar de asistir a la comida de Navidad en Hogwarts, aunque estuviera atemorizado por tener que tomar luego la poción multijugos, que ya estaba lista.
El Gran Comedor relucía por todas partes. No sólo había una docena de árboles de Navidad cubiertos de escarcha, y gruesas serpentinas de acebo y muérdago que se entrecruzaban en el techo, sino que de lo alto caía nieve mágica, cálida y seca. Cantaron villancicos, y Dumbledore nos dirigió en algunos de sus favoritos. Hagrid gritaba más fuerte a cada copa de ponche que tomaba. Percy, que no se había dado cuenta de que Fred le había encantado su insignia de prefecto, en la que ahora podía leerse «Cabeza de Chorlito», no paraba de preguntar a todos de qué se reían. Y Harry ni siquiera prestaba atención a los comentarios de Draco desde la mesa de Slytherin sobre su nuevo jersey.
Entonces me puse de pie y caminé hasta él.
— ¡Basta!— le dije una vez a su lado, ignorando los comentarios venenosos de sus compañeros.
— ¿No te molesta estar aquí?— preguntó.
—Es lo mismo, vivo con críticas de parte de todos. Feliz Navidad— finalicé entregándole un paquete.
Era una pluma verde y plata con en escudo de Slytherin pintado.
—Gracias, por cierto…— me entregó otro paquetito.
Lo abrí, y me encontré con un dije con las iniciales “C & D”. Me sonroje al tener que ponerlo junto al de Harry.
—Gracias, enserio— le di un veloz abrazo y volví a la mesa.
Note que cuando me estaba yendo, Harry volteaba disimulada y rápidamente.
— ¿Espiabas?— pregunté cuando volví a mi asiento junto a él.
— ¿Qué? Yo jamás…
—Desde que te fuiste— comentó Hermione detrás de una carta, antes de que el pudiera decir nada más.
Se puso tan colorado que llegué a pensar que tenía fiebre.
— ¿Ah, si?—levanté una ceja, escéptica, esperando una respuesta.
— Yo… Eh… ¡Hermione!
Esta se encogió de hombros mientras guardaba la carta de nuevo en su sobre.
—Como sea…— me dispuse a comer, cuando sentí la mirada de Harry en el dije de Draco.
Lo miré y tenía los labios tensados.
— ¿Y eso?
—Mi regalo de navidad— respondí como si nada.
— ¿Lo llevarás puesto?
—No, lo guardaré en una caja— respondí irónica—. Además, si bien no recuerdo, no te interesaba…—su expresión se ensombreció, pero no comentó nada más.
Y volví mi atención al plato.
Harry y Ron apenas habían terminado su tercer trozo de tarta de Navidad, cuando Hermione les hizo salir del salón con ella para ultimar los planes para la noche, y yo fui con ellos.
—Aún nos falta conseguir algo de las personas en que se van a convertir —dijo Hermione sin darle importancia, como si los enviara al supermercado a comprar detergente—. Y, desde luego, lo mejor será que puedan conseguir algo de Crabbe y de Goyle; como son los mejores amigos de Malfoy, él les contaría cualquier cosa. Y también tenemos que asegurarnos de que los verdaderos Crabbe y Goyle no aparecen mientras lo interrogamos.
»Lo tengo todo solucionado —siguió ella tranquilamente y sin hacer caso de las caras atónitas de Harry y Ron. Les enseñó dos pasteles redondos de chocolate—. Los he rellenado con una simple pócima para dormir. Todo lo que tienen que hacer es asegurarse de que Crabbe y Goyle los encuentran. Ya saben lo glotones que son; seguro que se los tragan. Cuando estén dormidos, los esconderemos en uno de los armarios de la limpieza y les arrancaremos unos pelos.
Harry y Ron se miraron incrédulos.
—Hermione, no creo...
—Podría salir muy mal...
Pero Hermione los miró con expresión severa, como la que solía adoptar la profesora McGonagall.
—La poción no nos servirá de nada si no tenemos unos pelos de Crabbe y Goyle —dijo con severidad—. Quieren interrogar a Malfoy, ¿no?
—De acuerdo, de acuerdo —dijo Harry mirándome disimuladamente—. Pero ¿y tú? ¿A quién se lo vas a arrancar tú? ¿Y además, que hay de Camille?
— ¡Yo ya tengo el mío! —Dijo Hermione alegre, sacando una botellita diminuta de un bolsillo y enseñándoles un único pelo que había dentro de ella—. ¿Se acuerdan de que me batí con Millicent Bulstrode en el club de duelo? ¡Al estrangularme se dejó esto en mi túnica! Y se ha ido a su casa a pasar las Navidades. Así que lo único que tengo que decirles a los de Slytherin es que he decidido volver. Y Camille, bueno, necesita un cabello de Pansy.
La miré con los ojos abiertos de par en par.
— ¿Bromeas, no? ¡Me mataría!
Hizo una mueca con los labios.
—Bueno… Deberás usar un hechizo para dormirla un rato…
Y antes de que pudiera reprochar, se fue corriendo.
Ron se volvió hacia Harry con una expresión fatídica.
— ¿Habías oído alguna vez un plan en el que pudieran salir mal tantas cosas?
— ¿Y ahora, qué hago?— pregunté pavorosa.
—Bueno… Te ayudaríamos, pero tienes que usar un hechizo, y… no es nuestro fuerte—explicó Harry.
—Gracias, cobardes…— Di media vuelta y empecé a buscar a Pansy.
Estaba en uno de los baños, lavándose las manos.
Me acerqué sigilosamente por detrás, cuidando que no me viera, y susurré blandiendo la varita: “Desmaius”. Enseguida cayó al suelo, desmayada.
—Levicorpus…— y trasporté su cuerpo hasta un armario con artículos de limpieza. Antes le arranqué unos pelos.
Cerré la puerta, y bloquee éste con un hechizo.
Contenta con la facilidad de mi misión, corrí hasta el baño del segundo piso, donde Herms estaba mezclando la poción.
La puerta estaba cerrada, así que utilicé un Alohomora.
Cuando entré tuve que esquivar un Desmaius.
— ¡Herms! ¡Soy yo!— y guardó la varita.
—Lo siento, deberías haber golpeado…
Harry y Ron llamaron suavemente a la puerta.
— ¿Hermione?
Fui a abrirles la puerta.
— ¿Lo lograste tan rápido?— preguntó Ron sorprendido.
—Sucede que los encantamientos sí son mi fuerte—traté de imitar la voz de Harry, y el pelirrojo rió.
Harry sacó el pelo de Goyle, ignorándome.
—Bien. Y yo he cogido estas túnicas de la lavandería —dijo Hermione, enseñándoles una pequeña bolsa—. Necesitaran tallas mayores cuando se hayan convertido en Crabbe y Goyle. La única que no las precisa eres tú, Camille.
Los cuatro miramos el caldero. Vista de cerca, la poción parecía barro espeso y oscuro que borboteaba lentamente.
— ¿Ahora qué?
—Ahora…—sacó cuatro vasos—colocamos la poción en vasos separados…—hizo lo que dijo y nos entregó uno a cada uno—. Y le echan el pelo…
Hicimos lo que nos pidió, y mi poción adoptó un color negro y soltó un humo extraño.
—Herms… ¿Segura que es sano?
Me miró algo dudosa.
—Si…
Entramos todos a un baño y bebimos la poción.
Tenía un sabor asquerosamente amargo, pero traté de ignorarlo.
Esperé unos segundos, sin que pasara nada, pero entonces sentí como mis fracciones cambiaban.
Mi nariz se volvió más grande, mi cabello se alisó y se volvió negro, mis dedos se alargaron un poco y mi frente se hiso más pequeña.
Escuché jadeos, y salí del compartimiento.
De pronto salieron Crabbe y Goyle.
—Son idénticos a ellos…—murmuré asombrada.
—Lo mismo digo…— dijo Goyle.
— ¿Quién es quién?
—Yo soy Ron— levantó el gordo brazo Crabbe.
—Y yo Harry…— rió, pero su risa no era la fresca y cantarina que yo amab… ¡Digo, conocía! Si, eso… si no que era una gruesa y fea.
— ¿Hermione?— pregunté acercándome a su baño.
Una voz aguda me contestó:
—Me... me temo que no voy a poder ir. Vayan ustedes sin mí.
—Hermione, ya sabemos que Millicent Bulstrode es fea, nadie va a saber que eres tú.
—No, de verdad... no puedo ir. Dense prisa ustedes, no pierdan tiempo.
Harry miró a Ron, desconcertado, pero yo entendí enseguida que algo había resultado mal.
—Pareces Goyle —dijo Ron detrás de mí. Siempre pone esta cara cuando un profesor pregunta.
—Hermione, ¿estás bien? —preguntó Harry a través de la puerta.
—Sí, estoy bien... Vayan.
Harry miró el reloj que le había regalado.
—Espera aquí hasta que volvamos, ¿Si? —dijo él.
Salimos en silencio del lavabo.
Buscamos a Draco por todos lados, sin hallarlo, así que pensamos que estaría en su Sala Comun, y empezamos a buscar a algún Slytherin sin resultados.
Aunque en un momento vimos una silueta aparecer, la figura salía de una sala lateral.
Sin embargo, después de acercarse a toda prisa, vimos que no se trataba de nadie de Slytherin, era Percy.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó Ron, con sorpresa. Percy lo miró ofendido.
—Eso —contestó fríamente— no es asunto de tu incumbencia. Tú eres Crabbe, ¿no?
—Eh... sí —respondió Ron.
—Bueno, vayan a sus dormitorios —dijo Percy con severidad—. En estos días no es muy prudente merodear por los corredores.
—Pues tú lo haces —señaló Ron.
—Yo —dijo Percy, dándose importancia— soy un prefecto. Nadie va a atacarme.
Repentinamente, resonó una voz detrás de nosotros. Draco caminaba hacia nosotros.
—Están ahí —dijo él, mirándolos a los chicos—. ¿Estuvieron todo el día comiendo como cerdos? Los estaba buscando, quiero mostrarles algo realmente divertido.
El rubio echó una mirada fulminante a Percy.
— ¿Y qué haces tú aquí, Weasley? —le preguntó con aire despectivo que aborrecí.
Percy se ofendió aún más.
— ¡Tendrías que mostrar un poco más de respeto a un prefecto! —dijo—. ¡No me gusta ese tono!
Malfoy lo miró despectivamente e indicó a Harry y a Ron que lo siguieran.
—Ehh… ¡Draco!— grité con la voz de Pansy, al ver que estaba sola frente a la mirada retadora de Percy, y que ellos se iban sin mí.
— ¿Qué quieres Pansy?
— ¿Puedo ir con ustedes?
— ¿Desde cuando pides permiso para algo?—parecía desconcertado.
—Oh, tienes razón, iré de todos modos…
—Ese Peter Weasley...
—Percy —le corrigió automáticamente Ron.
—Como sea —dijo Malfoy—. He notado que últimamente entra y sale mucho por aquí, a hurtadillas. Y apuesto a que sé qué es lo que pasa. Cree que va a pillar al heredero de Slytherin él solito.
Lanzó una risotada breve y burlona. Harry y Ron se cambiaron miradas de emoción, pero yo solo escuchaba atentamente.
Malfoy se detuvo ante un trecho de muro descubierto y lleno de humedad.
— ¿Cuál es la nueva contraseña? —preguntó a Harry.
—Eh... —dijo éste.
— ¡Ah, ya! « ¡Sangre pura!» —dijo Draco, sin escuchar, y se abrió una puerta de piedra disimulada en la pared. Malfoy la cruzó y Harry y Ron lo siguieron.
La sala común de Slytherin era una sala larga, semisubterránea, con los muros y el techo de piedra basta.
—Esperen aquí —dijo Draco a Harry y Ron, indicándoles un par de sillas vacías separadas del fuego—. Voy a traerlo. Mi padre me lo acaba de enviar.
Nos sentamos, y Harry aprovechó para lanzarme una mirada significativa que ignoré.
Volvió al cabo de un minuto, con lo que parecía un recorte de periódico. Se lo puso a Ron debajo de la nariz.
—Te vas a reír con esto —dijo.
Ron abría los ojos, asustado. Leyó deprisa el recorte, rió muy forzadamente y pasó el papel a Harry y a mí.
Era de El Profeta, y decía:
“INVESTIGACIÓN EN EL MINISTERIO DE MAGIA
Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Indebido de la
Magia, ha sido multado hoy con cincuenta galeones por embrujar un automóvil muggle.
El señor Lucius Malfoy, miembro del Consejo Escolar del Colegio
Hogwarts de Magia, en donde el citado coche embrujado se estrelló a
comienzos del presente curso, ha pedido hoy la dimisión del señor Weasley.
«Weasley ha manchado la reputación del Ministerio», declaró el señor
Malfoy a nuestro enviado. «Es evidente que no es la persona adecuada para
redactar nuestras leyes, y su ridícula Ley de defensa de los muggles debería
ser retirada inmediatamente.»
El señor Weasley no ha querido hacer declaraciones, si bien su esposa
amenazó a los periodistas diciéndoles que si no se marchaban, les arrojaría el
fantasma de la familia.”
— ¿Y bien? —Dijo Draco impaciente, cuando Harry le devolvió el recorte—. ¿No les parece divertido?
—Ja, ja —rió Harry lúgubremente, y yo le seguí con una risotada similar a la de esas brujas que suelen haber en las películas infantiles.
—Arthur Weasley tiene tanto cariño a los muggles que debería romper su varita mágica e irse con ellos —dijo Malfoy desdeñosamente—. Por la manera en que se comportan, nadie diría que los Weasley son de sangre limpia.
A Ron (o, más bien, a Crabbe) se le contorsionaba la cara de la rabia, y yo estaba asombrada de lo mal que hablaba de ellos a mis espaldas, pese a que era evidente que así era.
— ¿Qué te pasa, Crabbe? —dijo Malfoy bruscamente.
—Me duele el estómago —gruñó Ron.
—Bueno, ve a la enfermería y dale a todos esos sangre sucia una patada de mi parte —dijo Malfoy, riéndose—. ¿Saben qué? Me sorprende que El Profeta aún no haya dicho nada de todos esos ataques —continuó diciendo pensativamente—. Supongo que Dumbledore está tapándolo todo. Si no para la cosa pronto, tendrá que dimitir. Mi padre dice siempre que la dirección de Dumbledore es lo peor que le ha ocurrido nunca a este colegio. Le gustan los que vienen de familia muggle. Un director decente no habría admitido nunca una basura como el Creevey ése.
Malfoy empezó a sacar fotos con una cámara imaginaria, imitando a Colin, cruel pero acertadamente.
—Potter, ¿puedo sacarte una foto, Potter? ¿Me concedes un autógrafo? ¿Puedo lamerte los zapatos, Potter, por favor?
Bajó las manos y se nos quedó.
— ¿Qué les pasa a ustedes tres?
Demasiado tarde, Harry y Ron se rieron a la fuerza; sin embargo yo seguí asombrada, aunque Malfoy pareció satisfecho. Quizá Crabbe y Goyle fueran siempre lentos para comprender las gracias.
—San Potter, el amigo de los sangre sucia —dijo Malfoy lentamente—. Ése es otro de los que no tienen verdadero sentimiento de mago, de lo contrario no iría por ahí con esa sangre sucia presuntuosa que es Granger. ¡Y se creen que él es el heredero de Slytherin! No puedo creer que Camille se junte con ellos…
—Me gustaría saber quién es el heredero—dijo Malfoy, petulante—. Podría ayudarle.
A Ron se le quedó la boca abierta, de manera que la cara de Crabbe parecía aún más idiota de lo usual. Afortunadamente, Malfoy no se dio cuenta, y Harry dijo:
—Tienes que tener una idea de quién hay detrás de todo esto.
—Ya sabes que no, Goyle, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? —dijo Malfoy bruscamente—. Y mi padre tampoco quiere contarme nada sobre la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos. Aunque sucedió hace cincuenta años, y por tanto antes de su época, él lo sabe todo sobre aquello, pero dice que la cosa se mantuvo en secreto y asegura que resultaría sospechoso si yo supiera demasiado. Pero sé algo: la última vez que se abrió la Cámara de los Secretos, murió una sangre sucia. Así que supongo que sólo es cuestión de tiempo que muera otro esta vez... Espero que sea Granger —dijo con deleite.
— ¡ERES UN IDIOTA!
Los tres me miraron, Harry y Ron con algo de asombro y miedo de delatarnos, y Draco parecía no creerlo.
— ¿Qué dices?
— ¿LA CONOCES POR LO MENOS? ¡NO!
— ¿Qué te sucede Parkinson?
—Sucede, querido Draco, sucede que me he dado cuenta de que has ido demasiado lejos, ¡Tal vez sea momento de contarle de esto a Camille! ¿¡No crees?!
Me puse de pie, furiosa, pero el tiró fuertemente de mi brazo y caí al suelo.
— ¡NO TE ATREVAS!
— ¡¿O SI NO QUÉ?!— grité desde el suelo, mirando como Ron sostenía a Harry del hombro para que no se echara encima de Draco.
—Sabes que puedo hacer que tu vida se arruine, no me provoques, porque sabes perfectamente que ella me gusta, Pansy, y deberías dejar ya tus celos— volvió a su lugar con los muchachos, y yo me senté en un sofá cercano, aun descolocada de todo.
Harry me miró cuestionando, y yo solo le asentí para que siguieran la farsa, entonces le dirigió una mirada de aviso a Ron y dijo:
— Como sea, Draco… ¿Sabes si cogieron al que abrió la cámara la última vez?
—Sí... Quienquiera que fuera, lo expulsaron —dijo Malfoy—. Aún debe de estar en Azkaban.
— ¿En Azkaban?
—Claro, en Azkaban, la prisión mágica, Goyle —dijo Malfoy, mirándole, sin dar crédito a su torpeza—. La verdad es que si fueras más lento irías para atrás.
—Mi padre dice que tengo que mantenerme al margen y dejar que el heredero de Slytherin haga su trabajo. Dice que el colegio tiene que librarse de toda esa infecta sangre sucia, pero que yo no debo mezclarme. Naturalmente, él ya tiene bastantes problemas por el momento. ¿Saben que el Ministerio de Magia registró nuestra casa la semana pasada? —Harry hizo que la inexpresiva cara de Goyle expresara algo de preocupación—. Sí... —dijo Malfoy—. Por suerte, no encontraron gran cosa. Mi padre posee algunos objetos de Artes Oscuras muy valiosos. Pero afortunadamente nosotros también tenemos nuestra propia cámara secreta debajo del suelo del salón.
— ¡Ah! —exclamó Ron.
Malfoy lo miró. Harry hizo lo mismo. Ron se puso rojo, incluso el pelo se le volvió un poco rojo. También se le alargó la nariz. La hora de que disponíamos llegaba a su fin, de forma que Ron estaba empezando a convertirse en sí mismo, al igual que Harry, cuyos ojos comenzaban a aclararse. Miré desesperadamente mi cabello, y noté que también se aclaraba.
Se pusieron de pie de un salto, y yo los imité.
—Necesito algo para el estómago —gruñó Ron, y sin más preámbulos echamos a correr a lo largo de la sala común de Slytherin, lanzándonos contra el muro de piedra y metiéndonos por el corredor.
Subimos los escalones y llegamos al oscuro vestíbulo de entrada, en que se oían los sordos golpes que llegaban de un armario. Dejaron los zapatos junto a la puerta del armario y me acompañaron a liberar a Pansy. La saqué del armario, la dejé en el suelo y con la puerta del pasillo entreabierta, murmuré “Ennervate”, la vi levantarse y me eché a correr detrás de los muchachos.
Subieron corriendo, ellos en calcetines, hasta los lavabos de Myrtle la Llorona.
—Bueno, no ha sido completamente inútil —dijo Ron, cerrando tras nosotros la puerta de los aseos—. Ya sé que todavía no hemos averiguado quién ha cometido las agresiones, pero mañana voy a escribir a mi padre para decirle que miren debajo del salón de Malfoy.
—Si, además—comenzó Harry colocándose las gafas—, creo yo que ya no quieres que nos amiguemos con Malfoy…—me miró contento, y yo solo rodé lo ojos.
Llamé a la puerta de Hermione.
—Hermione, sal, tenemos muchas cosas que contarte.
— ¡Váyanse!
—Herms… déjame entrar—pedí a sabiendas de que algo había salido mal.
Harry y Ron se miraron el uno al otro.
— ¿Qué pasa? —Dijo Ron—. Tienes que estar a punto de volver a la normalidad, nosotros ya...
Pero Myrtle la Llorona salió de repente atravesando la puerta del retrete, más contenta que nunca.
— ¡Aaaaaaaah, ya la verán! —dijo—. ¡Es horrible!
Oyeron descorrerse el cerrojo, y Hermione salió, sollozando, tapándose la cara con la túnica.
— ¿Qué pasa? —preguntó Ron, vacilante—. ¿Todavía te queda la nariz de Millicent o algo así?
Hermione se descubrió la cara y Ron retrocedió hasta darse en los riñones con un lavabo.
Tenía la cara cubierta de pelo negro. Los ojos se le habían puesto amarillos y unas orejas puntiagudas le sobresalían de la cabeza.
— ¡Era un pelo de gato! —maulló—. ¡Mi-Millicent Bulstrode debe de tener un gato! ¡Y la poción no está pensada para transformarse en animal!
— ¡Eh, vaya! —exclamó Ron.
Abracé a mi amiga, quien sollozaba.
—Todos se van a reír de ti —dijo Myrtle, muy contenta.
— ¡Caya, por favor, Myrtle!— grité y ella me sacó la lengua.
—No te preocupes, Hermione —se apresuró a decir Harry—. Te llevaremos a la enfermería. La señora Pomfrey no hace nunca demasiadas preguntas...

___________________________
El comienzo, de una historia sin fin...
avatar
Camille Black
Topacio
Topacio

Mensajes : 24
Fecha de inscripción : 05/08/2012
Edad : 23
Localización : Región de Panem.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por NATYLUNE el Jue Dic 05, 2013 1:59 am

YA ME HE LEIDO TODO, TE DIRE QUE FUE UN POCO DIFICIL PORQUE LA LETRA ES BLANCA , PERO NO IMPOSIBLE, MI SECRETO NO LO CONTARE Smile , BUENO LO QUE ESPERO ES LA CONTINUACION ESPERO QUE TODAVIA SIGAS CON LA HISTORIA , TRATARE DE CHECAR SI HAY ALGO NUEVO..... NO LA DEJES SIN TERMINAR QUE ME DEJASTE ILUSIONADA EN SABER QUE PASA---
QUE ESTES BIEN Smile

NATYLUNE
Topacio
Topacio

Mensajes : 3
Fecha de inscripción : 05/12/2013

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Tamy Potter Malfoy el Miér Dic 25, 2013 9:21 pm

Hola
NUeva lectora
esperoo que la sigass muy prontoo es imposible que Harry y Camille sean hermanos es que no se dan cuenta
espero que pronto se confiesen lo que siente el uno por el otro esperoo contiii

Tamy Potter Malfoy
Topacio
Topacio

Mensajes : 1
Fecha de inscripción : 25/12/2013

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: "La muchacha de Gryffindor" (Harry Potter & Tú)

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.